Una encuesta de Cataluña sitúa al PSC de Salvador Illa y a Aliança Catalana de Sílvia Orriols empatados a 30 escaños.
El sondeo de Ipsos para La Vanguardia, realizado con 2.000 entrevistas entre el 23 de septiembre y el 1 de octubre, proyecta un vuelco del mapa electoral catalán. La formación independentista de Orriols pasaría de los dos diputados actuales a 30. El PSC, que gobierna la Generalitat, cedería doce y se quedaría en esa misma cifra.
Por su parte, ERC subiría de 20 a 23 escaños. Vox daría un salto notable, de 11 a 18. Junts se despeñaría de 35 a 16. Y el PP bajaría de 15 a 11. El Parlament resultante sería bastante más fragmentado que el actual.
Por qué el sondeo enciende todas las alarmas en la Generalitat
La mayoría absoluta en Cataluña está cifrada en 68 escaños. Con estos números, ninguna formación la alcanza en solitario. Tampoco las combinaciones que hoy parecen mínimamente viables. La suma de PSC (30) y ERC (23) se queda en 53 y obligaría a incorporar a Junts, una sociedad que a día de hoy nadie da por hecha.
Sobre el papel existe una mayoría alternativa: Aliança Catalana (30), Vox (18), Junts (16) y el PP (11) sumarían 75 escaños, por encima del umbral. Eso sí, las posiciones de esas cuatro formaciones en materia de nacionalismo catalán hacen que la ecuación resulte, hoy, prácticamente impracticable.
Una encuesta no gobierna, pero marca el paso de quien sí gobierna: Illa afronta el tramo decisivo con el flanco soberanista al alza.
Las elecciones autonómicas catalanas podrían celebrarse en 2028, al término de la legislatura. Hasta entonces, el sondeo funciona más como termómetro del desgaste que como pronóstico cerrado.
Conviene recordar que el PSC ganó con holgura los comicios de 2024 y que Illa gobierna en solitario con apoyos puntuales, sin una coalición formal. La encuesta mide, sobre todo, el desgaste de esa fórmula.
Del Parlament fragmentado a la aritmética imposible
El ascenso de Aliança Catalana es el dato que reorganiza todo el tablero. La formación de Aliança Catalana combina un discurso independentista radical con un programa identitario y restrictivo en materia migratoria. Su crecimiento captura votos que antes circulaban entre Junts y la abstención.
Su discurso de mano dura se apoya en un relato de ruptura con el Estado y cala con fuerza en el cinturón metropolitano de Barcelona, donde el PSC ha construido buena parte de su ventaja electoral en la última década.

El desplome de Junts —de 35 a 16 escaños— y la caída del PP completan un cuadro en el que el espacio constitucionalista y el soberanismo moderado pierden peso relativo. La gobernabilidad catalana, advierten fuentes parlamentarias consultadas, dependería más que nunca de geometrías variables.
La aritmética que dibuja Ipsos también altera el peso negociador de cada grupo. Un PSC con 30 escaños seguiría siendo primera fuerza, pero con menos margen para marcar agenda en solitario. ERC ganaría centralidad y Junts, muy debilitado, tendría menos que ofrecer a cambio.
El Eje del Poder Socialista
Desde Ferraz y desde la Generalitat, la lectura es doble. Por un lado, el PSC conserva la condición de primera fuerza y mantiene la iniciativa institucional del Govern de Cataluña. Por otro, el ascenso de la extrema derecha independentista obliga a reordenar prioridades y a reforzar el perfil social de la gestión.
El PSC es la federación catalana del Partido Socialista Obrero Español, y su resultado condiciona la estrategia federal. En Ferraz se sigue con atención porque Cataluña es, junto a Castilla-La Mancha, Asturias, Navarra y el País Vasco, uno de los territorios donde el socialismo sostiene gobierno o influencia decisiva. La dirección federal que lidera María Jesús Montero ha hecho de la cohesión territorial y de la financiación autonómica unos de sus ejes, y un Parlament más fragmentado complicaría cualquier negociación futura.
Los barones miran el sondeo con prismas distintos. Emiliano García-Page ha defendido con firmeza la igualdad entre territorios frente a la financiación singular. Adrián Barbón y María Chivite subrayan el peso del Estado del bienestar. Y en Cataluña, la prioridad de Illa pasa por blindar sanidad, educación y vivienda como seña de identidad del Govern.
El precedente de 2024 es el mejor espejo. Entonces las encuestas también anticipaban un Parlament fragmentado y el PSC acabó ganando con claridad. Pero el contexto ha cambiado, y Aliança Catalana ya no es una anomalía de dos escaños. El reto estratégico para el socialismo catalán es recuperar la centralidad del discurso social frente a la polarización identitaria.
La tendencia, además, no es exclusiva de Cataluña. En buena parte de Europa, la socialdemocracia afronta el empuje de formaciones de extrema derecha que capitalizan el malestar. La respuesta que ensaya el socialismo español pasa por gobernar con hechos: empleo, servicios públicos, y protección social.
Y la próxima ventana crítica no llega en forma de elecciones, sino de gestión. Los presupuestos de la Generalitat, la política de vivienda y la financiación autonómica marcarán el pulso de los próximos meses. Ahí se juega Illa buena parte de su capital político.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: La centralidad del discurso social frente a la polarización identitaria.
- Protagonista: Salvador Illa (presidente de la Generalitat y primer secretario del PSC).
- Próximo hito: Negociación de los presupuestos catalanes y de la financiación autonómica.

