Hay una escena que se repite cada tarde en cualquier Mercadona: alguien con el envase a diez centímetros de la cara, entrecerrando los ojos y buscando la fecha de caducidad como quien descifra un jeroglífico. Si te suena, no eres el único. La cadena ha decidido hacer algo al respecto y ha anunciado un rediseño completo del etiquetado de sus productos Hacendado.
La información no cambia. Cambia cómo te la cuentan. La compañía habla de letra más grande, contenidos reorganizados, tablas nutricionales estandarizadas en toda la marca y modos de preparación más intuitivos. El objetivo declarado es que localizar un dato concreto deje de ser una gymkhana. Puedes ver el conjunto del catálogo en la web oficial de Mercadona.
Llevo años leyendo etiquetas para comparar productos en el supermercado, y el problema casi nunca es la falta de información. El problema es que está ahí, en cuerpo diminuto, condensada y con un diseño que parece pensado para que abandones antes de llegar al tercer ingrediente.
El origen del cambio está en las quejas. Entre las peticiones que más se han repetido en el servicio de atención al cliente aparecen dos muy concretas: no poder leer bien lo que pone el envase y no entender del todo lo que se está comprando. Dos cosas distintas. Las dos, muy molestas.
De ahí que el aumento del tamaño de letra sea la medida estrella del rediseño. No es un detalle cosmético: es la diferencia entre detectar que ese yogur lleva azúcar añadido o llevarte a casa justo lo contrario de lo que buscabas.
La letra minúscula rara vez es un accidente de diseño: es la distancia exacta que separa al cliente informado del que compra a ciegas.
Qué cambia en las etiquetas de Hacendado
El rediseño toca tres frentes a la vez. Por un lado, la jerarquía visual: los contenidos se reorganizan para que lo importante aparezca antes y se localice de un vistazo, sin tener que recorrer medio envase con el dedo. La marca Hacendado, la enseña propia de la compañía valenciana, es la que concentra este cambio.
Por otro, la información nutricional. Se mantiene el sistema estándar de declarar los valores por 100 gramos o 100 mililitros, que es el que permite comparar dos productos distintos en igualdad de condiciones, pero se añadirá también el dato por porción en aquellos productos donde la empresa considera que aporta valor. Ahí está el detalle: la porción siempre es más amable a la vista que el 100.
Spoiler: no siempre más útil.
Las tres novedades del nuevo etiquetado
- Letra más grande y contenidos reordenados: la información se agrupa por relevancia para localizarla en segundos. El rediseño se aplica al catálogo de productos Hacendado.
- Tabla nutricional estandarizada: mismo formato en todas las referencias, más destacada y con el dato por 100 g o 100 ml garantizado. El valor por porción se suma cuando la compañía lo considera relevante.
- Modos de preparación con iconos: pensado sobre todo para precocinados y platos que se terminan en casa. Si un producto admite horno, microondas o freidora de aire, cada opción se distingue ahora con símbolos e imágenes en lugar de párrafos apelotonados.
Por qué la cadena mueve ficha ahora
El etiquetado lleva años siendo un campo de batalla silencioso en la distribución española. Las cadenas compiten por el precio, sí, pero también por la confianza, y la letra pequeña es uno de los pocos terrenos donde el cliente puede comprobar con sus propios ojos, si le están contando la verdad.
Hay un factor demográfico que empuja en la misma dirección. La vista se cansa, la luz de las tiendas no siempre ayuda y cada vez somos más los que hacemos la compra con las gafas de cerca en el bolsillo. Un envase que se lee mal es un envase que se descarta, y en la estantería eso se nota.
Mercadona no es la única que está revisando su packaging, pero sí una de las que más volumen maneja: cuando cambia la etiqueta de su marca blanca, el gesto se ve en miles de referencias a la vez.
Cómo leer una etiqueta sin perder la vista
Mientras llega el nuevo diseño, estas reglas sirven igual. La primera: compara siempre por 100 gramos. Es el único terreno neutro, porque las porciones las define cada fabricante a su conveniencia. Una ración de 30 gramos de galletas siempre parecerá más ligera que una de 60 gramos de otro paquete.
Segunda: el orden de los ingredientes no es decorativo. Van de mayor a menor presencia, así que si el azúcar aparece en tercera posición, ya sabes lo que hay. Tercera: sin azúcares añadidos no significa sin azúcar. Significa que nadie ha echado azúcar extra, aunque el producto cargue con la suya de forma natural.
Tres reglas. Diez segundos.
Lo que queda por ver
De momento lo que ha trascendido es el diseño y el contenido del cambio, no un calendario cerrado de sustitución de envases. Tampoco hay detalle sobre el ritmo al que llegará a las estanterías ni sobre si el rediseño se extenderá del mismo modo a otras categorías.
Lo que sí es seguro es que la prueba de fuego no se hará en una nota de prensa, sino en el pasillo. Si dentro de unos meses seguimos entrecerrando los ojos frente al lineal, el rediseño se habrá quedado en un gesto bonito.
Mientras tanto, toca hacer lo de siempre: coger el envase, girarlo y leer. Solo que, a partir de ahora, con un poco menos de esfuerzo. O eso prometen.
