Hay un momento en toda cocina pequeña en el que toca elegir: o se queda el cacharro nuevo, o se queda la tabla de cortar. Lidl acaba de poner a la venta una freidora de aire que también funciona como vaporera, y la promesa es exactamente esa: hacer dos trabajos ocupando lo que ya ocupaba una freidora normal.
El precio es de 89,99 euros y la lógica es la de siempre: cuantas más funciones, menos trastos sobre la encimera. No es solo una freidora de aire barata más, porque la vaporera integrada es lo que la separa del resto. Dos modos de cocinar con muy poca grasa en un mismo cuerpo —fritura sin aceite y cocción al vapor— que se pueden usar por separado o combinados.
La función de vapor merece más atención de la que parece. Resuelve el problema clásico de estos aparatos: las piezas grandes que quedan secas por fuera y frías por dentro. Un cuarto de pollo, un lomo de salmón grueso o unas pechugas hermosas agradecen un golpe de vapor antes de que el aire caliente haga su trabajo. El principio de la fritura sin aceite es el de siempre, aire caliente en circulación forzada, y quien quiera entenderlo a fondo lo tiene bien explicado en la entrada de Wikipedia sobre la freidora de aire.
En lo práctico, es un aparato compacto y de tapa abatible. La cesta interior se extrae por completo, así que se limpia sin pelearse con los rincones, e incluye una rejilla que deja escurrir jugos y grasas para que la comida no se cueza en su propio caldo. El panel de control está en la parte frontal y es de los que se entienden sin abrir el manual. Lidl mantiene el modelo en su catálogo habitual, consultable en la web oficial de Lidl, aunque el stock de estas campañas va por barrios.
Yo he tenido tres freidoras de aire y con las tres he cometido el mismo error: llenarlas hasta el borde pensando que cunden más. No cunden. El aire necesita circular y el vapor necesita hueco para subir, así que cocinar menos cantidad de una vez es la diferencia entre algo crujiente y algo triste.
Un aparato que fríe y cuece al vapor no es una moda pasajera: responde a esas cenas para dos en las que antes encendías horno, olla y sartén.
El secreto del éxito
- Precalienta de verdad: tres o cuatro minutos a la temperatura de trabajo, con la cesta vacía. Saltarse este paso es la razón número uno de las patatas pálidas.
- Vapor primero, aire después: en piezas gruesas, empieza con vapor entre 8 y 10 minutos y termina con aire caliente para dorar. Es lo que evita el pollo seco.
- Seca la superficie: seca bien lo que vayas a freír y pincela apenas 5 g de aceite si buscas crujiente. El agua es enemiga del dorado, y la rejilla hace el resto.
Cómo sacarle partido desde el primer día
Empieza por precalentar y luego mete la comida. Suena obvio y casi nadie lo hace. Cuando cocines piezas gruesas, juega con los dos modos: primero un golpe de vapor de 8 a 10 minutos para que el calor llegue al centro sin resecar el exterior, y después aire a 180 ºC hasta que la piel se dore. Sabrás que está en su punto cuando al pinchar con un tenedor el jugo salga claro.
Para el día a día no hace falta ceremonia. Verduras en bastones, unos garbanzos escurridos o unas croquetas congeladas salen solas en el margen que da el fabricante, que habla de un mínimo de 20 minutos. Yo suelo trabajar con la rejilla puesta y remover a mitad de cocción.
Ojo con la cantidad. La comida tiene que quedar en una capa, sin apilar; si cocinas para cuatro, mejor dos tandas que una montaña. Y si vienes de una freidora de cesta tradicional, en dos usos le pillas el punto a los mandos: están a la vista y son sencillos.
Qué cocinar sin complicarte
Tiempos orientativos para este tipo de aparato; ajusta según el grosor y el modelo.
- Cuartos de pollo (unos 900 g): vapor 10 minutos y después aire a 180 ºC entre 15 y 18 minutos.
- Lomo de salmón (200 g por ración): vapor 6-7 minutos y aire a 190 ºC otros 4-5 minutos.
- Verduras al vapor (brócoli, zanahoria en bastones, 400 g): 8-10 minutos solo con vapor.
- Patatas en gajos (600 g): 200 ºC durante 18-20 minutos, removiendo a mitad.
- Empanadillas o croquetas congeladas: 190 ºC durante 8-10 minutos, sin descongelar.
Variaciones y maridaje
Para un salmón cocinado al vapor, un albariño o un riesling seco funcionan mejor que un tinto con madera: la grasa del pescado pide acidez. Si lo que sale del aparato es pollo con la piel dorada, una lager bien fría cumple de sobra.
La parte vegetal es donde más partido saca la vaporera. Brócoli, zanahoria, calabacín, y tofu firme marinado salen en 12-15 minutos con un chorro de aceite de oliva al final. Si buscas una cena sin gluten, los rebozados de maíz o de arroz dan mejor resultado aquí que el pan rallado clásico.
Lo que sobre aguanta hasta tres días en la nevera, en un recipiente cerrado. Recalentarlo en la propia freidora a 160 ºC durante 3-4 minutos devuelve el crujiente; el microondas lo deja blando y mustio.
Y si el precio no encaja, el mercado tiene alternativas con función de vapor: la Ufesa Phoenix ronda los 73 euros, la CREATE Air Fryer Studio Crystal se queda en torno a 100 y la Philips 5000 Airfryer supera los 170. Son referencias que bailan según la tienda y la campaña, así que conviene mirar antes de decidir.
