La alfabetización mediática e informacional (AMI) se abre paso en el debate educativo: ni las prohibiciones ni el mito del ‘nativo digital’ bastan para filtrar bulos.
La profesora universitaria Camino López defiende integrar la AMI y la competencia digital como ejes transversales del currículo, frente a la idea de que los jóvenes saben manejarse solos entre pantallas por haber nacido con ellas.
Qué es la AMI y por qué el ‘nativo digital’ no basta
La etiqueta de ‘nativo digital’ atribuye competencias por generación: saber contrastar un dato, proteger la privacidad o responder con respeto en una red social vendría de serie. No es así. Esas habilidades necesitan aprenderse, y la metáfora de los ‘náufragos digitales’ apunta al problema de fondo: la falta de acompañamiento.
El caso de Australia muestra el límite de las soluciones técnicas. La ley que prohíbe cuentas en redes sociales a los menores de 16 años entró en vigor en diciembre de 2025 y las primeras investigaciones posteriores apuntaron a que muchos adolescentes seguían usando las plataformas, con menor conocimiento de las familias sobre ese uso, según relata la propia docente.
De ahí su tesis: además de fijar límites y exigir plataformas más seguras, hace falta educar y acompañar. Según López, la AMI funciona «como un escudo y también como una brújula»: ayuda a reconocer la manipulación y protege la privacidad, pero también permite aprender y crear en esos entornos.
La AMI no busca solo detectar bulos: quiere que el alumno decida qué consumir, qué compartir y cuándo usar la inteligencia artificial sin delegar su juicio.
La propuesta se ordena en cinco pilares: comprender cómo circulan los contenidos y cómo intervienen los algoritmos; contrastar cualquier texto, imagen o vídeo antes de compartirlo; gestionar la atención con un uso deliberado; actuar con ética y proteger los datos propios y ajenos; y crear y participar en lugar de solo consumir.
Cómo encaja la AMI en el currículo de la LOMLOE
La LOMLOE no reserva una asignatura específica a la alfabetización mediática. La sitúa en el terreno de las competencias clave: la competencia digital y la competencia ciudadana, dos de las ocho que fija el Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, por el que se establece la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Secundaria Obligatoria.
El perfil de salida que despliegan los reales decretos de enseñanzas mínimas de Primaria, ESO y Bachillerato, aprobados en 2022, obliga a trabajar esas competencias de forma transversal. No hay una hora semanal de AMI: cada materia debe incorporar el contraste de fuentes y el uso crítico de la tecnología.
El sustrato es masivo. Más del 90% de la población de 10 a 15 años usa internet, según la última Encuesta sobre Equipos de los Hogares y Uso de las TIC del INE.
En la formación del profesorado, el marco de referencia es el Marco de Referencia de la Competencia Digital Docente, actualizado por acuerdo de la Conferencia Sectorial de Educación y publicado en el BOE del 16 de mayo de 2022, alineado con el marco europeo DigComp 2.2.
Para el docente que no sabe por dónde empezar, la receta es mínima: una noticia o una publicación vinculada a la asignatura y tres preguntas —quién está detrás, qué pruebas aporta, qué dicen otras fuentes—. «El docente no tiene que ir por delante de cada innovación —sostiene—; tiene que ayudar al alumnado a no dejar su criterio atrás».
En la universidad, el reto es otro. Según Camino Lopez, la alfabetización mediática no puede darse por adquirida en etapas anteriores ni delegarse en una asignatura aislada: debería integrarse en todas las titulaciones y revisarse la evaluación para exigir al alumnado que explique qué fuentes usó y cómo las contrastó.
El Marco Educativo
El marco competencial se apoya en el artículo 149.1.30.ª de la Constitución, que atribuye al Estado la competencia sobre las condiciones básicas del derecho a la educación, y en el artículo 6 de la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre), que reserva al Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deporte la fijación de las enseñanzas mínimas. Las comunidades autónomas completan el currículo y concretan horarios, de modo que el peso real de la AMI varía por territorio.
Intervienen en este debate el Ministerio, las consejerías autonómicas a través de la Conferencia Sectorial de Educación, los sindicatos docentes, las asociaciones de familias y la CRUE. La UNESCO publicó en 2021 un currículo de alfabetización mediática e informacional orientado a la formación del profesorado, y la Comisión Europea mantiene el marco DigComp como referencia común entre los Estados miembros.
En cuanto al calendario, no hay una norma estatal de AMI pendiente de entrada en vigor: los cambios llegarán por la vía de los desarrollos curriculares autonómicos y de la formación permanente del profesorado. La actualización del marco docente de 2022 sigue siendo, por ahora, la referencia para enseñar y evaluar estas competencias.
Claves de la Noticia
- Qué importa: La AMI agrupa las competencias para interpretar, contrastar y producir información en entornos digitales, y en España se trabaja dentro de las competencias clave de la LOMLOE, sin asignatura propia.
- Por qué importa: El marco curricular reparte esa formación entre la competencia digital y la ciudadana, de modo que su peso depende de cada comunidad autónoma y de la formación del profesorado.
- A quién le importa: A docentes de todas las etapas, a las familias de menores hiperconectados y a los estudiantes universitarios, que según la propia normativa no tienen garantizada una formación específica en lectura crítica de medios.

