Así es la fragata F-112 Roger de Lauria y sus nuevas capacidades para la Armada española

La nueva fragata de Navantia incorpora sensores avanzados, tecnología digital y capacidades de guerra antisubmarina para reforzar el poder naval de España.

La fragata F-112 Roger de Lauria representa un nuevo paso en la modernización de la Armada española. El buque, construido por Navantia en Ferrol y segundo de la serie F-110 de la clase Bonifaz, fue botado el 27 de octubre de 2026, cuatro meses antes de lo previsto inicialmente. Su entrada en servicio todavía requerirá completar la instalación de equipos, integrar los sistemas de combate y superar las correspondientes pruebas antes de su entrega, prevista para 2029.

La novedad de esta fragata no reside únicamente en su armamento. El proyecto introduce una combinación de sensores avanzados, digitalización, automatización y capacidades de guerra antisubmarina que busca mejorar la respuesta de la Flota frente a amenazas cada vez más complejas. También supone un impulso para la industria naval española, que desarrolla e integra buena parte de las tecnologías esenciales del buque.

Con aproximadamente 145 metros de eslora y 6.200 toneladas de desplazamiento a plena carga, la Roger de Lauria está concebida para operar en escenarios de alta intensidad y participar en misiones internacionales. Su diseño permite hacer frente a amenazas submarinas, aéreas y de superficie, al tiempo que incorpora soluciones para mejorar el mantenimiento y facilitar futuras actualizaciones tecnológicas.

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La ministra de Defensa, Margarita Robles, durante su visita a la sede de Navantia. Foto: Agencias
La ministra de Defensa, Margarita Robles, durante su visita a la sede de Navantia. Foto: Agencias

Un salto tecnológico para detectar y combatir amenazas submarinas

Una de las principales prioridades del programa F-110 es reforzar la guerra antisubmarina, una capacidad esencial para proteger las rutas marítimas, los grupos navales y las infraestructuras estratégicas situadas bajo el mar. La creciente importancia de los cables submarinos de comunicaciones y de las conexiones energéticas convierte esta misión en un elemento central de la seguridad marítima.

Para ello, las nuevas fragatas contarán con sensores acústicos avanzados, entre ellos un sonar integrado en el casco y un sistema remolcado. Estas tecnologías permiten obtener información sobre el entorno submarino y mejorar las posibilidades de detectar, seguir e identificar contactos bajo el agua. La combinación de ambos sistemas resulta especialmente relevante en escenarios donde las condiciones acústicas y la presencia de ruido dificultan la localización de submarinos.

La planta propulsora también está diseñada para contribuir a esta misión. La propulsión híbrida CODELAG combina motores eléctricos con una turbina de gas, lo que permite adaptar el funcionamiento del buque a diferentes necesidades operativas. En determinadas condiciones, la navegación mediante propulsión eléctrica ayuda a reducir el ruido generado por la plataforma, un factor importante cuando se pretende localizar submarinos sin revelar innecesariamente la propia posición.

La Roger de Lauria no será, sin embargo, una plataforma especializada exclusivamente en la lucha submarina. El diseño de las F-110 contempla operaciones contra amenazas aéreas y de superficie, por lo que su utilidad se extiende a misiones de escolta, protección de unidades navales y vigilancia de espacios marítimos. La combinación de sensores, sistemas de combate y armamento permitirá a la Armada disponer de una fragata polivalente, preparada para operar en distintos escenarios.

Esta versatilidad es especialmente importante para una Marina que debe repartir sus recursos entre la protección de los intereses españoles, la seguridad de las comunicaciones marítimas y los compromisos adquiridos con la OTAN y la Unión Europea.

El gemelo digital y el sistema de combate: el cerebro de la F-112

Otra de las grandes novedades de la fragata F-112 Roger de Lauria es su apuesta por la digitalización. El programa F-110 incorpora un gemelo digital, una réplica virtual del buque alimentada por datos procedentes de sus sensores y sistemas. Esta herramienta permitirá mejorar el conocimiento del estado de la plataforma y facilitar la planificación de las tareas de mantenimiento.

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La tecnología, desarrollada por Navantia junto con la Armada y la Dirección General de Armamento y Material, pretende anticipar posibles averías, optimizar el funcionamiento de los equipos y reducir los periodos de inactividad. Su importancia va más allá de la gestión técnica: disponer de información actualizada sobre el estado del buque puede ayudar a mejorar la disponibilidad operativa y aprovechar mejor los recursos durante su vida útil.

A esta innovación se suma el Sistema Integrado de Control de Plataforma, encargado de gestionar y supervisar elementos esenciales como la propulsión, la generación eléctrica y los sistemas de seguridad. La integración permite coordinar distintas funciones desde una arquitectura común y mejorar la capacidad de respuesta ante incidencias.

En el ámbito militar, el protagonismo corresponde al SCOMBA, el sistema de combate desarrollado por Navantia, que integra información procedente de radares, sonares y otros sensores para facilitar la identificación de amenazas y la toma de decisiones. La arquitectura de la F-110 contempla también la integración con tecnologías de combate y sensores de origen estadounidense, entre ellas el radar SPY-7 de Lockheed Martin.

El objetivo es que la dotación pueda construir una imagen operativa coherente a partir de múltiples fuentes de información. En un escenario en el que una fragata puede tener que reaccionar simultáneamente ante contactos submarinos, aeronaves y embarcaciones de superficie, la rapidez con la que se procesa y comparte esa información resulta determinante.

El mástil integrado constituye otro de los elementos destacados del diseño. Su configuración concentra equipos y sensores en una estructura concebida para optimizar su funcionamiento y reducir la firma radar del buque. A ello se suma la importancia de las comunicaciones y de la protección de los sistemas digitales, fundamentales para mantener la operatividad en entornos sometidos a interferencias y amenazas electrónicas.

La suma de estas tecnologías refleja un cambio en la concepción de los buques de guerra: la capacidad de combate ya no depende únicamente de los misiles o los cañones, sino también de la calidad de los sensores, la integración de los datos y la resistencia de los sistemas electrónicos.

Ceremonia de la botadura de la fragata F 111 en el astillero de Navantia en Ferrol Moncloa

Un espacio multimisión para adaptarse a nuevas operaciones

La tercera gran aportación de la Roger de Lauria es su espacio multimisión, una zona de más de 170 metros cuadrados que amplía las posibilidades de empleo de la fragata. Este espacio está diseñado para albergar diferentes equipos y módulos según las necesidades de cada despliegue, desde embarcaciones auxiliares hasta vehículos no tripulados y contenedores especializados.

Esta flexibilidad permitirá adaptar el buque a misiones distintas sin tener que modificar por completo su configuración. La incorporación de sistemas no tripulados cobra especial relevancia ante la evolución de los conflictos navales, en los que los drones pueden desempeñar tareas de vigilancia, reconocimiento y apoyo a las operaciones.

El diseño también contempla capacidad para embarcar medios adicionales, incluido un segundo helicóptero en determinadas configuraciones. Esta posibilidad aumenta las opciones para realizar tareas de vigilancia, transporte y apoyo a otras unidades, aunque el equipamiento concreto dependerá de las necesidades operativas y de la configuración adoptada.

En cuanto al armamento, las F-110 están concebidas para combinar misiles, artillería y sistemas de defensa frente a distintas amenazas. Entre los equipos previstos figuran un lanzador vertical Mk 41, misiles antibuque NSM, cañones automáticos y sistemas de lanzamiento de torpedos. La integración de estos elementos con los sensores y el sistema de combate permitirá responder a diferentes tipos de ataques, aunque las capacidades concretas dependerán de la configuración final y de la munición disponible.

La nueva fragata también está llamada a complementar a las cinco F-100 de la clase Álvaro de Bazán, que cuentan con el sistema de combate AEGIS y destacan por sus capacidades de defensa aérea. Las F-110 no sustituyen a estas unidades, sino que aportan una combinación diferente de capacidades, especialmente orientada a la lucha antisubmarina y a las operaciones polivalentes.

La incorporación progresiva de las cinco fragatas F-110 permitirá renovar parte de la flota de escoltas y relevar a los buques de la clase F-80 Santa María. El programa, además, refuerza las capacidades industriales de Navantia y de sus empresas colaboradoras, un aspecto relevante para mantener conocimientos técnicos propios y reducir dependencias externas en un sector estratégico.

La botadura de la Roger de Lauria supone, por tanto, un hito industrial, pero no significa que el buque esté listo para incorporarse a las operaciones. Tras su puesta a flote, deberá completar la instalación y puesta en marcha de sus equipos, además de las pruebas técnicas y de mar necesarias antes de su entrega, prevista para 2029. Su verdadera aportación a la Armada se medirá cuando todas sus capacidades estén integradas y pueda operar junto al resto de la Flota.

Con la segunda F-110 ya a flote, España avanza hacia una nueva generación de fragatas que combina potencia de combate, sensores avanzados, automatización y flexibilidad operativa. La Roger de Lauria representa así un paso importante en la modernización naval, con el reto de transformar esa sofisticación tecnológica en una capacidad militar efectiva y disponible para responder a las necesidades de defensa del país.