EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? Vecinos, comerciantes y visitantes del centro de Barcelona —plaça de Catalunya, Portal de l’Àngel, La Rambla, Universitat y Urquinaona—, además de las familias con hijos de entre 12 y 20 años.
- ¿Cuándo ocurre? El sábado 31 de octubre. La convocatoria del sábado 24 fijó las 17:00 en la plaça de Catalunya y la violencia arrancó a las 18:30: el cuerpo trabaja con ese patrón horario.
- ¿Qué cambia hoy? Los Mossos elevan el seguimiento de la convocatoria, avanzan nuevas detenciones y reclaman a las familias que se impliquen con los menores.
Los Mossos d’Esquadra dan por hecho un nuevo episodio de disturbios de Blocus en Barcelona el sábado 31 de octubre. La policía catalana ha reforzado la investigación sobre la convocatoria que corre por redes sociales y avanza que habrá más detenciones. El cuerpo reconoce, eso sí, que no calculó la violencia que se encontró el sábado anterior.
El director general de los Mossos, Ferran López, expuso este miércoles en la comisión de Interior del Parlament que los nuevos arrestos se sumarán a los 133 detenidos del fin de semana, de los cuales 85 eran menores de edad. El grueso de los arrestados tenían menos de 18 años, un dato que los mandos colocaron en el centro de su comparecencia. La investigación penal sigue abierta y los analistas del cuerpo revisan ahora las identificaciones practicadas para determinar el papel de cada arrestado.
La consellera d’Interior, Núria Parlon, ha alertado de un nuevo episodio de violencia en las calles de Barcelona y ha reclamado la implicación de las familias. La respuesta policial, ha asegurado, será ‘firme, contundente y decidida’. Traducido al calendario: quedan tres días.
De los grupos de WhatsApp al cartel de la plaça de Catalunya
La convocatoria no nació el sábado. Según la cronología que los mandos detallaron en sede parlamentaria, los primeros grupos de WhatsApp aparecieron el martes 20 de octubre. Al día siguiente, los investigadores localizaron un perfil con unos cien seguidores que difundía un cartel de Blocus Barcelona para el sábado 24, a las cinco de la tarde, en la plaça de Catalunya.
La comisaria jefa del cuerpo, Sílvia Catà, insistió en que un cartel y un grupo de mensajería no bastan para concluir que una concentración acabará en altercados. Los Mossos valoran quién la promueve, si los organizadores son conocidos, si hay día, hora y lugar concretos, cómo evoluciona el número de seguidores y si aparecen llamadas explícitas a la violencia. En Barcelona, la convocatoria pasó de actividad menor a amenaza real en muy pocos días.
Un cartel no convierte una tarde de sábado en un disturbio. Lo que rompe la baraja es la llamada explícita a la violencia y su velocidad de propagación.
El dispositivo ya estaba montado antes de que estallara todo. Más de 30 unidades de orden público cubrían la plaça de Catalunya y su entorno, y los agentes identificaron a 300 personas y retiraron material pirotécnico, aerosoles y piedras antes de que se produjeran los primeros lanzamientos.
El perímetro que se encendió a las 18:30
Los participantes no llegaron a formar una concentración al uso. Eran grupos pequeños de jóvenes de entre 12 y 20 años, vestidos de negro, repartidos por el centro. Cuando detectaban presencia policial, retrocedían. El guion cambió a las 18:30, con lanzamientos de objetos, cortes de calle y barricadas. A las 19:00 empezaron los saqueos.
El balance del sábado fue de 133 detenidos y 23 establecimientos afectados, en el perímetro que va de la plaça de Universitat a Urquinaona y de Portal de l’Àngel a La Rambla. López lo resumió con una frase seca: los participantes ‘no parecían perseguir otra finalidad que destrozar y robar’.
La otra batalla se libra en el rastro digital. Los Mossos mantienen interlocución con TikTok, Instagram y Telegram y pueden pedir judicialmente la identificación de usuarios o el cierre de canales. En lo que va de 2026 han cursado alrededor de 1.600 requerimientos de este tipo. ‘El anonimato en las redes no equivale a impunidad’, sostuvo Catà.
Por qué el precedente de Hasél se queda corto
El último episodio que los Mossos consideran comparable, por sus características y por la cantidad de menores implicados, es el de las protestas por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél, en febrero de 2021. Entonces se detuvo a 17 menores. El sábado pasado, 85. La cifra se multiplicó por cinco.
Para el 31-O hay una tercera vía abierta: el recurso al Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), dependiente del Ministerio del Interior, para intentar bloquear los canales que llamen a repetir los altercados. Catà precisó que, entre las convocatorias que monitoriza la Comisaria General d’Informació, esta es la única dinamizada por un actor externo. Quién está detrás sigue sin respuesta.
La comisaria jefa puso freno a las lecturas apocalípticas. ‘No nos encontramos frente a una amenaza generalizada para la seguridad pública ni ante un fenómeno extenso en la juventud’, dijo, antes de describir lo ocurrido como un ‘fenómeno nuevo de violencia juvenil’ con ‘pérdida de respeto a la autoridad policial’. Las dos ideas conviven y no se contradicen: es un problema acotado y, al mismo tiempo, distinto a todo lo conocido hasta ahora.
Qué mirar el sábado. Los Mossos no han concretado el despliegue, pero el patrón del 24-O marca la pauta: la tarde, a partir de las 18:00, es la franja crítica en el eje comercial del centro. Quien no tenga que pasar por allí, mejor que lo evite. Y quien detecte una convocatoria en un grupo de mensajería con hora, lugar y llamada a la violencia tiene una vía sencilla: comunicarlo. La causa sigue abierta y las próximas comparecencias en el Parlament medirán si el dispositivo del 31-O estuvo a la altura.

