Durante dos décadas, el petróleo venezolano tuvo dos grandes padrinos: China y Rusia. Pekín compraba la mayor parte del crudo y Moscú participaba en su extracción. El acuerdo energético firmado en agosto entre Washington y Caracas ha empezado a desmontar ese esquema, y su pieza central es un empresario venezolano: Alejandro Betancourt, presidente de North American Blue Energy Partners (NABEP).
La dependencia de Pekín y Moscú
La magnitud del giro se entiende mejor con los datos de partida. Según Transparencia Venezuela, hasta finales de 2025 la industria petrolera dependía en gran medida del respaldo técnico, logístico y financiero de China y Rusia, cuyas empresas figuraban entre las principales concesionarias de reservas. Solo Sinopec y CNPC, junto a la rusa Rosneft a través de Petromost y Roszarubezhneft, acumulaban compromisos sobre más de 4.800 millones de barriles.
En el comercio, el peso de Pekín era aún mayor. China absorbió cerca del 80% de las exportaciones petroleras venezolanas en 2025, entre 430.000 y 470.000 barriles diarios, a través de refinerías independientes de Shandong y Liaoning, con triangulaciones, banderas de conveniencia y descuentos que en diciembre superaron el 45%.
El relevo
El acuerdo con NABEP cambia esa ecuación. De los 17 campos que pasa a controlar la compañía de Betancourt, cinco habían sido desarrollados por China y uno por Rusia. Un funcionario estadounidense resumió el objetivo sin rodeos: “Estamos abriendo Estados Unidos como mercado para este petróleo que antes se enviaba a China”.
Pekín ha acusado el golpe. El Gobierno de Xi Jinping reclamó la protección de sus “derechos e intereses legítimos” en Venezuela tras conocerse que una petrolera respaldada por Estados Unidos asumiría campos operados hasta entonces por empresas chinas y rusas. El proceso no está cerrado. Roszarubezhneft conserva Petromonagas como su principal activo, con 87.000 barriles diarios. Pero la dirección del cambio es clara, y Betancourt es el operador elegido por Washington para ejecutarlo.
Washington, sobre el terreno
El respaldo estadounidense se hizo visible el viernes 23 de octubre en el Zulia. Betancourt recorrió las instalaciones del Campo Bachaquero junto a Daniel Kennedy, asesor del Buró de Asuntos Económicos del Departamento de Estado. En la jornada participó también John Barrett, encargado de Negocios de Estados Unidos en Caracas.
La delegación recorrió las operaciones de Petrozamora, la empresa mixta que NABEP comparte con PDVSA. La visita coincidió con un récord. “Rompimos récord de 115.000 barriles (…) solamente trabajo y logros para el país y para el acuerdo binacional entre los dos países”, afirmó Betancourt, presidente de NABEP. Reuters confirmó que el aumento corresponde a Petrozamora, el mayor activo en operación de la compañía. Desde la delegación estadounidense, el diplomático se mostró “muy entusiasmado, muy impresionado por el desempeño”.
Los planes no se detienen ahí. Betancourt avanzó que Bachaquero 3 y Ceuta 4 podrían incorporarse a la producción de Petrozamora en los próximos cuatro meses. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que anunció el récord durante la jornada, proyectó alcanzar los 120.000 barriles diarios en diciembre.
Un nuevo eje energético
Rodríguez revisó con Barrett los avances de los acuerdos firmados en agosto y los calificó de “realmente históricos”. Para Washington, el balance de la jornada es doble: más producción en Venezuela y menos peso de sus rivales estratégicos en el hemisferio. Para Betancourt, la confirmación de un papel que pocos empresarios latinoamericanos han tenido: el de socio operativo de Estados Unidos en una disputa geopolítica con China y Rusia.
