EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Consejo de Gobierno del BCE se reúne el jueves 29 de octubre en Fráncfort con la inflación de la eurozona en el 3,8% de septiembre, su nivel más alto en tres años.
- ¿Quién está detrás? Christine Lagarde preside un Consejo que el mercado da por inmóvil. ING, Pimco, Vanguard, Natixis e Ibercaja descuentan una pausa y sitúan la siguiente subida en diciembre.
- ¿Qué impacto tiene? La tasa de depósito seguirá en el 2,5%. El Ibex 35 aguarda la comparecencia y el Euribor a doce meses decide el coste de las hipotecas variables españolas.
El BCE afronta el jueves 29 de octubre su reunión de tipos con la inflación de la eurozona en el 3,8%, máximos de tres años. El consenso da por hecha la pausa y traslada toda la carga de la prueba a diciembre.
Por qué casi nadie espera un movimiento este jueves
La cita es en Fráncfort y llega con la tasa de depósito (DFR) en el 2,5%, la de refinanciación (MRO) en el 2,65% y la facilidad marginal de préstamo (MLF) en el 2,90%. Son los niveles que dejó la subida de 25 puntos básicos de septiembre. El ciclo restrictivo, reabierto en mayo tras el comienzo de la guerra de Irán, ha vuelto a apretar después de meses de compás de espera, y nada en los datos de las últimas semanas invita a pensar que el Consejo de Gobierno vaya a mover ficha ahora.
‘Una subida de tipos esta semana sería una gran sorpresa. La probabilidad es prácticamente nula’, resume el equipo de ING Think formado por Francesco Pesole, Michiel Tukker y Carsten Brzeski. Su argumento: la inflación se ha mantenido controlada, la revisión a la baja que ha propiciado Francia ha enfriado los precios y Lagarde se ha mostrado menos beligerante en sus últimas comparecencias.
Hay un dato que sostiene la pausa. La inflación subyacente, la que deja fuera energía, alimentos frescos, alcohol y tabaco, se quedó en el 2,5% en septiembre, apenas una décima más. Konstantin Veit, gestor de carteras de Pimco, lo lee así: ‘todavía no hay indicios de que se esté incorporando de forma duradera. Los efectos indirectos siguen estando contenidos y los efectos de segunda ronda no son evidentes’.
El otro frente es el mercado de deuda. El bono francés a diez años llegó a superar el 5%, su nivel más alto desde 2002, y el diferencial con el Bund alemán ronda los 160 puntos básicos. Josefina Rodríguez, economista de Vanguard, subraya que los rendimientos a largo plazo han subido con fuerza y que los diferenciales soberanos se han ampliado, ‘lo que ha provocado un endurecimiento de las condiciones financieras en toda la zona euro’.
Por eso buena parte de las casas esperan una mención explícita a París en la rueda de prensa posterior al cónclave. Para Mabrouk Chetouane y Romain Aumond, de Natixis IM, ese reconocimiento bastaría para enviar ‘señales contundentes’ sin necesidad de activar los instrumentos contra la fragmentación financiera (las herramientas con las que el BCE puede comprar deuda de un país concreto si su prima se desboca).
La pausa no es un giro: el BCE gana semanas mientras el bono francés marca máximos de dos décadas y la política fiscal vuelve a estar bajo sospecha.
Qué se juega España en la rueda de prensa de Lagarde
En España la cita se sigue con el Ibex 35 pendiente de la comparecencia y con la banca como termómetro más sensible. Un BCE que no mueve tipos esta semana pero que el mercado ya ve subiendo en diciembre deja el margen de intereses de las entidades en una posición cómoda; lo incómodo es el otro lado del balance, el del crédito, porque cada subida encarece la financiación de familias y empresas.
El Euribor a doce meses, referencia de la mayoría de las hipotecas variables españolas, es la variable que de verdad mira el grueso de los hogares. Si el BCE confirma en diciembre una nueva subida, el índice tenderá a recogerla y con él llegarán renovaciones de cuota más caras para quien firmó a tipo variable. El mensaje que salga el jueves de Fráncfort no es un asunto abstracto: se traduce en la letra mensual de cientos de miles de préstamos.
A eso se suma el flanco fiscal. La tensión francesa no es un problema exclusivamente parisino: cuando el segundo socio de la eurozona paga un 5% por financiarse, los inversores revisan la prima que exigen a todos los demás, y los Estados del sur lo saben. España afronta el tramo final de su senda de ajuste pactada con Bruselas y observa el diferencial francés con la misma preocupación que el resto del bloque mediterráneo, consciente de que un contagio encarecería su refinanciación.
Y hay un detalle de calendario que no conviene perder de vista. Las cifras de inflación de octubre de la eurozona, las que publica Eurostat, se conocerán un día después de la reunión. Lagarde decidirá sin haber visto el dato que más pesa en su mandato.
El Eje del Poder Europeo
El pulso real no es entre halcones y palomas dentro del Consejo de Gobierno, sino entre los grandes ejes de la eurozona. Alemania se beneficia del vuelo hacia la calidad: cada punto que sube el bono francés abarata relativamente su Bund y refuerza la posición de Berlín en el debate sobre disciplina fiscal. París llega a la cita con la prima desbocada y con la necesidad de que Fráncfort diga algo que suene a respaldo sin comprometerlo por escrito. Y los frugales —Países Bajos, Austria, Dinamarca, Suecia, Finlandia— no quieren ni oír hablar de compras de deuda que suenen a monetización.
El precedente es el verano de 2012. Entonces fue Mario Draghi quien rompió el tablero con un ‘haré lo que sea necesario’ que nunca se tradujo en compras masivas, pero que bastó para quebrar la espiral de primas. Catorce años después el BCE tiene un arsenal más reglado y una opinión pública mucho menos tolerante: cualquier guiño a París se leerá en en Roma, en Viena y en La Haya como un rescate encubierto de un Estado que no ha cuadrado sus cuentas.
Para España el cálculo es de doble filo. Por un lado, forma parte del bloque del sur que se beneficia de que el BCE no se ponga nervioso con la deuda soberana; por otro, comparte con Bruselas la exigencia de que los planes fiscales nacionales sean creíbles, y un episodio francés prolongado tensaría el debate sobre las reglas de gasto justo cuando los Veintisiete revisan sus trayectorias. La lectura que hacemos es que a Moncloa le interesa una pausa corta y una subida de diciembre bien comunicada: lo contrario sería una eurozona con la prima francesa instalada como cisne negro permanente.
Queda la incógnita del tono. François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel AM, espera que Lagarde repita el guion de siempre: riesgos para la inflación al alza, riesgos para el crecimiento a la baja y una reivindicación de la resiliencia europea. Cristina Gavín, de Ibercaja Gestión, ya da por descontado el movimiento de diciembre, que llevaría la facilidad de depósito al 3% a finales de año, según el cuadro que manejan las gestoras. El próximo examen será la reunión de diciembre; antes, el dato de octubre y la reacción del bono francés dirán si la pausa del jueves fue prudencia o simple compás de espera. Todo ello con el calendario oficial del BCE sobre la mesa.

