La candidatura de Abdellah Mustafa, impulsada por el Frente Amplio y respaldada por el PSOE de Ceuta, abre un nuevo frente político en una ciudad marcada por la presión migratoria y las reivindicaciones territoriales de Rabat. Sus declaraciones sobre la entrada masiva de migrantes del pasado verano y las acusaciones sobre su actividad en redes sociales alimentan el debate sobre su posición ante Marruecos, aunque no existe una prueba pública concluyente de que defienda las pretensiones marroquíes sobre la soberanía española de Ceuta.
El relevo se conoció el 27 de octubre, cuando el PSOE ceutí anunció que José Miguel Romero daba un paso atrás para ceder el liderazgo de la candidatura al Senado a Abdellah Abdelah Mustafa, dirigente vecinal independiente promovido por el Frente Amplio. El acuerdo se presenta como una alianza de las formaciones de izquierda para las elecciones generales del próximo 29 de noviembre, con el objetivo declarado de construir una alternativa a la derecha y la ultraderecha.
La decisión sitúa en primera línea política a un activista que adquirió notoriedad durante la crisis migratoria del verano, cuando más de 80.000 personas cruzaron desde Marruecos hacia Ceuta, según las cifras recogidas por EL PAÍS. Su actuación en la respuesta humanitaria y sus intervenciones públicas contra los discursos xenófobos le han proporcionado visibilidad, pero también han suscitado controversia por su interpretación de aquellos acontecimientos.
Las declaraciones sobre la entrada masiva que alimentan la controversia
Uno de los principales elementos de discusión es la posición que Mustafa ha mantenido sobre la entrada masiva de personas procedentes de Marruecos los días 30 y 31 de julio. En declaraciones recogidas por EL PAÍS, el candidato rechazó describir a quienes cruzaron la frontera como «invasores» y defendió que no habían llegado con la intención de tomar la ciudad. «Si hubieran querido tomar la ciudad lo hubieran hecho, pero no lo han hecho porque no venían con esa actitud», afirmó, según la información publicada por La Gaceta el 27 de octubre.
Estas palabras constituyen uno de los principales argumentos de sus críticos, que consideran que su interpretación resta gravedad a un episodio que afectó directamente a la seguridad y a la capacidad de respuesta de las autoridades españolas. En una ciudad cuya situación geográfica la convierte en un punto especialmente sensible de la relación entre Madrid y Rabat, la forma de describir aquella crisis tiene una evidente dimensión política.
Sin embargo, la información publicada por EL PAÍS también recoge que Mustafa calificó la llegada de personas como una «avalancha» y que ayudó a las fuerzas de seguridad a reunir a migrantes para facilitar su regreso a Marruecos. Posteriormente, concentró sus esfuerzos en atender a quienes permanecieron en Ceuta y en organizar la asistencia a mujeres y niñas vulnerables.
La controversia no reside únicamente en si condenó o no la entrada masiva, sino en cómo interpreta sus causas, su gravedad y las intenciones de quienes cruzaron la frontera. Para determinar si esa posición responde a una afinidad política con Rabat, sería necesario disponer de declaraciones más explícitas sobre la actuación de las autoridades marroquíes y la soberanía española.

Las publicaciones sobre Marruecos y las acusaciones de sus críticos
Otro de los focos de atención es la actividad de Mustafa en las redes sociales. La Gaceta sostiene que el candidato ha exhibido símbolos nacionales marroquíes y manifestado públicamente su apoyo al país vecino. El periódico también le atribuye vínculos con el wahabismo, una corriente rigorista del islam, aunque esa afirmación no debe confundirse con una prueba de adhesión política a las posiciones territoriales de Marruecos.
Para valorar estas acusaciones resulta imprescindible examinar las publicaciones originales, su fecha y el contexto en el que fueron difundidas. La exhibición de símbolos marroquíes puede alimentar preguntas sobre su identidad política, pero no demuestra por sí sola que Mustafa defienda la incorporación de Ceuta a Marruecos ni que actúe en favor de los intereses de Rabat.
La distinción es especialmente importante en una ciudad española cuya sociedad es plural y en la que la identidad cultural, la religión y la nacionalidad no son conceptos equivalentes. El debate debe centrarse en las posiciones políticas expresadas por el candidato, no en su origen, sus apellidos o sus creencias religiosas.
Hasta el momento, las informaciones consultadas no aportan una declaración directa y verificable de Mustafa en la que reclame la transferencia de la soberanía de Ceuta a Marruecos. Tampoco acreditan que mantenga una relación operativa con las autoridades marroquíes o que reciba instrucciones de ellas.
La candidatura llega en un momento de tensión entre España y Marruecos
El contexto en el que se produce su salto a la política nacional añade relevancia a la controversia. La cuestión de la soberanía de Ceuta y Melilla ha vuelto a aparecer en el debate político marroquí. EL PAÍS informó el 22 de octubre de que representantes políticos de Marruecos habían reabierto la reivindicación sobre ambas ciudades y otros territorios españoles del norte de África.
Días antes, el rey Mohamed VI había criticado lo que calificó de «instrumentalización» de la crisis de Ceuta por parte de determinados sectores políticos y mediáticos españoles, según informó RTVE el 9 de octubre. El monarca defendió la cooperación bilateral, pero advirtió de que Marruecos no aceptaría presiones ni chantajes.
En este escenario, cualquier declaración de un candidato al Senado sobre la crisis fronteriza puede adquirir una dimensión que trasciende la política municipal. El Senado es una institución del Estado y sus miembros participan en debates que afectan a la política exterior, la seguridad nacional y la integridad territorial.
La candidatura de Mustafa también tiene una lectura interna. El PSOE ceutí justifica el acuerdo con el Frente Amplio como una estrategia para agrupar a las fuerzas progresistas frente a la derecha y la ultraderecha. El propio candidato ha defendido que su entrada en política responde a la necesidad de atender los problemas sociales de las barriadas más desfavorecidas, especialmente la falta de vivienda, el desempleo y la carencia de equipamientos.
Qué indicios existen y qué falta para hablar de una posición promarroquí
Las dudas sobre Mustafa se apoyan principalmente en tres elementos: sus declaraciones sobre la entrada masiva de migrantes, las acusaciones publicadas acerca de sus expresiones de apoyo a Marruecos en redes sociales y su rechazo a utilizar el término «invasores» para describir a quienes cruzaron la frontera. Son cuestiones relevantes para evaluar su discurso político, pero no tienen todas el mismo valor probatorio.
La interpretación de la crisis migratoria puede reflejar una posición más favorable a un enfoque humanitario y contrario a los discursos de confrontación. También puede suscitar críticas legítimas si se considera que minimiza las consecuencias de un episodio que afectó a la seguridad de Ceuta. Ninguna de esas interpretaciones demuestra, por sí misma, una adhesión a las reivindicaciones territoriales marroquíes.
Para sostener que Mustafa mantiene una posición promarroquí en el sentido de defender los intereses de Rabat frente a España sería necesario encontrar declaraciones inequívocas sobre la soberanía de Ceuta, su valoración de las reivindicaciones territoriales marroquíes o su postura ante posibles actuaciones de presión de las autoridades vecinas.
La cuestión política de fondo es si Abdellah Mustafa defenderá sin ambigüedades la soberanía española de Ceuta cuando llegue al Senado. Sus críticos tienen motivos para exigir explicaciones sobre sus declaraciones y publicaciones, pero la respuesta debe buscarse en sus posiciones políticas verificables, no en inferencias basadas en su identidad o en acusaciones todavía no demostradas.
La candidatura abre, por tanto, un debate legítimo sobre la relación entre política migratoria, seguridad fronteriza e intereses nacionales. La prueba decisiva no será la etiqueta que le atribuyan sus adversarios, sino lo que el propio Mustafa diga y defienda públicamente sobre Ceuta, Marruecos y la integridad territorial española.
