El Kremlin excluye a Europa de la próxima cumbre Rusia-EEUU-Ucrania en Emiratos

Yuri Ushakov confirma la cuarta ronda trilateral para mediados de noviembre en Abu Dabi y advierte de que Bruselas solo entrará 'si compra un billete'. La llamada de Finlandia y Noruega a Putin abre una grieta entre los socios nórdicos.

Europa está excluida de las negociaciones sobre Ucrania, y el Kremlin lo ha confirmado sin margen para la duda. Yuri Ushakov, asesor de política exterior de Vladímir Putin, anunció este miércoles que la cuarta ronda trilateral entre Rusia, Estados Unidos y Ucrania se reanudará en Emiratos Árabes Unidos, previsiblemente a mediados de noviembre. Sin europeos en la sala.

La frase que rompe el marco: ‘pueden comprar un billete’

Ushakov no se limitó a confirmar la exclusión. La adornó. ‘Pueden llegar allí si compran billetes’, dijo en declaraciones al programa Vesti. ‘Pero nadie tiene intención de invitarles a la mesa de negociaciones.’ Traducido a lenguaje diplomático: Bruselas no tiene asiento, ni silla reservada, ni derecho de réplica. El portavoz de la diplomacia presidencial rusa, un veterano que lleva casi dos décadas en el cargo, sabe perfectamente lo que hace con ese registro. La humillación calculada es, en sí misma, una posición negociadora.

La cita es la cuarta de una serie que arrancó sin Europa y que seguirá sin Europa. El detonante inmediato fue la reunión de la semana pasada entre Putin y el enviado especial estadounidense Steve Witkoff en San Petersburgo. De ahí salió un acuerdo ‘en principio’ para reanudar el formato trilateral, con la primera quincena de noviembre como ventana y Abu Dabi como sede sobre la mesa. Para Moscú, el marco es de tres y solo de tres. Y cada ronda consolida la idea de que el Viejo Continente es un pagador, no un interlocutor.

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La grieta nórdica que deja a Bruselas sin voz

negociaciones Ucrania

Un día antes del anuncio, el presidente finlandés Alexander Stubb y el primer ministro noruego Jonas Gahr Støre telefonearon a Putin. La conversación duró más de una hora, según los relatos que circulan en las cancillerías. Los dos países comparten frontera o vecindad directa con Rusia y ambos están en la OTAN. La llamada no fue una improvisación de aficionados: fue una gestión de contacto, con formato propio, al margen de la estructura común.

El efecto fue inmediato. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, condenó la iniciativa y subrayó que no se había coordinado con los ‘socios europeos’. Es la formulación más dura que Copenhague ha empleado contra dos aliados nórdicos desde febrero de 2022. La escena —Helsinki y Oslo llamando a Moscú mientras Copenhague se enteraba por los periódicos— describe mejor que cualquier comunicado el estado real de la unidad europea.

Dos aliados nórdicos llaman a Moscú, Copenhague se entera por la prensa y la mesa donde se decide Ucrania tiene solo tres sillas.

Dmitri Peskov, portavoz de la Presidencia rusa, enfrió el gesto al confirmar la llamada y aclarar que ninguno de los dos líderes llevó propuestas nuevas sobre la mesa. Dicho de otro modo: el canal se abrió, pero llegó vacío. Eso no resta importancia al hecho de que exista. En una guerra de desgaste, el valor de un canal no se mide por lo que transporta hoy, sino por lo que permitirá transportar cuando la correlación de fuerzas cambie.

Un canal vacío hoy puede ser el único canal mañana. Moscú lo sabe y por eso no lo cierra.

Europa sostiene una posición que no ha movido un milímetro: alto el fuego incondicional, previo, a cualquier discusión territorial. Moscú la rechaza con un argumento que repite sin variaciones: una congelación del frente solo serviría para que Kiev descanse y se rearme con material occidental. Entre esas dos rigideces no hay espacio para la negociación. Y eso explica por qué las capitales implicadas prefieren un formato reducido donde las partes incómodas no puedan bloquear.

El dinero dibuja el resto del cuadro. En abril, Bruselas aprobó 90.000 millones de euros para Ucrania a lo largo de 2026 y 2027, financiados vía mercados de capitales. Este mes, Vladímir Zelenski ha reclamado 70.000 millones adicionales para sostener el presupuesto y el ejército durante el próximo ejercicio. La paradoja es gruesa: Europa pone el dinero, asume el coste político interno y no se sienta en la mesa donde se decide cómo se reparte.

Equilibrio de Poder

La lectura desde Washington es transaccional. La Casa Blanca ha entendido que el formato bilateral con Moscú, con Kiev en la habitación, le permite presentar cualquier deshielo como un logro propio y cargar sobre Europa el coste de la reconstrucción. Moscú acepta encantado ese diseño porque consagra su tesis de siempre: que Bruselas no es parte, sino prolongación de la OTAN. Es un argumento interesado, pero no carece de base material. Son los países europeos quienes firman los paquetes de armamento y financian los presupuestos de Kiev.

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Para España, el cálculo tiene consecuencias concretas. Un marco negociador sin la Unión Europea deja al Consejo Europeo sin capacidad de condicionar el resultado y debilita a Moncloa cada vez que tenga que justificar en el Congreso el gasto en defensa o el envío de material. A eso se suma el flanco sur: si Washington y Moscú negocian de tú a tú, el Magreb y el Sahel pierden centralidad en la agenda euroatlántica, y Marruecos, Argelia y Libia quedan expuestos a un reacomodo que nadie consultará con Madrid. Rota y Morón siguen siendo nuestra palanca real en ese tablero.

El precedente más cercano es el formato Normandía, nacido en 2014 con Francia y Alemania dentro y difunto sin que nadie lo enterrara oficialmente. Aquel experimento demostró que Europa solo conserva capacidad de influencia si está en la mesa desde el primer minuto. Lo que observamos ahora es distinto. No es una Europa que se retira; es una Europa a la que se le cierra la puerta y que, además, sigue pagando la factura. A cinco años vista, la incógnita no es si habrá más rondas trilaterales, sino cuántas generaciones de dirigentes europeos harán falta para reconstruir un asiento que hoy nadie les reserva.

Queda la cita de mediados de noviembre en Abu Dabi, con la composición exacta de las delegaciones todavía por confirmar. El Institute for the Study of War seguirá midiendo la temperatura del frente mientras las cancillerías cuentan sillas. Lo que seguimos de cerca es un detalle: si la Unión Europea logra colarse al menos en los márgenes, o si el anuncio de Ushakov se convierte en el nuevo formato permanente. Las cumbres también se juzgan por lo que dejan fuera.