El USS Spruance bate el récord de despliegue de un destructor desde 1945 por la guerra con Irán y presiona a Rota

El buque regresa tras 342 días de mar por la Operación Epic Fury. El desgaste de la flota empuja a los destructores de Rota hacia ciclos de despliegue más largos.

El USS Spruance cierra un despliegue de 342 días: ningún destructor estadounidense aguantaba tanto tiempo en la mar desde 1945.

Zarpó de la base naval de San Diego el 21 de noviembre de 2025 como escolta del grupo de combate del portaaviones Abraham Lincoln. La travesía estaba presupuestada en siete meses. Rutina. Lo que ha devuelto a puerto es el despliegue más largo de un destructor estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El 28 de febrero de 2026 arrancó la Operación Epic Fury, la campaña de EE. UU. contra objetivos iraníes. El USS Spruance disparó misiles Tomahawk en la salva de apertura, absorbió después la respuesta de Teherán y, terminadas las operaciones de combate a gran escala, quedó integrado en el bloqueo naval con el que Washington intenta asfixiar la economía iraní.

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La aritmética de un despliegue que se duplicó

El último rastro del buque lo sitúan los rastreadores marítimos once días atrás, atravesando el estrecho de Malaca frente a Singapur, rumbo al este. La Armada de EE. UU. no ha anunciado fecha de regreso; la prensa de San Diego la sitúa en algún punto de noviembre. Si el atraque se demora, el récord pasará del año completo.

No es la primera señal de desgaste. El portaaviones Abraham Lincoln volvió a casa en agosto, después de que las quejas de las familias se convirtieran en asunto de interés nacional. Viajaba con tres destructores. Uno regresó con él. Los otros dos, el Spruance y el USS Michael Murphy, se quedaron sosteniendo el bloqueo. A comienzos de agosto, el secretario de la Armada en funciones, Hung Cao, se reunió con unas 200 familias del grupo de combate y defendió, según los testimonios recogidos entonces, que la agrupación era una unidad compuesta y debía volver junta. No ocurrió.

Hay relatos de problemas de suministro de comida, fallos de fontanería y moral baja. ‘Experimentaron la misma tensión psicológica y el mismo horario imposible’, contaba una familiar. La salida del portaaviones se leyó como un agravio.

El récord del USS Spruance no es una hazaña aislada: es la factura en horas de mar de una guerra que se comió el margen de la flota.

Hubo también su minuto de gloria. El 19 de abril, el destructor usó su cañón de cubierta de cinco pulgadas contra la sala de máquinas del carguero con bandera iraní Touska y lo dejó a la deriva: el primer ataque de ese tipo contra otro buque desde la Operación Praying Mantis, en 1988. Donald Trump lo mencionó en varios discursos sin llegar a citar el nombre del barco.

Rota: donde el desgaste de la flota se vuelve un problema español

guerra con Irán

La base de Rota es la otra punta de este hilo. Allí la Armada estadounidense mantiene desplegados de forma permanente destructores de la misma clase que el Spruance, integrados en el pilar naval del escudo antimisiles de la OTAN (el European Phased Adaptive Approach, el programa con el que la Alianza despliega interceptores en tierra y a bordo en Europa). En 2023, Washington y Madrid acordaron elevar de cuatro a seis el número de esos buques.

El problema es de vasos comunicantes. Cada destructor inmovilizado en el Índico o el Golfo es un destructor que no cubre su rotación en el Mediterráneo, y la Sexta Flota tapa el hueco con lo que tiene más a mano: los cascos de Cádiz. Eso comprime las ventanas de mantenimiento que Navantia ejecuta en la bahía, y estira los ciclos de las tripulaciones.

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Para España, la ecuación tiene dos variables: la disponibilidad de los buques estadounidenses en Rota y el calendario de gasto en defensa comprometido en la OTAN. A eso se suma el coste energético. Un bloqueo naval sobre Irán sostiene la prima de riesgo del crudo, y eso lo pagan la refinería de Repsol, el queroseno de las aerolíneas y la factura eléctrica de cualquier hogar. La Armada española sostiene, en paralelo, su propia rotación de fragatas en las agrupaciones permanentes de la Alianza y en la misión europea del mar Rojo.

La Lógica de Washington

Conviene entender qué problema intenta resolver Washington antes de contar días de mar. La Armada estadounidense tiene algo más de setenta destructores para cubrir tres teatros simultáneos —Indo-Pacífico, Oriente Medio y el eje Atlántico-Mediterráneo— y, por el ciclo de mantenimiento y adiestramiento, solo un tercio está disponible en cada momento. Una guerra de un año contra Irán no se libra con barcos nuevos: se libra alargando los que ya están allí. La extensión del Spruance no es una decisión ideológica, es una resta.

Hay precedente. El listón que el récord invoca —1945— es el de los destructores de piquete de radar que la Marina mantuvo meses frente a Okinawa, bajo ataque aéreo constante, porque no había relevo que enviar. La lógica es idéntica ochenta y un años después: cuando la demanda supera a la oferta, el Pentágono paga con horas de mar.

La coalición política que sostiene esta forma de hacer las cosas tampoco es nueva. El Partido Republicano lleva cuatro décadas vendiendo la promesa de una flota de 355 buques mientras la industria naval americana acumula retrasos en cada nuevo casco. Trump ha convertido la reconstrucción naval en un asunto de base: astilleros, empleo industrial, soberanía. Y ese relato convive mal con la evidencia de que los buques existentes se gastan antes de tiempo.

Queda la incógnita, y no es el récord: es la resaca. Cada mes extra de despliegue se paga después en dique seco, y la factura llega en 2027, cuando esos cascos deban entrar en mantenimiento profundo justo al inicio de otra rotación. Para España, la lectura estratégica es otra: Rota vale más cuanto más escasa es la flota, y esa escasez es la que obliga a Madrid a decidir si el convenio bilateral se refuerza o se gestiona. La próxima ventana será la ley de autorización de defensa que el Capitolio tramita estos meses.

Ficha del Caso

  • El caso: El destructor USS Spruance regresa tras 342 días de despliegue, el más largo de un buque de su clase desde 1945, por la campaña contra Irán iniciada el 28 de febrero de 2026.
  • Datos clave: Zarpó de San Diego el 21 de noviembre de 2025 para siete meses; regreso previsto en noviembre de 2026. El portaaviones Abraham Lincoln volvió en agosto; el Spruance y el USS Michael Murphy siguieron en el bloqueo.
  • Para España: El desgaste de la flota presiona las rotaciones de los destructores basados en Rota, comprime el mantenimiento de Navantia en Cádiz y encarece el crudo que importa la economía española.