Los incendios forestales en España han quemado 299.000 hectáreas hasta el 23 de septiembre, el 44% de la superficie arrasada en la Unión Europea, según el informe de Zero Carbon Analytics elaborado con datos del sistema europeo EFFIS.
El mapa del fuego: un país concentra el 44% del continente
La distancia con el resto de socios comunitarios es abismal. Italia suma el 17% de la superficie quemada y Francia el 14%, mientras que el grupo de países mediterráneos reúne el 94% del total. La UE acumula 680.000 hectáreas, casi el doble de la media de 2006 a 2025 para estas fechas, y 2026 cierra como el tercer peor año de la serie histórica, solo por detrás de 2022 y 2025.
El balance de Greenpeace España rebaja el dato a 279.413 hectáreas, pero la lectura no cambia: un 137,2% por encima de la media del decenio. Las dos cifras conviven porque los criterios de medición no coinciden; EFFIS trabaja con imágenes de satélite homogéneas para toda Europa y la organización ecologista, con los partes de cada comunidad autónoma. Para el lector, lo relevante es la horquilla: entre 280.000 y 300.000 hectáreas según quién mida.
Detrás de las hectáreas hay una atribución científica. Los análisis de World Weather Attribution citados en el informe concluyen que el cambio climático de origen humano hizo al menos 20 veces más probable la meteorología que alimentó los fuegos de julio en el centro peninsular. Ese mes, España superó en un 21% su anterior récord de julio, fijado en 2022, y la UE alcanzó su máximo histórico para ese mes con 353.000 hectáreas.
El humo tradujo el dato en problema sanitario. Las concentraciones medias diarias de partículas finas PM2,5 cerca de Madrid llegaron a 96 microgramos por metro cúbico, más de seis veces el valor guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Un año de récords en superficie quemada es también un año de récords en salud pública, en suelo perdido y en carbono devuelto a la atmósfera.
La emergencia se combate con medios aéreos y brigadas. La prevención se hace con algo menos fotogénico: gestión del territorio, retirada de combustible vegetal y planes de autoprotección en la interfaz urbano-forestal. La autora principal del estudio insiste en en que esa vía reduce los riesgos locales, pero no sustituye a una reducción urgente de las emisiones de los combustibles fósiles.
La gestión del territorio reduce el riesgo en lo local; solo la reducción de emisiones altera la probabilidad de que el próximo verano sea igual.
La factura invisible: carbono, aire y pólizas que no cubren

El fuego devuelve a la atmósfera parte del carbono que la vegetación había almacenado, un mecanismo bien documentado en la literatura sobre incendios forestales. Los siniestros de la UE liberaron hasta finales de septiembre unos 29,5 millones de toneladas de CO2, 1,4 veces la media de 2003-2025, y casi un tercio de esas emisiones se concentró en una sola semana de julio. El círculo se cierra solo: más calor, más combustible seco, más fuego y más carbono arriba.
Hay una segunda factura que no aparece en los informes de extinción. El 75% de las pérdidas por catástrofes climáticas en la UE entre 1980 y 2024 no estaba cubierto por seguros, según recoge el estudio. Eso significa que el coste acaba en el contribuyente y en el propietario forestal, no en una póliza. La consecuencia práctica es menos dinero para reforestar y más abandono del monte, que es justo el terreno que mejor arde.
La letra pequeña manda.
A efectos económicos, el fuego entra en la cadena de suministro por la puerta de atrás. La producción agrícola de secano, la madera, el corcho y el turismo rural son los primeros eslabones que asumen el sobrecoste, y lo hacen sin aparecer en ningún titular de política energética. Cuando el monte se abandona, la factura no llega como emergencia: llega como pérdida de actividad repartida en décadas.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Superficie quemada: 299.000 hectáreas en España hasta el 23 de septiembre de 2026, el 44% del total comunitario.
- CO2 liberado: 29,5 millones de toneladas en el conjunto de la UE, 1,4 veces la media del periodo 2003-2025.
- Calidad del aire: 96 microgramos de PM2,5 por metro cúbico cerca de Madrid, más de seis veces el valor guía de la OMS.
- Brecha de cobertura: el 75% de las pérdidas por catástrofes climáticas en la UE entre 1980 y 2024 quedó sin seguro.
De la extinción a la adaptación: la política que aún no está financiada
El fuego no es nuevo en el Mediterráneo; lo nuevo es la cadencia. La serie de EFFIS arranca en 2006 y tres de los peores ejercicios —2022, 2025 y 2026— se apiñan en el último lustro. Ese patrón es el que ha llevado a la Comisión Europea a presentar su propuesta de Marco de Resiliencia Climática, con evaluaciones de adaptación integradas en todas las políticas sectoriales y no solo en las de medio ambiente: también en ordenación del territorio, agricultura, energía y presupuesto.
La letra pequeña de la adaptación es presupuestaria. Sin una partida de prevención comparable a la de extinción, cualquier plan se queda en declaración de intenciones, y el informe de Zero Carbon Analytics no cuantifica esa brecha para España: se limita a dejar claro que la gestión del territorio es condición necesaria, aunque insuficiente. La investigadora Joanne Bentley-McKune lo dijo sin rodeos: «Estamos presenciando un peligroso cambio estructural en el panorama de los incendios forestales en Europa».
Para una empresa, un inversor o una administración, el riesgo ya es material: cadenas de suministro agrícola, aseguradoras, turismo y sector eléctrico comparten la misma exposición. La adaptación climática del territorio deja de ser un capítulo de ecología para convertirse en infraestructura. Y como toda infraestructura, se mide en euros y en años, no en eslóganes.
El dato no es una opinión.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: cada hectárea con gestión preventiva reduce la carga de combustible y limita la propagación de un fuego extremo como los de julio.
- Modelo que cambia: la respuesta basada solo en extinción pierde terreno ante la prevención obligatoria y las evaluaciones de adaptación en todas las políticas sectoriales.
- Para las próximas generaciones: con 680.000 hectáreas quemadas en la UE, el suelo perdido tarda décadas en recuperarse; la inversión en prevención decide qué paisaje se hereda.

