El veto a los supermercados 24 horas se extiende por Cataluña, y eso cambia el plan de cualquier noche de viernes.
Lo he vivido en primera persona: bajas a por hielo, pan de molde y un par de cervezas a las once y media, y te encuentras la persiana bajada. La tienda que llevaba quince años en la esquina cerró a las nueve. Lo que hasta hace poco era un debate muy barcelonés se ha convertido en política municipal de medio territorio.
Barcelona dejó de conceder licencias nuevas a tiendas de conveniencia con horario ininterrumpido de 24 horas. La moratoria, anunciada el pasado mes de mayo, se extiende como mínimo un año y afecta a un ecosistema que ya suma 1.300 establecimientos repartidos por toda la ciudad.
El alcalde, Jaume Collboni, justificó la decisión con cuatro argumentos: amenazan al pequeño comercio, se concentran en zonas turísticas, ofrecen poco valor añadido y generan problemas de convivencia por la concentración de clientes a deshoras. La medida fue criticada por la oposición. El efecto dominó llegó igual.
Qué prohíben exactamente estas moratorias
Conviene precisar el alcance, porque más de uno ya se ha imaginado la ciudad a oscuras. La medida no cierra ninguna tienda en activo: lo que hace es dejar de emitir licencias para nuevos locales de conveniencia con horario continuo. Dicho de otro modo, la tienda que ya usas seguirá abierta, pero es probable que no aparezca otra a dos portales de distancia.
En el centro de Terrassa han ido un paso más allá. Allí el veto no se queda en los supermercados: alcanza también a locutorios, tiendas de telefonía, centros de uñas, lavanderías, trasteros, y locales de comida para llevar con horarios ampliados.
La moratoria no discute qué se vende a las once de la noche; discute quién puede seguir vendiéndolo y a qué precio paga el barrio esa disponibilidad.
Ahí está la clave: lo que se regula es el horario, no el producto. Y ese detalle convierte una ordenanza municipal en algo que notas tú, no solo el dueño del negocio.
El mapa: quién ya lo aplica y quién lo estudia
Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs, con gobiernos del PSC, han copiado la fórmula. También Badalona, donde gobierna Xavier García Albiol, del PP. Y Terrassa, con una coalición de Tot per Terrassa y Junts per Terrassa.
Que el mismo modelo lo apliquen ejecutivos de signo opuesto dice bastante. No es una guerra ideológica: es convivencia en la calle y facturación a final de mes. Sabadell y Sant Cugat estudian sumarse en las próximas semanas.
El contraargumento que casi nadie quiere escuchar
Francesc Rufas, profesor de EAE Business School y consultor en estrategia comercial, apuntaba en declaraciones a El Periódico que el problema real del comercio tradicional no es el horario del vecino. Son alquileres y grandes cadenas, además del incremento de costes. Bastante menos fotogénico que culpar a la tienda de la esquina, pero encaja mejor con los números.
Su propuesta —permítaseme el símil— no pasa por cerrar puertas ajenas, sino por compartir recursos: centrales de compra, logística común, acuerdos entre comercios del mismo barrio. Es la lógica que late detrás de la propuesta, también nacida en el Ayuntamiento de Barcelona, de crear un supermercado público. Si no puedes competir solo, compite acompañado.
Qué significa para tu compra de urgencia
Si vives en el centro de Terrassa o en cualquiera de las ciudades que van a copiar el modelo, asume que la compra de urgencia va a pedir algo más de cabeza. La tienda de siempre sigue ahí. La que iba a abrir el año que viene, probablemente no.
Tres cosas que funcionan: adelantar la compra semanal al sábado por la mañana, mantener un fondo de armario mínimo —hielo, conservas, legumbres cocidas, leche— y saber qué gasolinera de tu zona no cierra nunca. Poco glamuroso. Bastante útil.
Hay quien sostiene que estas moratorias no van a revitalizar nada y que solo maquillan el problema de fondo. Puede ser. Eso sí, el mapa municipal ya se ha movido, y la licencia que no se concede hoy es la tienda que no existirá dentro de tres años.
Si tu barrio todavía tiene panadería, frutería y pescadería a menos de cinco minutos andando, ve. No es nostalgia. Es logística.

