La San Martiño inclusiva vuelve a llenar las calles de Ourense: cantera del atletismo gallego y deportistas con discapacidad comparten recorrido.
De la sub 10 a la sub 18: la cantera ocupa el centro de Ourense
Un año más, las categorías inferiores del atletismo ourensano y gallego tomaron el centro de la ciudad para disputar la Carrera Popular de San Martiño. Los jóvenes atletas, desde la sub 10 hasta la sub 18, compitieron en circuitos de hasta cinco kilómetros, adaptados a cada grupo de edad. La cantera llenó de color el casco urbano durante toda la mañana. No es un detalle menor.
Conviene subrayarlo. Detrás de cada dorsal hay un club modesto, un entrenador que compagina el silbato con su jornada laboral y una familia que madruga. Esa es la base real del atletismo gallego, la que no aparece en los grandes titulares y sí sostiene, temporada tras temporada, las licencias juveniles de la federación autonómica.
La cita más especial de cada edición volvió a ser la carrera inclusiva. Deportistas con distintas capacidades recorrieron el mismo trazado entre los aplausos del público, que se congregó en aceras y esquinas. La imagen —corredores de edades y capacidades distintas compartiendo asfalto— resume el mensaje de la jornada: el deporte es un espacio para todos.
Hubo ilusión y compañerismo, y ese ruido particular de las mañanas de domingo en provincias. Las familias ocuparon las zonas de salida y meta, mientras los técnicos repartían dorsales y avituallamiento. La organización movilizó a voluntarios y servicios municipales para que la prueba se desarrollara sin incidencias reseñables.
La San Martiño forma parte del calendario festivo de la ciudad, agrupado en torno al 11 de noviembre, festividad de San Martiño de Tours. Con los años, la prueba ha crecido hasta ser referencia del atletismo popular del noroeste. Ourense ha hecho de la calle su circuito, y de la fiesta, su mejor argumento.
Una carrera popular no cambia el mundo, pero enseña a una ciudad que el deporte también se juega en la acera del vecino.
Del dorsal al derecho: el deporte base como política pública
Lo ocurrido en Ourense no es solo una mañana de deporte. Es la parte visible de una política pública. La Xunta de Galicia (el gobierno autonómico gallego, con sede en Santiago de Compostela) tiene las competencias deportivas y sostiene, a través de la Secretaría Xeral para o Deporte, programas de promoción del deporte base. En el plano local, el Concello de Ourense y la Diputación completan el mapa de financiación.
El modelo tiene virtudes evidentes: proximidad, bajo coste por participante y una capacidad notable para incorporar a deportistas que otras competiciones dejan fuera. También arrastra una dependencia de de los clubes y del voluntariado que conviene no olvidar. Sin tejido asociativo no hay carrera popular, por mucha voluntad institucional que exista.

La inclusión, además, no se agota en la foto del día. Lo relevante llega después: si esos deportistas encuentran continuidad en escuelas deportivas, clubes y competiciones regulares. Ahí se mide el compromiso de verdad. San Martiño es tradición, sí, pero también puede ser un punto de partida.
Queda la letra pequeña del calendario. El deporte base gallego convive con un problema estructural en el interior de la provincia, donde el reto demográfico aprieta más que en el litoral. Las pruebas populares sirven para visibilizar esa realidad; no siempre para corregirla. La cantera se nutre de la ciudad; el rural sigue esperando autobuses y presupuestos.
El Laboratorio Gallego
Conviene situar la cita en su contexto político. El PPdeG (el Partido Popular de Galicia, formación que gobierna la Xunta con mayorías absolutas consecutivas desde 2009) administra las competencias deportivas. El BNG (el Bloque Nacionalista Galego, primera fuerza de la oposición) fiscaliza la gestión desde el Parlamento de Galicia, cámara unicameral de 75 deputados.
El PSdeG (la federación gallega del PSOE) completa el arco con un discurso centrado en la igualdad de acceso. El deporte base rara vez provoca choque frontal entre los tres partidos: genera unanimidad y, a la vez, poca atención presupuestaria comparativa. Esa es la paradoja de las políticas deportivas autonómicas.
La lectura nacional es sencilla. En el debate español sobre cómo financiar el deporte de base y garantizar la inclusión real en la competición federada, lo que se ensaya en Galicia —circuitos adaptados por categoría, pruebas inclusivas integradas en la fiesta local, cooperación entre Xunta y concellos— funciona como banco de pruebas para otras comunidades. Sin alardes y con presupuestos modestos, el modelo lleva décadas rodando en Galicia. La proyección inmediata es el calendario de las próximas semanas, que pondrá a prueba la capacidad organizativa de los clubes; la de fondo, si la inclusión se consolida en las escuelas deportivas o se queda en una mañana de aplausos.
Ficha del Caso
- El caso: La Carrera Popular de San Martiño reúne en Ourense a la cantera del atletismo gallego y a deportistas con discapacidad en una misma jornada.
- Datos importantes: Categorías desde la sub 10 hasta la sub 18, circuitos de hasta cinco kilómetros adaptados a cada grupo y una carrera inclusiva integrada en el programa.
- Resumen: Deporte base e inclusión comparten calles en una prueba que depende de clubes y voluntarios y que sirve de banco de pruebas para políticas deportivas en el resto de España.

