El cortisol es mencionado muchas veces cuando se habla de salud, sobre todo en redes, donde basta con hacer una búsqueda rápida para salir convencido de que algo no anda bien en tu cuerpo. Que si lo tienes alto, que si lo tienes bajo, que si explica por qué estás cansado, estresado o sin energía; pero la realidad es bastante más compleja y, en muchos casos, menos alarmante de lo que parece.
Lo curioso es que el cortisol no es ningún villano, al contrario, es una hormona imprescindible para que todo funcione como debe. Está presente en casi todos los tejidos del cuerpo y participa en procesos clave como el metabolismo, el sueño o la respuesta al estrés, así que antes de demonizarlo conviene entender bien qué hace y cuándo realmente puede convertirse en un problema.
1El cortisol no es el enemigo
El cortisol cumple una función básica que muchas veces se pasa por alto, y es ayudarte a reaccionar cuando algo exige más de tu cuerpo. Cuando percibes una amenaza, ya sea física o emocional, el organismo activa una cadena de respuestas que terminan con la liberación de cortisol, y gracias a eso tienes la energía necesaria para responder.
Además, el cortisol no solo aparece en momentos de estrés, también regula procesos cotidianos como la inflamación, el sistema inmunitario o incluso el ritmo al que tu cuerpo usa la energía. Dicho de forma sencilla, sin cortisol no podrías vivir, y por eso los expertos insisten en que no tiene sentido verlo como algo negativo por defecto.
