El discurso de Salvador Illa en Sant Jordi marca un giro político claro: el president de la Generalitat ha utilizado el acto institucional del Palau para defender la regularización exprés de migrantes y declarar, sin ambages, que el Procés pertenece al pasado. Observamos una escenografía calculada al milímetro.
En el Saló Sant Jordi, rodeado de autoridades y con la tradicional chocolatada como telón de fondo, Illa ha pronunciado uno de los discursos más políticos desde su llegada al Palau. La jornada ha servido para que el president fijara dos marcos simultáneos: un Govern que reivindica la integración migratoria como motor económico y social, y una Cataluña que, según su relato, ha dejado atrás la década del procés independentista.
Por qué Illa elige Sant Jordi para marcar territorio
La elección del día no es casual. Sant Jordi es el acto institucional con mayor carga simbólica del calendario catalán después de la Diada, y lo es precisamente porque permite al president hablar a toda Cataluña sin el corsé del debate partidista del Parlament. Illa lo ha aprovechado para colocar dos mensajes.
El primero: la regularización de los migrantes ya asentados en Cataluña es, para el Govern, una prioridad económica. El president ha defendido que el tejido productivo catalán necesita esa mano de obra regularizada, que los servicios públicos la requieren y que la cohesión social se juega ahí. No ha mencionado cifras concretas durante el acto, pero la posición enlaza con el trabajo parlamentario que el PSC impulsa en el Congreso junto a otros grupos.
El segundo mensaje es más delicado. Al declarar superado el Procés, Illa pretende cerrar un ciclo. Su cálculo es que una parte creciente del electorado catalán, incluido el que en su día votó independencia, ha desplazado sus prioridades hacia vivienda, servicios y financiación. La calle dice otra cosa en según qué comarcas, pero los datos de IDESCAT de los últimos barómetros apuntan en esa dirección.
La respuesta de Puigdemont y la incomodidad de ERC
La reacción de Carles Puigdemont no se ha hecho esperar. El expresident, desde su trinchera habitual, ha acusado a Illa de guardar silencio sobre el déficit inversor del Estado en Cataluña y de utilizar Sant Jordi para dar por zanjado un conflicto político que, a su juicio, sigue abierto. La crítica, recogida por varios medios catalanes esta mañana, busca precisamente lo contrario de lo que Illa intenta: mantener viva la agenda del agravio territorial.
En paralelo, ERC observa con incomodidad el giro discursivo del president. Los republicanos sostienen la investidura de Illa y han pactado con el PSC la agenda de financiación singular, pero el relato del fin del Procés les complica internamente. No es lo mismo gobernar con los socialistas que asumir públicamente que la causa que vertebró su discurso durante una década ha caducado. Fuentes parlamentarias consultadas por esta redacción reconocen que la frase del president ha provocado un silencio elocuente en las filas republicanas.
Illa ha convertido Sant Jordi en el acto donde cierra simbólicamente el Procés y abre el marco migratorio como eje del Govern, a sabiendas de que incomoda a media investidura.
Lo que esto significa para el tablero con Moncloa
Analizamos el movimiento como un gesto hacia Madrid tanto como hacia Cataluña. Pedro Sánchez necesita un president de la Generalitat que le permita presentar a Cataluña como ejemplo de pacificación política, y a cambio Illa exige avances en la financiación singular y en la agenda migratoria, dos terrenos donde la colaboración bilateral es imprescindible. El precedente inmediato es la negociación del traspaso de Rodalies, que se ha encallado en varias ocasiones durante los últimos meses y que sigue sin cerrarse.
La comparativa con otras comunidades es reveladora: ninguna presidencia autonómica socialista ha asumido públicamente una defensa tan frontal de la regularización como la que hoy ha hecho Illa. Ni Page en Castilla-La Mancha, ni Lambán en su día en Aragón. El president catalán se posiciona a la izquierda del propio discurso del PSOE en migración, y lo hace con la cobertura institucional del Palau.
Queda una pregunta abierta. ¿Hasta dónde está dispuesta ERC a acompañar este marco sin perder perfil propio? El próximo pleno del Parlament, previsto para la primera semana de mayo, traerá debates de financiación y presupuestos que pondrán a prueba el equilibrio. Por ahora, nada roto. Pero la coreografía ha cambiado, y en el Palau lo saben.
El discurso de esta mañana no es un gesto aislado: es el inicio de una fase nueva en la legislatura, con Illa intentando capitalizar la normalidad institucional y sus socios calibrando hasta dónde les compensa seguirle el paso.

