El proyecto para desarrollar un caza europeo de sexta generación, el Futuro Sistema de Combate Aéreo (FCAS), ha naufragado este lunes tras el fracaso de las negociaciones entre Francia y Alemania. La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), brazo inversor del Gobierno, ha exigido a Indra un "análisis inmediato" sobre el impacto que el parón del programa —valorado en unos 100.000 millones de euros— tendrá en la compañía española, que participaba como socio de referencia en el consorcio industrial.
Ruptura franco-alemana: desacuerdo total sobre el reparto del trabajo
El presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, han llegado a la conclusión compartida de que las empresas implicadas no han logrado ponerse de acuerdo para construir un avión de combate conjunto. Fuentes del Gobierno germano confirmaron que Merz sugirió a Macron "que no se siguiera adelante con el desarrollo de un caza común".
El FCAS estaba llamado a reemplazar a los actuales Eurofighter y Rafale a partir de 2040. Sin embargo, las profundas diferencias entre la francesa Dassault y la división alemana de Airbus sobre el reparto de la carga de trabajo han resultado insalvables. Inicialmente se había pactado una participación del 33 % para cada socio, pero Dassault trató de hacerse con el control del 80 % del proyecto, lo que dinamitó la confianza.
Además, los requerimientos técnicos eran opuestos: París necesitaba un avión con capacidad nuclear y apto para portaaviones, capacidades que Berlín, según el propio Merz, no precisa actualmente. Estas divergencias estratégicas, unidas a la pugna industrial, han acabado con uno de los proyectos de defensa más relevantes de la UE.
La SEPI en el Congreso: "Le pediremos a Indra que analice de inmediato"
La presidenta de la SEPI, Belén Gualda, compareció esta mañana en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional del Congreso para dar cuenta de la crisis de gobernanza en Indra que se saldó con la dimisión de ángel Escribano y el nombramiento de ángel Simón. Durante su intervención, Gualda trasladó la urgencia con la que el accionista público está viviendo el desenlace del FCAS.
"España estaba apoyando ese proyecto común. Entendemos y esperamos y, desde luego, desde Sepi haremos lo posible como accionista de Indra y de Airbus para que lo que se planteó no tenga ninguna merma en la autonomía en la industria de defensa europea"
Gualda subrayó que la SEPI reclama a Indra —donde controla el 28 % del capital— una evaluación detallada de las consecuencias financieras y estratégicas del parón. Además, recordó que la propia SEPI es también accionista de Airbus (4,12 %), otro de los pilares del consorcio. "Le pediremos a la compañía que analice y traslade su análisis inmediato de determinadas cuestiones gubernamentales entre Francia y Alemania que tiene un impacto en estos proyectos europeos", afirmó.
Indra y la industria española, en vilo
La cotización de Indra acusó el golpe esta mañana: en los primeros compases de la sesión llegó a desplomarse un 5 %, aunque sobre la media sesión moderó la pérdida al 0,3 %. Los otros dos actores principales, Airbus y Dassault, registraban ligeras subidas del 0,04 % y del 0,45 % respectivamente hacia las 14:00 horas, lo que refleja que el mercado interpreta un mayor perjuicio para la firma española, que había apostado fuerte por el contrato.
El FCAS suponía para Indra una oportunidad de posicionarse en la vanguardia de la electrónica de combate, los sistemas de misión y las comunicaciones seguras. La compañía había ya destinado recursos a la fase de investigación y desarrollo y esperaba consolidarse como el socio tecnológico de referencia en el programa, junto a Airbus y Dassault.

Con el proyecto finiquitado, los próximos días serán determinantes para calibrar si las capacidades desarrolladas hasta ahora pueden reconducirse hacia otras iniciativas europeas de defensa —como el programa de drones EuroMALE o el futuro tanque de combate MGCS— o si, por el contrario, se esfuman 100.000 millones de euros en inversión prevista y años de esfuerzo industrial compartido.
Más allá del impacto en el parqué, la patronal del sector, TEDAE, evitó hacer declaraciones públicas, aunque fuentes del entorno apuntan a que se estudian ya contactos con el Ministerio de Defensa para buscar alternativas que mantengan a las empresas españolas dentro de los futuribles cazas de nueva generación. El batacazo del FCAS evidencia, una vez más, la dificultad de armonizar los intereses industriales y militares de las dos grandes potencias de la UE.

