Junts ha lanzado una ofensiva diplomática contra China en el Parlament con un objetivo claro: desgastar al Govern de Salvador Illa, que mantiene una relación comercial e institucional estratégica con Pekín.
Una propuesta sobre Taiwán que enfureció al consulado chino
La formación independentista presentó una batería de propuestas sobre Taiwán, Huawei y la minoría uigur. La iniciativa más sensible fue la relativa a la isla, en la que se instaba a reconocer a Taiwán como una democracia «estandarizable», condenar la presión militar china, y pedir «respetar la soberanía y libre determinación». El texto, defendido por el diputado Francesc de Dalmases, se alineaba con la posición de la UE.
La votación se celebró en la comisión correspondiente y contó con el apoyo de todos los partidos salvo la CUP, que no participó. Los socialistas introdujeron enmiendas para suavizar los puntos más conflictivos, conscientes de las tensiones que podían generar con Pekín.
China, socio imprescindible del Govern de Illa
La maniobra de Junts choca con la realidad económica: el Govern de Illa considera a China un aliado clave para atraer inversiones y abrir mercados. El president viajó al país asiático en 2025, y fruto de esa sintonía se materializó el rescate de la marca Ebro por parte del gigante Chery. Además, Huawei, con presencia histórica en Cataluña, ha ganado contratos de la Generalitat, lo que ha suscitado preguntas de la oposición por posibles conflictos con normativas europeas.
Los sucesivos ejecutivos catalanes han sido «muy cuidadosos» con las relaciones con China, según fuentes diplomáticas, por las posibles contradicciones entre los principios democráticos y el régimen autoritario.
El pulso de Junts no tiene recorrido legislativo, pero sí un evidente cálculo político: forzar una contradicción en el discurso socialista ante un socio económico imprescindible.
El consulado chino exige explicaciones y prepara nuevas andanadas
El consulado en Barcelona ya ha trasladado su malestar. Fue el presidente del Parlament, Josep Rull, miembro de Junts, quien recibió al Gobierno tibetano en el exilio al inicio de la legislatura, lo que tensó aún más la relación. El 8 de julio, el cónsul se reunió con Rull para pedir explicaciones. Fuentes del sector diplomático confirman que también contactaron con la conselleria de Acció Exterior de la Generalitat.
El Govern de Illa, sin compartir la política de «una sola China», lamenta el «politiqueo» de Junts. La Generalitat replica las posiciones oficiales españolas, pero este choque es inédito para un consulado acostumbrado a la prudencia catalana.
Y la ofensiva no ha terminado. En septiembre llegará una propuesta más dura, que denunciará campos de internamiento, pedirá sanciones de la UE y ofrecerá acogida a refugiados uigures.
