EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? Vecinos, comerciantes y conductores del entorno de Alonso Cano, entre José Abascal y Raimundo Fernández Villaverde, en pleno Chamberí.
- ¿Cuándo ocurre? Las obras acaban de comenzar este mes de julio de 2026 y se prolongarán hasta el verano de 2027.
- ¿Qué cambia hoy? La calle gana 1.211 m² de superficie peatonal y 120 árboles, pero el tráfico se reduce a un solo carril y las aceras estarán en obras durante un año.
A primera hora de la mañana de este sábado, la delegada de Obras, Paloma García Romero, y el concejal de Chamberí, Jaime González Taboada, han pisado la calle Alonso Cano para dar el pistoletazo de salida a una de las reformas más profundas que vivirá el distrito en los próximos meses. El Ayuntamiento de Madrid invierte 4,4 millones de euros en una remodelación que promete 120 árboles nuevos, más de 1.200 metros cuadrados de espacio exclusivo para el peatón y un año largo de cortes, zanjas y desvíos. La calle, comprendida entre José Abascal y Raimundo Fernández Villaverde, encara una transformación que ya ha empezado a levantar andamios y expectativas.
Qué gana el peatón con la nueva Alonso Cano
El proyecto se apoya en una premisa que el área de Obras repite cada vez que interviene un eje de distrito: reequilibrar el reparto de la calle. Los números cantan: 1.211 metros cuadrados de superficie peatonal que se arrebatan al asfalto actual gracias a una reducción del ancho de la calzada. El itinerario peatonal quedará libre de obstáculos porque todo el mobiliario, los alcorques y las farolas se concentrarán en una banda de servicio pegada al bordillo.
Junto a la ganancia en metros, el plan introduce lo que técnicamente se llaman espigones verdes: ensanchamientos puntuales de la acera que funcionan como pequeñas plazas con bancos y vegetación, protegidas del tráfico. La idea es crear zonas de estancia donde ahora solo hay paso, y de paso ayudar a combatir la isla de calor. Para ello se plantarán 120 nuevos árboles de especies caducifolias adaptadas al entorno urbano, más 1.950 arbustos y 430 metros cuadrados de zonas ajardinadas.
Se renueva también el alumbrado con luminarias led de alta eficiencia y se recolocan las farolas para mejorar la uniformidad lumínica. Bajo las bandas de aparcamiento se instalan dos nuevos colectores longitudinales que recogerán las aguas de lluvia a través de absorbederos y las derivarán a la red municipal. En total, se colocarán más de medio centenar de bancos y se diferenciará la pavimentación: losa de hormigón en la banda de paso libre y adoquín en la de servicio.
Lo que pierde el tráfico: un carril único y una circulación más lenta
La sección resultante deja un solo carril de circulación en el mismo sentido que mantiene la calle ahora, flanqueado por bandas de estacionamiento en línea. La diferencia es que la calzada se estrecha y, con ella, la fluidez del tráfico. La apuesta municipal es clara: el coche deja de ser el protagonista, aunque no se eliminan plazas de aparcamiento. Eso sí, los conductores tendrán que acostumbrarse a circular más despacio y a compartir un espacio en el que los peatones y los parterres ganan anchura.
El equipo de Gobierno lleva meses defendiendo esta fórmula en calles secundarias de la almendra central, y Alonso Cano se convierte en el último ejemplo. La obra busca mantener el equilibrio entre la movilidad vecinal y la renaturalización, pero no esconde que el objetivo es disuadir el tráfico de paso.
La Alonso Cano que viene será más verde y más cómoda para caminar, pero Chamberí suma otro año de obras sin una alternativa clara para los desplazamientos diarios mientras dura la reforma.
Chamberí, distrito de obras eternas: el precedente que marca la nueva Alonso Cano
Si hay un distrito acostumbrado a convivir con las zanjas, ese es Chamberí. En los últimos años hemos visto cómo calles como Santa Engracia o el entorno de la glorieta de Quevedo pasaban por quirófano con proyectos similares de reequilibrio y más verde. La Alonso Cano, además, conecta con el eje de Bravo Murillo, donde la reforma integral sigue su curso con un horizonte temporal todavía abierto.
Consultadas fuentes municipales, la previsión es que los trabajos se alarguen hasta el verano de 2027, un plazo que en obras de este calibre suele estar sujeto a imprevistos de colectores, hallazgos arqueológicos o simples retrasos de suministro. Con todo, el precedente más inmediato en el distrito —la renovación de la calle de Fuencarral— se cumplió en plazos y dejó un esquema de movilidad muy parecido: un carril, más árboles y aceras anchas.
En esta redacción vemos dos mensajes cruzados: el Ayuntamiento vende aún más metros para el peatón y una calle más eficiente, mientras los vecinos se preparan para otro año de cortes, polvo y desvíos. La pregunta que queda flotando es si los 4,4 millones de euros de inversión se traducen en una calle realmente vivida o si, como ha ocurrido en otras intervenciones, los nuevos espacios ganados se llenan más de terrazas que de vida vecinal. El tiempo —y la próxima primavera— lo dirá.
