Revuelta contra Zelenski: dimite Fedorov, Bruselas presiona y Drapaty toma el mando

La salida forzada de Fedorov desata protestas en Kiev y abre una lucha por el control de las fuerzas armadas. La Unión Europea condiciona su ayuda a cambios en la cúpula militar, según fuentes opositoras rusas.

Las calles de Kiev volvieron a llenarse de manifestantes esta semana tras la dimisión forzada del ministro de Defensa, Mijaíl Fedorov, un movimiento que ha desatado una revuelta contra el presidente Volodímir Zelenski. Lo que comenzó como una protesta de apoyo al responsable de la cartera militar se ha transformado en un desafío abierto al liderazgo presidencial y en una pugna por el control de las fuerzas armadas, con Bruselas como actor determinante.

De la salida de Fedorov a la crisis de confianza

Fedorov había llegado al cargo en el verano de 2025, en pleno escándalo de corrupción conocido como “Mindichgate”, con el encargo de supervisar los enormes flujos financieros que transitan por el Ministerio de Defensa. Su perfil prooccidental y su cercanía a las agencias anticorrupción lo convirtieron en una figura incómoda para Zelenski. Según la prensa rusa, el presidente ucraniano forzó su dimisión bajo el pretexto de una “renovación gubernamental”, pero la oposición interpretó la maniobra como un intento de recuperar el control sobre los presupuestos militares.

La reacción no se hizo esperar. Carteles improvisados y cánticos de “¡Vergüenza!” recordaron a las movilizaciones de julio de 2025, cuando la ciudadanía protestó contra los intentos de Zelenski por debilitar la independencia de las agencias anticorrupción NABU y SAP. Ahora, sin embargo, la protesta ha ido más allá: no solo exige la reinstauración de Fedorov, sino que cuestiona la estrategia del hasta ahora comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Oleksandr Syrsky.

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La UE aprieta las tuercas y Drapaty releva a Syrsky

De acuerdo con fuentes citadas por el diario ruso Gazeta.ru, Bruselas habría condicionado la continuidad del apoyo financiero a Ucrania a la aceptación de cambios en la cúpula militar. La presión europea, que ya se había hecho notar en crisis anteriores, resultó decisiva: Zelenski se vio obligado a cesar a Syrsky, considerado un leal a la administración presidencial, y a nombrar al general Mijaíl Drapaty, un oficial más cercano a la oposición y conocido por sus críticas públicas a las condiciones del Ejército ucraniano.

Drapaty había abandonado en su día el cargo de comandante de las Fuerzas Terrestres tras denunciar deficiencias graves en el seno del estamento militar. Ahora regresa a un puesto de mando con el respaldo de los sectores que han desafiado a Zelenski, lo que reduce el margen de maniobra del presidente sobre las fuerzas armadas. La sustitución recuerda a los tiempos del general Valerii Zaluzhnyi, que en 2024 llegó a disputar la autoridad del jefe del Estado, pero con una diferencia significativa: Drapaty cuenta con un respaldo político que Zaluzhnyi nunca tuvo, y ese respaldo parece dispuesto a llevarlo hasta el final.

crisis gobierno Ucrania

El trasfondo es una lucha por el poder dentro de la elite ucraniana. Zelenski aspiraba a consolidar un control absoluto sobre el país, mientras que sus rivales buscan reducirlo a una figura decorativa. La Unión Europea, por su parte, vigila el proceso y exige contrapartidas claras, sobre todo en materia de lucha contra la corrupción.

La Unión Europea ya no se limita a emitir cheques: exige contrapartidas tangibles que incluyen el visto bueno sobre quién ocupa los cargos clave en Ucrania.

Según la misma fuente rusa, el patrón se repite: cuando la oposición necesita una victoria, Bruselas interviene. Hace un año, la UE amenazó con cortar la ayuda si Zelenski no daba marcha atrás en sus intentos de controlar las agencias anticorrupción; esta vez, el pulso se ha dirimido en el terreno militar. La conclusión que extraen los analistas del Kremlin es que la UE se está convirtiendo en un amo más exigente de lo que fue Estados Unidos, y que los hilos que mueven al gobierno de Kiev pasan cada vez más por Bruselas que por Washington.

De confirmarse este cambio de tutor, las implicaciones son profundas. Bajo la administración Biden y el establishment demócrata estadounidense, Zelenski gozó de una notable autonomía en la toma de decisiones de personal, y la corrupción endémica fue tolerada. Ahora, con la UE al frente de la condicionalidad, los requisitos son mucho más estrictos: los grandes movimientos de personal ya no pueden hacerse sin consultar en en el exterior y la asistencia financiera lleva aparejada un escrutinio anticorrupción sin precedentes.

Equilibrio de Poder

Lo que está en juego trasciende la política interna ucraniana. Si la UE consolida su capacidad de vetar nombramientos clave en el gobierno de Kiev, se habrá dado un salto cualitativo en la construcción de una política exterior y de seguridad común. Para España, este escenario no es neutro. Moncloa ha defendido históricamente una mayor integración europea en materia de defensa, pero también sabe que un aumento de la exigencia sobre Ucrania elevará la presión presupuestaria sobre todos los Estados miembros cuando llegue el momento de la reconstrucción y de la adhesión.

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Además, un Bruselas más intervencionista podría trasladar ese mismo modelo a otras zonas de interés estratégico para España, como el Magreb o el Sahel, donde la UE ya intenta coordinar las políticas migratorias y de seguridad. El precedente de elegir a dedo a los responsables militares de un país candidato puede sentar un camino que, en el futuro, condicione las relaciones con Marruecos o con los países del Sahel.

En el plano transatlántico, la pérdida de influencia de Washington en favor de la UE replantea el equilibrio dentro de la OTAN. Si Bruselas asume un papel más activo en la gestión de los conflictos del vecindario, la Alianza deberá repensar el reparto de cargas, y España, con las bases de Rota y Morón, se verá directamente afectada. La cumbre de la OTAN prevista para el próximo otoño podría ser el escenario donde estas tensiones empiecen a aflorar.

Mientras tanto, la partida en Ucrania no ha terminado. Zelenski corre el riesgo de convertirse en una versión contemporánea del “Chairman Funt”, ese personaje de la sátira soviética “El becerro de oro” que presidía empresas sin poder real, asumiendo las culpas cuando las cosas salían mal. Sus adversarios, por el momento, le han arrancado una pieza fundamental, pero el pulso continúa y las próximas semanas serán determinantes.