Hubo un tiempo en el que As Pontes sonaba a carbón, a la humareda de la central térmica de Endesa y al trajín de los camiones que vaciaban la tierra para alimentar una de las mayores minas a cielo abierto de España. Hoy, ese mismo enclave es el mayor lago artificial del país, un espejo de agua de cinco kilómetros de largo que atrae a turistas, deportistas y aves. Y, desde esta misma semana, el nudo de Maciñeira —en el mismo municipio— ha sido designado como nudo de transición justa, lo que abre la puerta a un concurso para adjudicar capacidad de acceso a la red eléctrica a nuevos proyectos de energías renovables. Una metamorfosis que convierte a este rincón coruñés en el laboratorio gallego de la transición energética.
El lago de As Pontes, también conocido como lago de Puentes de García Rodríguez, fue inaugurado en 2012 despues del cierre de la mina que durante décadas suministró carbón a la térmica de Endesa. El hueco descomunal que dejó la explotación comenzó a llenarse de forma paulatina con agua de lluvia y de varios arroyos, hasta alcanzar en la actualidad una longitud de cinco kilómetros, dos de anchura y un perímetro de 18 kilómetros, de los cuales casi la mitad son de acceso público. Las cifras lo convierten en el lago artificial más extenso de España, un dato que resuena con fuerza en un municipio que apenas supera los 10.000 habitantes.
El entorno ha sido colonizado por una biodiversidad que nadie esperaba hace dos décadas: peces, aves acuáticas y una vegetación de ribera que ha suavizado las antiguas escombreras. El ecosistema se ha recuperado hasta el punto de que hoy se practican kayak, paddle surf y pesca deportiva. Las playas artificiales habilitadas para el baño y las rutas senderistas que rodean el lago son el principal imán turístico de la comarca, una postal verde que contrasta con el pasado industrial del lugar.
Una de esas rutas, la conocida como la Bidegorri gallega, es un circuito ciclista de 42 kilómetros con constantes subidas y bajadas que exige cierta pericia y regala vistas espléndidas sobre el antiguo complejo minero. En el recorrido se encuentra el mirador de Castrorroibo, presidido por una escultura de un corzo que, según la leyenda local, actúa como guardián del lago desde el Castro da Uz. La ruta arranca en la parte alta de la playa y puede completarse en unas cuatro horas; un paseo que resume la nueva vocación de As Pontes.
Más allá del lago, el municipio atesora un legado histórico que se remonta a la Edad Media, cuando fue un enclave estratégico y comercial del Camino Inglés. En su casco urbano aún se conservan edificios vinculados al comercio y al paso de los peregrinos. Y, como curiosidad que pocos conocen, As Pontes es la cuna de José María Rivera Corral, el fundador de Estrella Galicia. Nacido en la localidad, Rivera emigró a Cuba con quince años y, tras regresar a España, levantó uno de los imperios cerveceros más reconocibles del país.
As Pontes es la demostración de que una mina agotada puede transformarse en el mayor lago artificial de España y, ahora, en un polo de energías limpias.
La noticia de esta semana, sin embargo, tiene poco que ver con el turismo y mucho con la agenda verde del Gobierno central. El Ministerio para la Transición Ecológica ha comunicado que el nudo de Maciñeira 400 kV, situado en el municipio, será designado como nudo de transición justa. Esta figura, creada en el marco del Plan de Transición Justa, permite convocar concursos para adjudicar capacidad de acceso a la red eléctrica a proyectos de energías renovables que acrediten un impacto socioeconómico positivo en la zona. La intención es clara: atraer inversión, generar empleo y minimizar la huella ambiental en un territorio que ya ha sufrido el cierre de la minería y de la central térmica.
La designación de Maciñeira no es un hecho aislado. En la comunidad gallega ya existen otros nudos de transición justa —como el de Meirama, donde otra antigua mina de Endesa también ha sido reconvertida en lago—, pero el de As Pontes tiene un valor simbólico especial. El lago que hoy es orgullo paisajístico nació del socavón que dejó una de las mayores explotaciones de lignito del país, y el nuevo concurso energético promete prolongar la reconversión sin necesidad de ocupar nuevos terrenos naturales. El propio Ministerio subraya que se priorizarán los proyectos que generen actividad económica y empleo local, dentro de una estrategia de transición justa que ya se aplica en otras cuencas mineras del norte de España.
El Laboratorio Gallego
Galicia ha escrito en las últimas décadas un manual improvisado de cómo gestionar el fin de la minería del carbón. Tras el cese de la actividad en As Pontes y en Meirama, la Xunta y el Gobierno central han colaborado —con luces y sombras— en proyectos de restauración ambiental que hoy son visitados por delegaciones de otras regiones. El lago artificial coruñés, que empezó como un problema de seguridad por el enorme hueco minero, se ha convertido en un activo turístico y ahora en un nodo de energía limpia. Un recorrido que interesa a cualquier comarca que afronte el cierre de una central térmica o de una mina.
Lo que ocurre en As Pontes no es solo una anécdota local: ilustra cómo las políticas de transición justa, impulsadas desde el Ministerio para la Transición Ecológica, pueden aterrizar en un territorio concreto. El PPdeG, bajo la presidencia de Alfonso Rueda, ha mostrado su apoyo a este tipo de iniciativas, aunque la herencia de mayorías absolutas del anterior presidente, Alberto Núñez Feijóo, dejó un modelo de gestión autonómica que ha sabido atraer fondos europeos para la reconversión industrial. De hecho, Galicia ha sido una de las comunidades más beneficiadas por los fondos del Plan de Recuperación, en parte gracias a proyectos de energías renovables que encajan en la estrategia nacional, una dinámica que el PP ha utilizado en Madrid para defender el papel de las comunidades como gestoras eficaces de los recursos.
El siguiente paso es inmediato: el Ministerio publicará en las próximas semanas las bases del concurso para adjudicar la capacidad del nudo de Maciñeira. A partir de ahí, las empresas interesadas —principalmente promotoras de parques eólicos y fotovoltaicos— presentarán sus propuestas y se evaluará el impacto socioeconómico. El riesgo existe si la inversión no se traduce en empleo duradero para la zona o si el respeto ambiental no va más allá del papel. Pero si el modelo funciona, As Pontes podría convertirse en el espejo en el que se miren otras cuencas mineras en declive, desde el Bierzo a Teruel. Galicia, una vez más, ejerce de laboratorio.
Ficha del Caso
- El caso: La antigua mina de carbón de Endesa en As Pontes (A Coruña) se ha transformado en el mayor lago artificial de España y, ahora, el Gobierno central designa el nudo de Maciñeira como nudo de transición justa para proyectos de energías renovables.
- Datos importantes: Lago de 5 km de largo, 2 km de ancho y 18 km de perímetro. Nudo de Maciñeira 400 kV. Concurso de acceso a la red eléctrica inminente. Municipio de 10.000 habitantes.
- Resumen: La reconversión de un espacio minero degradado en un polo de turismo y energía limpia convierte a As Pontes en un ejemplo de transición justa con proyección nacional, que se suma a otros casos gallegos como el de Meirama.

