El auge de los platos listos para comer que pone en jaque a las marcas de alimentos

El consumo de platos preparados ha crecido un 55% desde 2022, reduciendo el tiempo medio de cocina a 24,5 minutos diarios. Juan Roig lo tiene claro: a mediados de siglo no habrá cocinas y las marcas de ingredientes ya sienten el golpeteo.

Todos hemos mirado el reloj a las ocho de la tarde sin ganas de picar cebolla. La cocina doméstica, antaño un ritual, se ha convertido en una carrera contra el sueño: 24,5 minutos de media, la mitad que hace una generación. Y esa realidad la están aprovechando los platos listos para comer: desde 2022 han crecido un 55% y ya colonizan el 78% de los hogares.

No es un fenómeno de oficina ni de viaje. Los datos de Worldpanel by Numerator muestran que este tipo de consumo se da principalmente en casa, a cualquier hora y a menudo en solitario. El precio pesa —un 28,4% lo elige porque sale más barato que la hostelería—, pero la verdadera fuerza que empuja el carrito es la conveniencia en todas sus formas: rapidez (13,4%) y la libertad de comer donde y cuando uno quiera (10,1%).

El secreto del éxito

  • El bolsillo manda: comparado con un menú de bar, el plato preparado gana por goleada en precio, y el consumidor lo sabe.
  • La urgencia del minuto: más de uno de cada cuatro compradores admite que va con prisa y necesita resolver la comida en menos de lo que tarda un reparto.
  • El sofá es el mejor restaurante: el 78% de los listos para comer se consumen en el domicilio, prueba de que la comodidad del hogar vence a la experiencia fuera de casa.

La gran damnificada de este cambio no es solo la hostelería. Las marcas que viven de que cocinemos en casa —desde el tomate frito hasta el aceite de oliva, pasando por las especias y las masas refrigeradas— se enfrentan a una paradoja incómoda: cada plato preparado que calentamos en el microondas es una oportunidad perdida para sus productos.

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La nueva coreografía del microondas

Primero llegó la prisa: el tiempo medio de cocinar cayó de forma silenciosa mientras la jornada laboral se alargaba. Luego, la pandemia normalizó pedir comida a casa y el lineal de los supermercados se llenó de propuestas. Cuando quisimos darnos cuenta, el 41% de los españoles ya confesaba que come deprisa y corriendo, casi sin sentarse.

El paso definitivo lo ha dado la ambición de gigantes como Mercadona. Juan Roig, su presidente, no esconde su apuesta: “A mediados del siglo XXI no habrá cocinas”, repite con una seguridad que hiela a los fabricantes de sartenes. Y los datos del panel le dan la razón: el plato único crece tanto para la comida (5,5% más que en 2020) como para la cena (3,3%), configurando un menú de un solo acto que jubila el primero y el postre.

Cuando una marca de aceite de oliva ve cómo un plato preparado sustituye el sofrito casero, la amenaza no es el precio: es la desaparición del gesto de cocinar.

Para las empresas de gran consumo, la reconversión es un rompecabezas. La categoría de listos para comer crece a doble dígito mientras el pasillo de ingredientes se encoge. Un tomate frito de bote ya no compite contra otro bote, sino contra un táper de albóndigas que incorpora su propia salsa. La cadena de valor se rompe justo donde antes arrancaba.

Variaciones y maridaje: qué está en juego para las marcas

Hay quien intenta sumarse al carro creando sus propias líneas de platos preparados, pero no es fácil improvisar una fábrica de comidas cuando tu negocio siempre ha sido vender harina. El reto es doble: precio inferior a la hostelería y la rapidez que pide el consumidor sin renunciar a márgenes decentes.

Jugar en casa tampoco es gratis. Los hábitos muestran que el 10,1% lo elige por la el ahorro económico la rapidez y la conveniencia de comer a la carta en el salón. Un detalle que obliga a las marcas a pensar en formatos individuales, envases aptos para microondas y logísticas de frío que no rompan el balance.

La opción vegetariana y sin gluten ya no es una variante, es casi un requisito para el 30% de los lanzamientos de 2026. Mientras, las marcas que resisten apuestan por ofrecer recetas «semi-listos»: platos que requieren solo un gesto —freír un huevo, añadir un chorro de aceite— para mantener vivo el ritual de cocinar sin que parezca una tarea eterna.

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Más contexto en la web oficial de Mercadona, donde su apuesta por Listo para Comer se ha convertido en el laboratorio de una tendencia que, en solo cuatro años, ha cambiado el mapa de la alimentación española.