Adiós al agua de Madrid con olor: el truco del chef para cocinar sin que estropee tus platos

El Canal de Isabel II confirma que el agua de grifo con olor a hospital es potable. Sin embargo, su sabor puede arruinar un arroz si no aplicas este gesto que los chefs usan a diario.

Abrir el grifo y que la cocina huela a hospital no es precisamente el prólogo que uno quiere para una cena. El pasado domingo, varias zonas de Madrid se despertaron con ese regalo: un agua del grifo de sabor y olor extraños. Y aunque el Canal de Isabel II aseguró que era perfectamente potable —trabajos de mantenimiento, dijeron—, para el que está friendo un sofrito o cociendo pasta, la frase ‘es potable’ no sirve de gran cosa.

Porque una cosa es que no te siente mal al estómago, y otra muy distinta que no te estropee el plato. He pasado por ahí. Hace años, en un viaje, el agua del hotel sabía a cloro rancio y me destrozó un risotto. Desde entonces, aprendí un truco de un chef que me salvó la vida en muchas cocinas ajenas. Hoy te lo cuento para que el agua de Madrid —esa que muchos presumen como la mejor del mundo— no te juegue una mala pasada cuando más la necesitas.

El secreto del éxito

  • Hervido previo: el calor expulsa los compuestos volátiles responsables del olor. Basta con llevar el agua a ebullición un par de minutos y desecharla: la segunda tanda sale casi inodora.
  • Aromatización sutil: añadir una hoja de laurel y una rodaja de limón al agua de cocción enmascara cualquier nota extraña sin dejar sabor a remedio.
  • Filtro doméstico: si tienes jarra filtrante de carbón activo, úsala. Si no, un filtro de café de papel colocado sobre un colador fino retiene partículas y reduce el olor.

Ingredientes

  • 1 litro de agua del grifo
  • 1 hoja de laurel
  • 1 rodaja de limón (con piel, bien lavada)
  • Opcional: 1 ramita de tomillo fresco

Paso a paso

Llena una olla con el agua del grifo. No hace falta medir: la que vayas a usar para tu receta. Llévala a ebullición fuerte y mantenla exactamente 2 minutos. Verás cómo el vapor arrastra ese aroma extraño —a veces incluso notas la diferencia al instante. Tira esa agua (los compuestos volátiles se habrán evaporado). Vuelve a llenar la olla con agua fresca del grifo y ya puedes cocinar como siempre. El olor habrá desaparecido casi por completo.

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Si el olor persiste un poco, aplica el truco de la aromatización: añade la hoja de laurel y la rodaja de limón al agua nueva. Calienta sin tapa hasta que hierva y luego baja el fuego para que se infusionen durante 3-4 minutos. Ahora tienes un agua aromatizada que neutraliza cualquier resto y aporta un fondo limpio a tus cocciones, ideal para arroces, pastas o verduras al vapor.

Este gesto no altera el sabor del plato final. El laurel y el limón se retiran antes de servir y su presencia es tan sutil que ni se nota, pero el olor a ‘hospital’ se convierte en un recuerdo lejano.

Una vez que sabes que el agua es potable, el verdadero enemigo en la cocina no es la toxicidad, sino el aroma que se queda pegado al arroz.

Variaciones y maridaje

Si el olor es especialmente intenso —como reportaron algunos vecinos que notaban incluso un ligero color anormal— puedes combinar el pre-hervido con un filtro de café de papel. Coloca un filtro sobre un colador, vierte el agua caliente a través de él antes de cocinar y verás cómo las partículas en suspensión disminuyen notablemente.

Para beber directamente, la solución más rápida es una jarra filtrante con carbón activo. Si no dispones de ella, llena una jarra de agua y déjala reposar destapada en la nevera durante 30 minutos; el cloro natural se disipa. En el caso de los cafeteros, un agua con olor a hospital puede estropear el espresso: usa siempre el filtro antes de verter en la cafetera.

¿Y para hacer caldos o fondos donde el agua es la protagonista? Aquí mi recomendación es clara: usa agua mineral embotellada. No vale la pena arriesgar el plato estrella de la semana. Para el resto de cocciones, el pre-hervido y el aromatizado funcionan de maravilla.