El pescado lleva años siendo uno de esos alimentos que aparecen y desaparecen del foco según la época, y que está muy ligado a tradiciones como la Cuaresma o el Viernes Santo, pero lo cierto es que va mucho más allá de una costumbre puntual y se ha ganado un sitio fijo en la mesa de quienes buscan comer mejor sin complicarse demasiado. El pescado encaja en casi cualquier dieta, es versátil en la cocina y, además, tiene ese equilibrio entre sabor y salud que no siempre es fácil de encontrar.
De hecho, este alimento no solo gusta por cómo sabe, sino por lo que aporta, ya que distintos estudios, como los de la Escuela de Salud Pública de Harvard, coinciden en que el pescado es una fuente de proteína de alta calidad y que destaca especialmente por sus ácidos grasos omega-3, además de vitaminas como la D o la B2 y minerales como el selenio. Todo esto hace que el pescado no sea solo una alternativa a la carne, sino una opción muy completa por sí sola, fácil de adaptar a distintos gustos gracias a la enorme variedad que existe.
1Reducir el riesgo de cardiopatías
El pescado tiene una relación bastante directa con la salud del corazón, y no es una afirmación al aire. La Universidad de Harvard ha analizado durante años cómo influye el consumo de pescado en el organismo y una de sus conclusiones más repetidas es que incluir pescado en la dieta puede ayudar a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares de forma significativa.
En concreto, varios estudios apuntan a que consumir una o dos raciones semanales de pescado graso puede disminuir el riesgo de muerte por cardiopatía en torno a un 36 %. El motivo está en esos omega-3 que contiene el pescado, que ayudan a mantener el ritmo cardíaco estable y protegen los vasos sanguíneos, algo clave teniendo en cuenta que el cuerpo no produce estos ácidos grasos por sí solo.

