Trump activa el Proyecto Libertad con 15.000 soldados en Ormuz

El Pentágono moviliza dos grupos de portaaviones y baterías Patriot tras los impactos confirmados por UKMTO contra dos cargueros. Teherán amenaza con romper el alto el fuego mientras Bruselas convoca un Consejo extraordinario de Energía para finales de mayo.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Estados Unidos ha activado el Project Freedom en el estrecho de Ormuz con 15.000 efectivos y cerca de un centenar de aeronaves para escoltar buques neutrales tras nuevos ataques contra cargueros.
  • ¿Quién está detrás? El Pentágono, por orden directa de la Casa Blanca de Donald Trump. Irán amenaza con romper el alto el fuego ante el cerco económico.
  • ¿Qué impacto tiene? Por Ormuz pasa el 20% del crudo mundial. España importa parte de su gas y petróleo por esta ruta y el Brent ya ha reaccionado al alza.

El Proyecto Libertad activa 15.000 soldados estadounidenses en el estrecho de Ormuz, según ha confirmado el Pentágono este lunes. La Casa Blanca formaliza así la mayor operación naval de escolta en el Golfo desde la Tanker War de los años ochenta.

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump moviliza un centenar de aeronaves, dos grupos de combate de portaaviones y unidades anfibias del Mando Central (CENTCOM). El despliegue cubre el corredor de Ormuz, paso obligado para una quinta parte del crudo mundial y para la mitad del GNL catarí que llega a las terminales europeas.

Plataformas implicadas y armamento sobre el terreno

El núcleo de la operación lo forman dos grupos de portaaviones: el USS Gerald R. Ford y el USS Dwight D. Eisenhower, con sus respectivas alas embarcadas de F/A-18 Super Hornet y F-35C. A ellos se suman destructores AEGIS clase Arleigh Burke, equipados con el sistema antiaéreo y antimisil estándar de la Armada estadounidense.

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Sobre el cielo del Golfo operan cazas F-22 Raptor desplegados en la base de Al Udeid (Catar), drones de reconocimiento MQ-9 Reaper y aviones de patrulla marítima P-8 Poseidon. La cobertura antiaérea en tierra la garantizan baterías Patriot PAC-3 y, según fuentes del Pentágono recogidas por la cadena estadounidense, una unidad THAAD reposicionada desde Arabia Saudí.

El detonante inmediato ha sido la confirmación, por parte del centro UKMTO de la Marina británica, de que dos cargueros han sufrido impactos de armamento no identificado en el estrecho en las últimas 72 horas. La autoría no está reivindicada. Por ahora, sin confirmación oficial.

Por qué Teherán amenaza con romper el alto el fuego

El Guía Supremo iraní y el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica han calificado el despliegue como ‘acto hostil que invalida los acuerdos de no escalada’ alcanzados el pasado otoño en Mascate. La Guardia Revolucionaria (IRGC) ha movilizado lanchas rápidas y baterías costeras de misiles antibuque Noor y Ghadir hacia la zona.

La lectura económica es clave. Las sanciones reactivadas por la administración Trump en marzo han hundido las exportaciones iranies de crudo al nivel más bajo desde 2020, según datos recogidos por la Agencia Internacional de la Energía. Teherán ingresa hoy menos de la mitad de lo que recaudaba con Biden y la inflación interna roza el 50%.

Y ahí está el matiz. La amenaza de cerrar Ormuz, repetida por el régimen durante cuatro décadas, vuelve a la mesa cuando el coste interno de no hacerlo supera al riesgo militar de intentarlo. El precedente más cercano lo encontramos en 2019, con los ataques con minas lapa a petroleros japoneses y noruegos atribuidos al IRGC por el CSIS.

Trump Irán bloqueo

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El cálculo del Pentágono es que el cerco económico funciona si la disuasión naval lo acompaña. Sin escolta, los armadores griegos, japoneses y surcoreanos derivan tráfico, las primas de seguro se disparan y el efecto sanción se diluye en mercado negro chino. Con escolta, la presión se mantiene.

El despliegue del Proyecto Libertad no es solo una operación naval: es la prueba de que Washington ha decidido que el coste de asfixiar a Teherán pasa por militarizar Ormuz, asumiendo el riesgo de un incidente mayor.

Equilibrio de Poder

El movimiento de la Casa Blanca redibuja tres ejes simultáneamente. En el eje Washington-Moscú, el Kremlin ha reaccionado con cautela: Irán es socio en el formato astaná y proveedor de drones Shahed-136 al frente ucraniano, pero Moscú no tiene capacidad ni voluntad de proyectar fuerza naval en el Golfo. La portavocía del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso se ha limitado a ‘lamentar la militarización del estrecho’. Bruselas, por su parte, oscila entre el respaldo formal a Estados Unidos y el temor real a un shock energético: la Comisión Europea ha convocado un Consejo extraordinario de Energía para finales de mayo.

Para España el impacto es directo y medible. Cerca del 35% del GNL que llega a las plantas de Mugardos, Sagunto y Barcelona procede de Catar y Estados Unidos vía Ormuz o vía rutas afectadas por la prima de riesgo del Golfo. Repsol y Cepsa-Moeve operan contratos con derivados crudos del Golfo que ya están repreciando. La base de Rota, sede del cuartel general de la VI Flota en Europa, no participa directamente en el despliegue de CENTCOM, pero sí en el sostenimiento logístico transoceánico que lo hace posible. En Moncloa, fuentes consultadas por esta redacción admiten ‘preocupación por el efecto en la factura energética y por la presión añadida sobre el compromiso del 5% del PIB en defensa’.

El precedente histórico es la Operación Earnest Will de 1987-1988, cuando Reagan reabanderó petroleros kuwaitíes para protegerlos de Irán. Aquella operación se cerró con el derribo accidental del vuelo IR655 por el USS Vincennes, 290 civiles muertos y un trauma diplomático que marcó dos décadas. La diferencia hoy es la densidad del tráfico, la presencia de buques chinos y rusos en la zona, y la existencia de armamento iraní de mayor alcance y precisión: misiles balísticos antibuque Khalij Fars y enjambres de drones Shahed.

La lectura estratégica es otra: el riesgo inmediato no es una guerra abierta sino un incidente no deseado que escale por error de cálculo. El historial de las últimas dos décadas en Ormuz —desde la captura de marines británicos en 2007 hasta los ataques con minas de 2019— sugiere que la fricción es estadísticamente inevitable. La próxima ventana crítica es la cumbre del G7 prevista para junio en Canadá y el informe trimestral de la AIE, que recalibrará la oferta global. El frente, hasta entonces, sigue donde estaba.