Garlic noodles: los tallarines al ajillo virales en 15 minutos

Nacidos en el restaurante Thanh Long de San Francisco en los años setenta, estos tallarines fusión se hacen en una sartén con mantequilla, ocho dientes de ajo y dos salsas clave. Listos en 15 minutos sin perder la gracia del original.

Llegas a casa, son las nueve y media, y la idea de pelar verduras te supera. Abres la nevera y ves un par de cabezas de ajo, mantequilla y un paquete de noodles olvidado. Ahí, justo ahí, es donde entran en juego los garlic noodles. La receta nació en los años setenta en el restaurante Thanh Long de San Francisco, regentado por la familia An, y desde entonces se ha convertido en uno de esos platos que cruzan fronteras sin pedir permiso.

Lo confieso: la primera vez que los hice quemé el ajo. Olía a cocina de bar de carretera y tuve que empezar de cero. El truco que voy a contaros es precisamente para que no os pase lo mismo, porque entre que el ajo se dora bonito y se vuelve amargo hay treinta segundos de margen. Ni uno más.

El secreto del éxito

  • Ajo confitado, no frito: el ajo va a fuego medio-bajo en mantequilla, hasta que perfume y apenas tome color. Si humea, está quemado.
  • Mantequilla con punto de sal: usar mantequilla con sal (a la francesa o tipo Soria) potencia el umami sin necesidad de añadir más sodio luego. Marca una diferencia enorme respecto a la mantequilla sin sal.
  • Salsa de ostras + soja oscura: el binomio que da color, brillo y ese sabor profundo que recuerda a comida de restaurante. No lo sustituyas por solo soja, queda plano.

Ingredientes para 2 raciones

  • 200 g de noodles al huevo (también valen tallarines chinos o, en apuro, espaguetis finos)
  • 50 g de mantequilla con sal
  • 8 dientes de ajo grandes, bien picados (sí, ocho, no es errata)
  • 2 cucharadas de salsa de ostras
  • 1 cucharada de salsa de soja oscura
  • 1 cucharadita de azúcar moreno
  • 2 cucharadas de queso parmesano rallado
  • Cebollino o cebolleta china picada para terminar
  • Pimienta negra recién molida

Cómo preparar los garlic noodles paso a paso

Pon a hervir agua con sal y cuece los noodles según indique el paquete, normalmente entre 3 y 4 minutos. Escúrrelos un punto antes de lo que crees, porque van a terminar en la sartén y no quieres que queden blandos. Reserva un cazo del agua de cocción, te hará falta para aflojar la salsa al final.

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Mientras tanto, en una sartén amplia derrite la mantequilla a fuego medio-bajo. Cuando empiece a espumar pero antes de que oscurezca, añade el ajo picado. Aquí viene la parte delicada: remueve constantemente durante 2 o 3 minutos, sin prisa, hasta que la cocina huela a gloria y el ajo esté apenas dorado, casi rubio. Si lo ves marrón oscuro, tira y empieza otra vez. Lo digo por experiencia.

Baja el fuego al mínimo y añade la salsa de ostras, la soja oscura y el azúcar moreno. Remueve para que se integre con la mantequilla y forme una emulsión brillante. Incorpora los noodles escurridos y saltea con pinzas o dos cucharas, levantándolos para que la salsa los envuelva por completo. Si ves que quedan secos, añade dos cucharadas del agua de cocción reservada.

Fuera del fuego, espolvorea el parmesano (sí, parmesano en un plato asiático, así lo hacen en Thanh Long y funciona), una buena vuelta de pimienta y el cebollino picado. Sirve inmediatamente, porque estos noodles no esperan a nadie.

Variaciones y maridaje

Si queréis convertirlos en plato único, añadid gambas salteadas aparte y sumadlas al final, o tiras de pollo marinadas en soja. La versión vegana funciona sustituyendo la mantequilla por mantequilla vegetal de buena calidad, la salsa de ostras por salsa de setas (existe específica, mismo color y textura) y el parmesano por levadura nutricional. No es idéntico, pero está muy rico.

Para conservar, mejor no. Los noodles con mantequilla recalentados pierden la gracia y se apelmazan. Si os sobra, comedlos fríos al día siguiente con un chorrito de aceite de sésamo, sorprende. En cuanto a bebida, una cerveza lager fría tipo pilsner limpia el paladar entre bocado y bocado mejor que cualquier vino. Si preferís vino, un riesling seco alemán aguanta el envite del ajo sin desaparecer.

Quince minutos, una sartén, ingredientes que probablemente ya tenéis. La cena rápida que no parece de cena rápida.

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