EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La OTAN reclama políticas actualizadas para intercambiar inteligencia generada con inteligencia artificial entre sus 32 miembros. El general de división Paul Lynch afirmó en el simposio GEOINT que los mecanismos actuales son obsoletos y se basan en excepciones.
- ¿Quién está detrás? El vicesecretario general adjunto de Inteligencia de la OTAN, general de división Paul Lynch, en representación de la Alianza.
- ¿Qué impacto tiene? Sin un marco común, la OTAN no puede aprovechar la velocidad que ofrece la IA para tomar decisiones militares. España y el resto de aliados deberán adaptar sus sistemas de clasificación y compartir modelos de IA, lo que afecta directamente a la interoperabilidad del flanco sur.
La Alianza Atlántica necesita sustituir sus politicas de intercambio de datos ‘antes de que la tecnología supere los marcos normativos’, advirtió este lunes el vicesecretario general adjunto de Inteligencia, general de división Paul Lynch. En el simposio anual GEOINT organizado por la Fundación de Inteligencia Geoespacial de Estados Unidos, el alto mando británico urgió a los 32 países miembros a reemplazar las soluciones temporales por un único modelo de inteligencia artificial, clasificación de seguridad y reglas de difusión comunes.
Actualmente, las naciones aliadas comparten inteligencia comercial a base de excepciones y soluciones provisionales, un ‘trabajo poco glamuroso’ que, según Lynch, ‘tendría un enorme impacto en la toma de decisiones militares’ si se sistematiza. La demanda de conocimiento procesable se ha disparado en un entorno global cada vez más contestado, con Rusia monitorizando el estrecho de Bering y China realizando ejercicios navales a las puertas de Taiwán.
Un lastre burocrático en plena carrera tecnológica
La cuestión se vuelve significativamente más compleja cuando la inteligencia se genera y procesa con inteligencia artificial. Lynch lo resumió con precisión: ‘Entonces ya no es solo quién puede compartir qué, sino qué modelo se utiliza, con qué datos de entrenamiento, bajo qué supuestos documentados y con qué umbral de confianza en qué contexto’. La Alianza necesita que todos los socios utilicen un mismo modelo de IA y una interfaz común, tanto para los socios comerciales como para las agencias nacionales.
El desafío no es tecnológico, sino de gobernanza. La OTAN tiene cientos de acuerdos de normalización (STANAG) que unifican desde los formatos de los mensajes hasta los procedimientos de defensa aérea. ‘La OTAN es bastante buena en gobernanza’, admitió Lynch, ‘la cuestión es si aplicamos ese mismo rigor a la IA antes de que la tecnología supere los marcos o después, y la respuesta se decidirá en los próximos años’.
La inversión en defensa sin inteligencia compartida es capacidad sin conciencia. La Alianza necesita un cerebro que una todos los sensores.
Un modelo común de IA para todos: la apuesta de Lynch
El vicesecretario general adjunto dejó claro que el objetivo no es imponer un sistema único desde arriba, sino construir un marco de confianza mutua que permita utilizar modelos de IA interoperables. La inteligencia geoespacial comercial —desde imágenes satelitales hasta el seguimiento de la flota rusa en el Ártico— representa hoy una parte creciente del input de la Alianza, pero su explotación con IA generativa requiere reglas que todavía no existen.
La cumbre de La Haya del año pasado marcó un hito al comprometer a los aliados a gastar el 5% del PIB en defensa para 2035, una meta que Lynch calificó de ‘ciencia ficción hace tres años’. Sin embargo, advirtió que ese esfuerzo económico será estéril si no se dedican fondos significativos a la inteligencia: ‘De nada sirve tener más capacidad si la información no llega a la persona adecuada, en el formato adecuado y en el momento adecuado’.

Equilibrio de Poder
La estandarización ha sido históricamente el pegamento de la Alianza. Los Acuerdos de Normalización de la OTAN (STANAG) permitieron que, durante la Guerra Fría, un proyectil alemán cupiera en un cañón estadounidense y que los aviones compartieran el espacio aéreo sin incidentes. Hoy se necesita un ‘STANAG para la inteligencia artificial’, y la ventana para crearlo se está cerrando. Moscú y Pekín no tienen que conciliar 32 legislaciones nacionales, lo que les da una velocidad de acción que Lynch identifica como la principal amenaza.
En clave europea, la urgencia es aún mayor. La administración Trump ha vinculado su compromiso con la OTAN al gasto militar, y los aliados han respondido con aumentos históricos. Pero sin una arquitectura de inteligencia compartida que aproveche la IA, el esfuerzo financiero se diluye. El Pentágono ya está desarrollando sus propios modelos de IA para el Mando Indo-Pacífico, pero la interoperabilidad con los socios europeos sigue dependiendo de ‘workarounds’. La lectura estratégica es que, si la OTAN no se dota de un marco común, cada aliado desarrollará su propia burbuja tecnológica, fragmentando la capacidad de disuasión colectiva.
Para España, el debate tiene implicaciones concretas. La Base Naval de Rota y los centros de inteligencia del CNI participan activamente en la vigilancia del flanco sur y del Sahel. Un modelo único de IA permitiría a los analistas españoles recibir alertas procesadas por sensores aliados en tiempo real, algo que hoy solo ocurre mediante acuerdos bilaterales. El año pasado, Moncloa autorizó un mayor intercambio de inteligencia geoespacial con la OTAN, pero aún falta un marco legal específico para la IA, que deberá conciliar la protección de datos soberanos con la exigencia de compartir modelos. Fuentes de Defensa consultadas por esta redacción apuntan a que el nuevo Jefe del Estado Mayor de la Defensa está impulsando un ‘hub’ de inteligencia artificial en la base de Morón, pero reconocen que sin estándares OTAN el proyecto perdería eficacia.
A medio plazo, la apuesta de Lynch por una interfaz común de IA choca con la inercia burocrática y con la desconfianza de algunos socios. Sin embargo, el precedente de los STANAG demuestra que, cuando hay voluntad política, la OTAN puede estandarizar incluso los aspectos más delicados de la guerra. La próxima cumbre de la Alianza, prevista para finales de 2026, será la prueba de si los líderes políticos están dispuestos a aplicar ese mismo rigor a la inteligencia artificial antes de que el campo de batalla digital les pase por encima.
