Ucrania se prepara para levantar su veto a las exportaciones de armas antes de que acabe 2026, con drones y sistemas antiaéreos como productos estrella, según ha confirmado el presidente Volodímir Zelenski. La medida, que pone fin a tres años de prioridad absoluta para el frente, está ya en fase de coordinación estatal y el Gobierno de Kiev trabaja en los detalles regulatorios para los primeros contratos.
La prohibición de exportar armamento rige desde la invasión a gran escala de 2022. Toda la producción de la industria de defensa ucraniana debía entregarse a sus fuerzas armadas. Sin embargo, el propio Zelenski reconoció el 29 de abril en redes sociales que ha abordado “en detalle con el ministro de Defensa” la puesta en marcha de las ventas al exterior. Ese gesto político ha abierto la puerta a una nueva fase en la economía de guerra del país.
Según el legislador Vadym Ivchenko, del partido Batkivshchyna, existe consenso entre las fuerzas políticas: “Atender las necesidades de las fuerzas de defensa como máxima prioridad es una condición fundamental para todas las partes. Solo después de eso se puede considerar la venta del excedente para atraer inversión”. La cautela se combina con la urgencia de mantener activas las líneas de producción. “2026 puede considerarse un plazo realista para los primeros contratos. Los retrasos llevarían a capacidad ociosa, un lujo inaceptable en tiempo de guerra”, añadió Ivchenko a Defense News.
El marco aprobado por la presidencia, bautizado como Drone Deals, coordina ya las condiciones de exportación. Los drones de ataque, reconocimiento y sistemas navales no tripulados figuran como productos insignia. Pero no serán los únicos: Ucrania también ofertará soluciones de software de gestión del campo de batalla, contramedidas electrónicas frente a sistemas de navegación y comunicación, e incluso componentes de aviación. Todo ello testado en un conflicto que no se veía en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La experiencia de combate es el principal argumento de venta. “Muchos países quieren soluciones probadas”, subrayó Ivchenko, y en ese mapa el Golfo Pérsico emerge como destino prioritario. Las monarquías de la región afrontan amenazas similares a las ucranianas: drones suicidas, misiles de crucero y sofisticadas interferencias electrónicas, en su caso con origen en Irán y sus proxies.
La necesidad de llenar las fábricas en tiempos de guerra y la demanda de sistemas testados en combate empujan a Kiev hacia un mercado de exportación que podría cambiar su economía de defensa.
Armas con sello de combate real
Los drones ucranianos han demostrado su eficacia frente a los Shahed-136 de fabricación iraní que Rusia emplea a diario. Los sistemas antiaéreos de corto alcance, como los misiles Stugna-P o las soluciones portátiles, han frenado helicópteros y aviones de ataque. Los compradores del Golfo buscan precisamente ese tipo de protección asimétrica, ya validada en las trincheras del Donbás.
Además, Kiev puede ofrecer integración de sistemas con plataformas occidentales, algo que encaja bien con los arsenales de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Catar, pesadamente dotados con material estadounidense y europeo. La experiencia ucraniana en interoperabilidad —forjada a marchas forzadas para absorber Patriots, NASAMS o IRIS-T— se convierte ahora en un valor exportable.
El Golfo, un mercado en tensión
Riad y Abu Dabi llevan años reforzando sus capacidades antimisiles y antidrones, pero los ataques de los hutíes desde Yemen y las tensiones con Teherán les obligan a diversificar proveedores. Ucrania podría ocupar un nicho complementario al de gigantes como Estados Unidos o Turquía, ofreciendo sistemas más baratos, de entrega rápida y con un historial operativo difícil de igualar.

El legislador Ivchenko confirmó que “los países del Golfo pueden considerarse clientes probables”, y añadió que “muchas naciones con riesgos elevados de seguridad” han mostrado interés. Kieve ya ha mantenido contactos preliminares, aunque los detalles de las negociaciones permanecen bajo secreto. El objetivo es que los primeros contratos se firmen en los próximos meses.
Equilibrio de Poder
El movimiento ucraniano tiene lecturas distintas según la capital desde la que se mire. Washington lo ve con buenos ojos: descargar a Ucrania de parte de la ayuda militar sin desmantelar su industria es funcional a la estrategia de la administración Trump de pivotar hacia el Indo-Pacífico. Bruselas, en cambio, siente una mezcla de alivio y recelo: mientras los Veintisiete intentan impulsar su propia base industrial de defensa, la irrupción de un competidor con costes de producción bajos y experiencia de guerra real puede tensionar los planes de la Agencia Europea de Defensa.
Para España, el impacto es directo pero contenido. La compañía Indra, líder en electrónica de defensa y sistemas antidrones, compite en varios programas del Golfo. Una oferta ucraniana agresiva podría erosionar sus opciones en contratos como el escudo antimisiles de Arabia Saudí o la protección de infraestructuras críticas en Emiratos. Fuentes del sector consultadas por Moncloa.com admiten que “habrá que vigilar los precios y las condiciones” porque Kiev puede ofrecer paquetes llave en mano con menos barreras burocráticas que los consorcios europeos. En Moncloa y en el Ministerio de Defensa se sigue el proceso de cerca, aunque sin alarmismo oficial.
La proyección a cinco-diez años es ambivalente. Si Ucrania consagra su estatus de exportador, podría alterar los flujos de armas en Oriente Próximo y en el norte de África, incluida la vecindad sur de España. La posible llegada de drones ucranianos a Marruecos o Argelia añadiría un factor de inestabilidad en el Magreb, donde ya se libra una silenciosa carrera armamentística. Moscú, por su parte, percibirá cada envío como una provocación, pero su capacidad de respuesta en términos de mercado es limitada porque su propia producción está volcada en el frente. Al final, el éxito de esta apertura dependerá de que Ucrania logre equilibrar su prioridad absoluta —defender el territorio— con la tentación de convertirse en un actor global de la industria militar. La primera ventana de concreción se abre en el segundo semestre de 2026, cuando el marco Drone Deals debe traducirse en contratos.

