Guerra USA-Irán: Trump lanza ataques en el estrecho de Ormuz

El CENTCOM bombardea centros de lanzamiento iraníes tras un ataque con misiles a tres destructores de la Armada en el estrecho de Ormuz. Trump asegura que el alto el fuego sigue vigente y califica la represalia de 'toque de amor'. Las negociaciones para un memorándum de paz avanz

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Fuerzas de EE.UU. bombardearon instalaciones militares iraníes en represalia por un ataque con misiles, drones y lanchas rápidas contra tres destructores estadounidenses en el estrecho de Ormuz.
  • ¿Quién está detrás? La Guardia Revolucionaria iraní lanzó los proyectiles; el CENTCOM respondió, mientras el presidente Trump habló de un ‘toque de amor’ y mantuvo el alto el fuego.
  • ¿Qué impacto tiene? El tránsito por el estrecho, por donde pasa un quinto del crudo mundial, se interrumpe de facto. La prima de riesgo energética se dispara y la diplomacia europea entra en alerta.

Estados Unidos golpeó este jueves posiciones militares iraníes en la provincia de Hormozgán después de que tres buques de guerra de la Armada estadounidense —los destructores USS Truxtun, USS Rafael Peralta y USS Mason— fueran atacados cuando transitaban el estrecho de Ormuz en dirección al golfo de Omán. Según la información confirmada por el Mando Central estadounidense (CENTCOM) y adelantada por Defense News, la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) lanzó misiles, drones suicidas y pequeñas embarcaciones de ataque rápido contra los tres buques de la clase Arleigh Burke, ninguno de los cuales resultó alcanzado. La respuesta del Pentágono no se limitó a interceptar los proyectiles: en un movimiento quirúrgico, destruyó los centros de lanzamiento de misiles y drones, los nodos de mando y control y las plataformas de inteligencia y vigilancia iraníes.

El presidente Donald Trump, lejos de elevar el tono, calificó los ataques de represalia como un ‘toque de amor’ y aseguró que el alto el fuego con Irán seguía en vigor. ‘No buscamos una escalada, pero responderemos con contundencia si nos provocan’, declaró en una entrevista con la cadena ABC News. La ambigüedad es deliberada: mientras el Pentágono mantiene la pausa en la Operación Proyecto Libertad —la escolta a buques mercantes en la zona—, los mandos del CENTCOM insisten en que no desean escalar, pero permanecen ‘en posición y listos para proteger a las fuerzas estadounidenses’.

Misiles, drones y lanchas rápidas: así fue el intercambio de fuego

El incidente comenzó sobre las 06:30 horas locales, cuando las defensas antimisil de los tres destructores detectaron un ataque coordinado. Los sistemas Aegis a bordo de los Arleigh Burke interceptaron varios misiles de crucero de corto alcance, mientras los cañones Phalanx CIWS derribaban drones Shahed-136 modificados y los sistemas de guerra electrónica intentaban desbaratar las comunicaciones de las lanchas rápidas. No hubo impactos directos. Sin embargo, la acción iraní fue calificada por el CENTCOM como ‘no provocada’, lo que desencadenó la represalia inmediata desde destructores, cazas F/A-18 embarcados en el USS Harry S. Truman —que opera en el mar Arábigo— y drones MQ-9 Reaper.

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Las imágenes del daño son limitadas, pero fuentes de la Armada confirmaron a esta redacción que los centros de lanzamiento ubicados cerca de Bandar Abbas y la isla de Qeshm quedaron ‘fuera de combate’ durante al menos 48 horas. No hubo declaración oficial de Teherán sobre las bajas materiales o humanas, aunque la televisión estatal iraní calificó la operación estadounidense de ‘acto de guerra’.

Respuesta de la Casa Blanca: entre la disuasión y la negociación

El doble mensaje de Trump —represalia militar y oferta de paz simultánea— ha sido una constante desde que asumió de nuevo el poder. El miércoles 6 de mayo, en un mitin en Atlanta, ya advirtió que la guerra se acabaría ‘rápido’ y dejó entrever un posible acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Hoy sabemos que Washington y Teherán están negociando un memorándum de paz que, de firmarse, supondría el cese de hostilidades y la supervisión internacional del enriquecimiento de uranio iraní. Mientras, el Pentágono mantiene la presión militar sin cerrar la puerta a una solución diplomática.

La paradoja del estrecho: un ‘toque de amor’ que deja fuera de juego los lanzadores de misiles iraníes mientras se negocia un memorándum de paz.

La comunidad internacional reaccionó con cautela. La OTAN activó sus canales de alerta en el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas de Ramstein, y varios miembros europeos, España entre ellos, elevaron el estado de sus fuerzas navales en el Mediterráneo. El Ministerio de Defensa español ordenó a la fragata Blas de Lezo, destacada en la Operación Atalanta en aguas del Índico, aumentar su nivel de vigilancia electrónica, aunque su zona de operaciones está lejos del área de conflicto.

Equilibrio de Poder

El intercambio en el estrecho de Ormuz no es un episodio aislado: recuerda a la ‘Guerra de los Petroleros’ de la década de 1980, cuando Irán e Irak atacaban buques mercantes y la Armada de EE.UU. respondió con la Operación Praying Mantis. Entonces, como ahora, la interrupción del tránsito de crudo —por ese cuello de botella pasa el 20% del petróleo mundial— disparó los precios y puso a prueba la cohesión de la Alianza Atlántica. Hoy, con Trump en la Casa Blanca y una UE que busca autonomía estratégica pero carece de medios navales propios en la zona, el equilibrio es aún más frágil.

Para España, las consecuencias son directas. Aunque la Península no depende del crudo que cruza Ormuz de manera inmediata —nuestro suministro principal proviene de Nigeria, México y Arabia Saudí—, un bloqueo prolongado encarecería el barril de Brent y pondría en riesgo el transporte marítimo internacional, incluidos los gaseros que alimentan el sistema energético europeo. El Ministerio de Asuntos Exteriores, que preside un José Manuel Albares más volcado en el Magreb, apenas ha esbozado un comunicado de ‘preocupación’. La diplomacia española no tiene capacidad de mediación en esta crisis: no está en el formato 5+1 que negoció el acuerdo nuclear de 2015 ni en los canales indirectos que Irán mantiene con Omán y Catar.

El verdadero riesgo inmediato no es una guerra abierta —ningún actor la desea—, sino una espiral de incidentes no controlados que provoque el cierre efectivo del estrecho. La próxima ventana crítica se abre con las conversaciones de paz en Mascate, previstas para dentro de diez días. Si Irán interpreta los ataques como una humillación, podría retirarse de la mesa. Y entonces, el ‘gran destello’ que Trump advirtió podría pasar de hipérbole a realidad.

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estrecho de Ormuz