EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Arabia Saudí ha denegado a Estados Unidos el uso de su espacio aéreo y de la base aérea Prince Sultan para la operación ‘Project Freedom’ en el estrecho de Ormuz, lo que obliga a una pausa inmediata del despliegue naval y aéreo estadounidense.
- ¿Quién está detrás? La decisión ha sido tomada por el Gobierno saudí, liderado por el príncipe heredero Mohamed bin Salmán, sin que Washington haya logrado hasta ahora revertirla.
- ¿Qué impacto tiene? La parálisis militar sobre una de las rutas del petróleo más sensibles del mundo ha provocado un repunte del precio del crudo Brent por encima de los 85 dólares, elevando la presión sobre los mercados energéticos globales.
Riad ha denegado a Washington el acceso a su espacio aéreo y a la base aérea Prince Sultan, claves para la ‘Operación Project Freedom’ en el estrecho de Ormuz, según ha confirmado NBC News. La decisión, sin precedentes en la última década, obliga a una pausa en la presencia militar estadounidense sobre una de las rutas petroleras más vitales del planeta, justo cuando las tensiones con Irán mantienen al Golfo Pérsico al borde del enfrentamiento.
Una puerta cerrada en el momento más tenso desde 2019
La base aérea Prince Sultan, situada a apenas 300 kilómetros de Riad, llevaba meses siendo preparada como el centro neurálgico de ‘Project Freedom’, el operativo estadounidense diseñado para garantizar la libertad de navegación ante las reiteradas amenazas de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz. La administración Trump había desplegado ya al menos dos destructores de la clase Arleigh Burke y una docena de cazas F-35 en las inmediaciones, a la espera de la autorización saudí para operar desde su territorio. Esa autorización nunca llegó.
Según las fuentes citadas por NBC News, la negativa se produjo de forma abrupta, sin las consultas previas que suelen caracterizar la relación entre ambos países. Desde la Casa Blanca no ha habido comentario oficial, pero dos portavoces del Pentágono han admitido que la operación está “en pausa” y que buscan alternativas, entre las que figura el uso de bases en Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Sin embargo, esos dos países mantienen un diálogo abierto con Teherán y podrían mostrarse igual de cautelosos a la hora de permitir que su suelo sea utilizado para una ofensiva directa contra Irán.
Esta negativa es la primera de tal magnitud desde 2019, cuando la propia Riad pidió a la administración Biden que retirase las baterías Patriot del reino. Ahora, con Trump de vuelta en la Casa Blanca y una relación transaccional con los aliados, la decisión cobra un matiz especialmente amargo para Washington. Donald Trump siempre ha presumido de tener la llave de la relación con los saudíes, pero en esta ocasión la llave no ha abierto la puerta.
El crudo se encarece: el Brent repunta más de un 3%
Por el estrecho de Ormuz pasa alrededor del 21% del comercio mundial de crudo, con unos 17 millones de barriles diarios. La sola noticia de que la protección militar estadounidense se ha visto comprometida ha bastado para que el precio del barril de Brent, de referencia en Europa, se haya disparado por encima de los 85 dólares, niveles que no se veían desde el pico de la crisis del mar Rojo a principios de año. Los futuros del West Texas Intermediate (WTI) también han registrado un alza superior al 2,5%.
Los analistas energéticos consultados por Moncloa.com advierten de que el mercado aún no ha descontado el peor escenario: que Irán interprete la retirada estadounidense como un éxito de su estrategia de intimidación y pase a hostigar activamente a los petroleros que transiten por la zona. “Hasta ahora, la disuasión funcionaba porque había una amenaza creíble”, señala una fuente del sector. “Si esa amenaza desaparece, estamos ante un problema serio”.
Lo que vemos en Ormuz no es una crisis diplomática más, sino un terremoto silencioso en el orden de seguridad que sostenía el flujo de petróleo mundial.
El impacto no solo se notará en el surtidor sino también en la inflación subyacente que los bancos centrales llevan meses tratando de controlar.
Equilibrio de Poder
La decisión saudí se produce en un tablero geopolítico cada vez más fragmentado. Moscú, aliado de Irán, podría ver con buenos ojos un estrangulamiento del tránsito por Ormuz, que elevaría los precios y dañaría las economías occidentales sin necesidad de disparar un solo misil. La Unión Europea, que importa cerca del 20% de su crudo a través del estrecho, afronta un escenario delicado: si la tensión se prolonga, Bruselas podría verse forzada a acelerar la diversificación de suministros iniciada tras la guerra de Ucrania, algo que llevará tiempo y dinero del que no dispone a corto plazo.
Para España, el efecto es indirecto pero real. No dependemos en gran medida del crudo de Oriente Medio – nuestro principal proveedor es Estados Unidos y después Nigeria y México –, pero un barril caro encarece de inmediato los costes de transporte y de toda la cadena logística, con un impacto especialmente duro en sectores como el turismo y el agroalimentario. Además, la presencia naval española en la misión europea de vigilancia del Golfo, la Operación Aspides, podría ganar en relevancia si Washington reduce su perfil, aunque por ahora fuentes de Defensa descartan un repliegue.
En una lectura a diez años, lo que ha sucedido esta semana resume mejor que cualquier discurso el mundo que viene: potencias medias como Arabia Saudí ya no aceptan un papel de comparsa en la seguridad que dicta Estados Unidos, y exigen condiciones concretas. Trump puede ver en ello una traición, pero también una oportunidad para renegociar los términos de la alianza. Lo que está claro es que la era en la que Washington daba por sentado el apoyo saudí ha terminado.

El próximo movimiento dependerá de si la Casa Blanca logra convencer a Riad con incentivos económicos o de defensa en los próximos días. O si, por el contrario, Irán decide que ha llegado el momento de pasar a la acción.

