EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Los altos el fuego unilaterales proclamados por Rusia y Ucrania para el Día de la Victoria colapsaron en horas con un ataque ruso de 108 drones de combate y tres misiles sobre Járkov y otras ciudades el 6 de mayo.
- ¿Quién está detrás? El Kremlin y Kiev se acusan mutuamente. Moscú amenaza con un ‘ataque masivo con misiles’ sobre el centro de Kiev si se producen represalias, mientras Zelenskyy reporta 1.820 violaciones rusas.
- ¿Qué impacto tiene? El colapso agrava la ofensiva rusa y consolida un patrón de treguas instrumentales que erosiona la credibilidad de cualquier negociación y deja a la OTAN ante un conflicto enquistado.
La madrugada del 6 de mayo, apenas unas horas después de que Rusia y Ucrania anunciaran sendas treguas unilaterales por la conmemoración de la capitulación nazi, el Kremlin lanzó un bombardeo con 108 drones de combate Shahed-136 y tres misiles sobre Járkov y otras ciudades ucranianas. El cese de las hostilidades concebido para el 8 y 9 de mayo —las fechas del Día de la Victoria— se derrumbó incluso antes de empezar oficialmente. El Ministerio de Defensa ruso había declarado un alto el fuego condicionado a que no se produjeran ataques contra su territorio, pero al mismo tiempo emitió una advertencia de evacuación para los residentes y el personal diplomático en Kiev y amenazó con un ‘ataque masivo con misiles contra el centro de la capital ucraniana’.
Del lado ucraniano, el presidente Volodímir Zelenskyy había proclamado una tregua a partir de la medianoche del 6 de mayo, aunque recalcó que no había recibido propuesta oficial alguna por parte de Moscú. ‘Responderemos de forma simétrica si Rusia rompe el cese de hostilidades‘, declaró. La respuesta no se hizo esperar: a las 10:00 de la mañana del mismo día 6, Zelenskyy informaba ya de 1.820 violaciones de la tregua por parte de las fuerzas rusas, incluyendo casi 30 operaciones de asalto y más de 20 ataques aéreos con más de 70 bombas planeadoras guiadas. Una guardería en la región fronteriza de Sumy fue alcanzada, con un saldo de al menos dos muertos. La madrugada siguiente, la ofensiva no cesó.
La escalada se inscribe en un patrón ya consolidado de ‘falsas treguas’ que ambos bandos utilizan como arma de información. Durante la Pascua ortodoxa de este mismo año, un alto el fuego de 32 horas colapsó con acusaciones cruzadas: Ucrania denunció entonces 2.299 violaciones rusas (cifra que posteriormente elevó a 10.721), mientras que Moscú acusó a Kiev de 1.971. Aquel episodio, como el actual, sirvió para alimentar el discurso de cada parte de que el adversario no tiene voluntad real de negociar.
La repetición de treguas unilaterales que se desploman en menos de un día no solo prueba la inviabilidad de los acuerdos tácitos: es una herramienta de desgaste informativo que vacía de sentido cualquier llamado a la paz.
El Día de la Victoria, que cada 9 de mayo conmemora la rendición de la Alemania nazi, solía ser una exhibición de músculo militar y diplomático. Este año, el desfile en la Plaza Roja de Moscú se celebrará en un formato muy reducido: por primera vez no habrá carros de combate, blindados ni lanzamisiles, y la presencia de academias militares se ha limitado. Las autoridades rusas adujeron ‘la situación operativa y las amenazas terroristas‘. Solo está prevista una pasada aérea. El desfile de San Petersburgo ha sufrido recortes similares, y la lista de líderes confirmados es minúscula: el eslovaco Robert Fico (que, en contradicción con declaraciones rusas, no acudirá a la parada) y el bielorruso Alexander Lukashenko. Un contraste con el año pasado, cuando 29 jefes de gobierno, entre ellos Xi Jinping y Lula da Silva, presenciaron el acto.

Equilibrio de poder
El fracaso de esta tregua, leído desde el eje Washington-Bruselas-Moscú, refuerza la percepción de que la guerra en Ucrania no tiene una salida negociada próxima bajo la actual administración Trump. La Casa Blanca mantiene una postura transaccional con la OTAN, exigiendo a los aliados europeos que eleven su gasto militar hasta el 5% del PIB, una cifra que el presidente español Pedro Sánchez parece estar dispuesto a aceptar tras meses de resistencia. Cada nuevo colapso de alto el fuego —como este del Día de la Victoria— añade presión sobre las capitales europeas para que incrementen su contribución a la defensa colectiva y asuman que el paraguas estadounidense ya no es gratuito. Para España, con sus bases de Rota y Morón en primera línea del dispositivo antimisiles de Estados Unidos y un flanco sur vulnerable en el Magreb y el Sahel, la perspectiva de un conflicto indefinido en Ucrania supone un doble riesgo: desvío de recursos hacia el este mientras la frontera con Marruecos y la inestabilidad en el Sahel exigen atención.
Desde el punto de vista estratégico, la repetición de treguas fallidas revela una doctrina de ‘alto el fuego por un solo día’ que ninguna de las partes tiene incentivos para cumplir. Moscú utiliza la amenaza de represalias masivas para forzar el cese de los ataques ucranianos sobre su territorio, mientras lanza drones desde la retaguardia sin asumir la ruptura formal. Kiev, por su parte, exhibe cifras de violaciones rusas para mantener la presión internacional sobre sus aliados. El resultado es un círculo vicioso que desacredita cualquier intento de mediación y aleja el horizonte de una paz pactada. Ello no hace sino agravar la fatiga de guerra que ya se palpa en varios socios europeos aunque, paradójicamente, refuerza el argumento de quienes, en Washington y en Bruselas, defienden la necesidad de seguir armando a Ucrania ‘el tiempo que haga falta’. La próxima cumbre de la OTAN en La Haya, prevista para junio, estará inevitablemente condicionada por esta dinámica: los líderes aliados tendrán que decidir si redoblan la apuesta militar o, por el contrario, exploran vías de desescalada que, tras episodios como este, parecen cada día más improbables.
El Kremlin, en todo caso, ha logrado mantener una capacidad asimétrica de castigo con drones baratos que saturan las defensas ucranianas, mientras la esperada contraofensiva de Kiev con blindados occidentales sigue sin materializarse con la contundencia prevista. El anuncio del ataque masivo sobre el centro de la capital, aunque quizás más intimidatorio que real, introduce un factor de incertidumbre adicional en las horas previas a la conmemoración del 9 de mayo. Observamos que el pulso entre las dos capitales no se dirime en el campo de batalla convencional, sino en el terreno de la información y la coerción simbólica. Y en ese tablero, la tregua volvió a ser papel mojado.

