La sacudida la ha provocado este martes Primer d’Octubre, la facción más radical de ERC, en plena resaca de la Diada. Según ha adelantado Crónica Global, este sector ha presentado ante la dirección del partido una petición formal para que se abra un expediente que desemboque en la expulsión del portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián.
La demanda, dirigida al presidente del partido, Oriol Junqueras, acusa a Rufián de haberse alejado ‘de manera evidente’ de los posicionamientos oficiales de la formación y de actuar con una ‘deriva personalista’ que, a juicio de Primer d’Octubre, resulta incompatible con la disciplina de partido.
La tensión interna entre el ala más independentista —heredera del espíritu del referéndum de 2017— y el aparato que representan Junqueras y Marta Rovira vuelve a aflorar cuando el Govern de Salvador Illa depende de los votos de ERC para sacar adelante sus presupuestos y consolidar la legislatura. La semana pasada, el propio Rufián participó en un acto en Barcelona junto a la exministra de Igualdad Irene Montero, un guiño a la izquierda que irritó a los sectores soberanistas más ortodoxos.
En esta redacción observamos que el movimiento no es casual. Primer d’Octubre, que en el congreso de finales de 2024 ya forzó un debate identitario sobre la vía unilateral, busca ahora un golpe de efecto que situe al partido ante una disyuntiva incómoda: reafirmarse en las esencias o asumir que su papel como bisagra de Illa exige contorsiones que incomodan a una parte de la militancia.
El portavoz en el Congreso ha sido durante años una figura mediática que conecta con un votante más urbano y menos identitario. Sin embargo, esa transversalidad le ha granjeado recelos dentro de un partido que, tras perder la presidencia de la Generalitat, necesita mostrar firmeza sin perder la influencia que le da tener 20 diputados en el Parlament y siete en Madrid.
El desafío a Junqueras llega, además, en un momento delicado. El president del grupo parlamentario republicano en la Cámara baja se enfrenta a la presión de Primer d’Octubre —cuyo nombre evoca la fecha más simbólica del procés— para que tome partido. La ejecutiva, de momento, guarda silencio. Fuentes de la dirección consultadas por Moncloa.com reconocen que el debate ‘no será sencillo’ y que la decisión, en ningún caso, se tomará antes del Consell Nacional previsto para la segunda quincena de mayo.
La patada al tablero de Primer d’Octubre tensa las costuras del pacto que mantiene a Illa en la plaza de Sant Jaume y a la dirección de ERC aferrada a una mayoría inestable.
Una fractura que se arrastra desde la sala de máquinas del procés
La petición contra Rufián no es un rayo en cielo sereno. Ya en 2025, durante la negociación de la amnistía y el techo de gasto con el PSOE, un sector de ERC tildó al portavoz de ‘demasiado cómodo’ en la dinámica de bloque con Sumar y Bildu. Aquellos murmullos, contenidos por la necesidad de estabilidad parlamentaria, rebrotan ahora con fuerza.
El contexto es clave. El Govern Illa —sostenido por el PSC, ERC y los Comuns— afronta la tramitación de unos presupuestos que necesitan el visto bueno de los republicanos. Cualquier síntoma de guerra interna en ERC podría retrasar la aprobación de las cuentas y dar argumentos a Junts, que desde el primer minuto ha buscado desgastar al tripartito de izquierdas.
En Moncloa.com hemos constatado que, justo esta mañana, los teléfonos del Palau y de la sede de ERC en la calle Calàbria echaban humo. La comunicación entre el entorno de Illa y el de Junqueras, siempre discreta, se ha intensificado para calibrar el alcance real de la revuelta. La consigna compartida es que no hay riesgo para la gobernabilidad, pero lo cierto es que la imagen de unidad se ha resquebrajado.
Qué cambia para Illa y para Moncloa
Si el órdago de Primer d’Octubre prospera y el expediente a Rufián avanza, el portavoz podría quedar descabezado justo cuando ERC necesita un perfil visible en Madrid. Ese vacío sería ocupado, probablemente, por un perfil más técnico y menos mediático, lo que restaría capacidad de interlocución con el Gobierno de Pedro Sánchez.
Para el president Illa, la inestabilidad en su socio prioritario es una mala noticia. Los presupuestos catalanes, que deben presentarse antes del verano, corren el riesgo de convertirse en moneda de cambio en la pugna interna, con el ala radical condicionando su apoyo a gestos soberanistas dificiles de encajar con las políticas del PSC.
Además, la situación devuelve a primer plano un asunto que tanto ERC como el PSC habían intentado aparcar: la batalla por el relato del procés. El hecho de que la facción lleve el nombre del 1 de octubre obliga a Junqueras a medir cada palabra si no quiere que la herida reabra justo cuando el Tribunal Constitucional tiene sobre la mesa varios recursos que afectan a la mesa del Parlament.
La calle, mientras tanto, dice otra cosa. El eco de la bronca interna apenas ha salido de los círculos del partido, y las bases permanecen a la espera. La pelota está en el tejado de Junqueras, quien debe decidir si la ortodoxia que demanda Primer d’Octubre merece el coste de debilitar su posición en el tablero estatal.
Si hay una fecha marcada en rojo, esa es la del Consell Nacional de ERC. Hasta entonces, el partido respira, pero con respiración asistida. Y el Govern Illa, por primera vez desde su investidura, mira de reojo a su socio consciente de que los números en el Parlament son tan justos que un portazo inesperado podría cambiarlo todo. El lunes lo veremos más claro.
