EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Lituania ha comprado 48 interceptores Merops a 15.000 dólares la unidad para derribar drones Shahed. Ucrania, mientras, abre la exportación de sus propios drones interceptores, que cuestan entre 1.000 y 3.000 dólares, y el Pentágono destina más de 600 millones de dólares a sistemas antidrón.
- ¿Quién está detrás? La OTAN, a través de sus miembros del flanco este; la Administración Trump, que acelera contratos; y Ucrania, que acumula experiencia de combate y capacidad industrial excedente para vender al exterior.
- ¿Qué impacto tiene? Se perfila un cambio doctrinal en la defensa aérea: los sistemas baratos cuestionan el modelo de misiles de millones de dólares. Para España, abre la puerta a una defensa antiaérea más asequible, especialmente en la frontera sur y el Sahel.
El coste de derribar un dron suicida Shahed-136 se desploma. La OTAN ha comenzado a comprar interceptores de bajo coste, de apenas 15.000 dólares la unidad, y Ucrania se lanza a exportar sus propios sistemas, aún más baratos y probados en combate. Los misiles Patriot, a más de 3 millones de dólares por disparo, empiezan a quedar fuera de la ecuación económica de la guerra de desgaste.
Acabar con un Shahed por 15.000 dólares: la apuesta de Lituania y del Pentágono
Lituania, país OTAN fronterizo con Rusia, compró el 22 de abril 48 interceptores Merops a la firma estadounidense Perennial Autonomy. El sistema, de 15.000 dólares por unidad, ya ha esta desplegado en Polonia y Rumanía en el flanco oriental y ha derribado drones Shahed en Ucrania y en Oriente Medio. El secretario del Ejército, , Dan Driscoll, confirmó el mes pasado que el Merops se usó contra Shaheds iraníes lanzados contra tropas estadounidenses. El Pentágono, tras quemar cientos de Patriot —cada uno con un coste de más de 3 millones de dólares—, compró 13.000 Merops en apenas ocho días.
La doctrina es diáfana: ‘Haremos ese intercambio todo el día’, dijo Driscoll ante el Congreso, defendiendo un sistema cuyo precio es apenas una fracción de lo que cuesta fabricar un Shahed-136. El Merops lo construye la startup de Eric Schmidt, exconsejero delegado de Google, y ha registrado más de 1.000 derribos de drones tipo Shahed en Ucrania desde mediados de 2024, según el medio militar ucraniano Militarnyi.
Ucrania exporta sus drones de 2.000 dólares: ¿fin del monopolio industrial estadounidense?
Mientras la OTAN compra tecnología estadounidense, Ucrania ya vende sus propios interceptores. Empresas como General Cherry ofrecen drones a reacción —el modelo Bullet— capaces de alcanzar los 300 km/h y los 6.000 metros de altitud, con guía FPV y confirmación visual de derribo a través del sistema Delta. Su coste: entre 1.000 y 3.000 dólares por unidad. En febrero, el Bullet registró 3.296 derribos verificados, según su cofundador Stanislav Gryshyn. Otros sistemas ucranianos —el P1-SUN de SkyFall o el Sting de Wild Hornets— dominan la flota interceptora del país, con más de 11.000 derribos en marzo solo de la familia General Cherry.
Zelenski presentó el 27 de abril un marco de exportación de armamento que destinará al exterior el excedente de producción —hasta un 50 % en algunos sectores— apuntando a Europa, Oriente Medio y el Cáucaso. La lección de Kiev es clara: cuando Rusia lanza 6.663 drones en un mes, con una media de 222 por noche en abril, la defensa aérea no puede basarse en sistemas caros. ‘Cuando necesitas derribar 60 Shaheds a la vez, necesitas sistemas de 2.000 dólares, no complejos de 15.000’, afirmó Gryshyn. El Pentágono declinó en agosto ayudar a Ucrania a escalar su producción; ahora Kiev abre mercado por su cuenta.
El gasto militar estadounidense en antidrones ya supera los 600 millones de dólares desde el inicio de la guerra con Irán, y el secretario de Defensa Pete Hegseth anticipó esta semana que el presupuesto para drones en el año fiscal 2027 será de ‘74.000 millones’, incluidos los sistemas de contramedidas. La competencia es feroz: en el programa ‘Drone Dominance’ del Pentágono, dotado con 1.100 millones, dos de los seis mejores sistemas son de diseño ucraniano.
El modelo de defensa aérea basado en misiles de millones de dólares se está resquebrajando: Ucrania ya demuestra que la saturación de drones baratos cambia las reglas del combate y del presupuesto de defensa.
Equilibrio de Poder
El tablero estratégico se reconfigura alrededor de un principio de asequibilidad. La OTAN, tradicionalmente anclada en sistemas de alta intensidad (Patriot, SAMP/T, NASAMS), se ve forzada a incorporar interceptores de bajo coste para sostener una guerra de desgaste que Rusia lleva a la práctica diaria. Moscú, con drones Shahed de origen iraní y réplicas propias, ha impuesto un modelo de saturación que explota la asimetría de precios. Si un Shahed cuesta unos 20.000 dólares y exige un misil de 3 millones para derribarlo, la ventaja financiera está del lado del atacante.
Para España, la lección tiene traducción inmediata en la frontera sur. Los drones comerciales y los posibles vectores suicidas desde el Magreb o el Sahel —una zona de creciente inestabilidad— obligan a repensar la defensa antiaérea de Ceuta, Melilla, las bases de Rota y Morón, y los despliegues en misiones de paz. Con un gasto en defensa que en 2025 apenas rozaba el 1,3 % del PIB (según datos de SIPRI), y la presión de la OTAN para alcanzar el 2 % —o incluso el 5 % si se imponen las exigencias de Trump—, la compra de sistemas interceptores baratos, preferentemente de fabricación europea o en colaboración con Ucrania, podría aliviar la factura de modernización sin perder capacidad disuasoria. Fuentes de Moncloa consultadas por esta redacción indican que el Ministerio de Defensa evalúa desde hace semanas la posibilidad de lanzar un programa de interceptores de bajo coste, con la vista puesta en la experiencia ucraniana y en las necesidades del flanco sur.
A medio plazo, la proliferación de interceptores baratos puede alterar el mercado europeo de defensa. En Bruselas, la Agencia Europea de Defensa (EDA) ha impulsado varios proyectos antidrón, pero ninguno ha alcanzado la madurez operativa del Merops o del Bullet. El FCAS y el Eurodrone, banderas de la industria europea, avanzan lentamente mientras los Shahed siguen cayendo sobre las ciudades ucranianas. Fabricantes como Airbus, Thales o Indra podrían verse obligados a buscar alianzas con startups ucranianas o estadounidenses para no quedar relegados. El impulso exportador de Ucrania, además, introduce un nuevo actor en el club de los vendedores de armas, con una legitimidad ganada en combate que ningún otro aliado de la OTAN ostenta.
Para España, la oportunidad no es solo de ahorro, sino de posición industrial: convertirse en plataforma de ensamblaje y distribución de interceptores ucranianos hacia Iberoamérica, donde también crece la demanda de defensa antidrón. La próxima cumbre de la OTAN, prevista para junio en La Haya, será el termómetro de hasta qué punto esta revolución de los drones baratos ha calado en la doctrina aliada.

