Sindicatos convocan huelga de profesores en Catalunya: fechas de mayo y junio

Los sindicatos Ustec·Stes y CCOO han convocado tres jornadas de paro para reclamar mejoras salariales y reducción de ratios. La protesta afectará a todas las etapas de la educación pública en Catalunya, con servicios mínimos aún pendientes de fijar por la Generalitat.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿A quién afecta? Profesorado y alumnado de centros públicos de educación infantil, primaria y secundaria de toda Catalunya.
  • ¿Cuándo ocurre? Los paros están convocados para el 12 y 27 de mayo y el 5 de junio de 2026.
  • ¿Qué cambia hoy? Las familias con hijos en la pública deben prever que esos días puede no haber clase si los servicios mínimos no los cubren por completo, y esperar a que la Generalitat concrete el plan de atención.

Los sindicatos Ustec·Stes y CCOO han confirmado este martes la convocatoria de tres jornadas de huelga en la educación pública catalana: 12 y 27 de mayo, y 5 de junio. La protesta llega después de seis meses de negociaciones con el Departament d’Educació sin avances en las dos reivindicaciones que los sindicatos consideran irrenunciables: una subida salarial que compense la pérdida de poder adquisitivo y la reducción de ratios en las aulas.

Según fuentes sindicales consultadas por Moncloa.com, la decisión se tomó anoche en asambleas que agruparon a más de 2.000 delegados. Los paros afectarán a todos los centros públicos de infantil, primaria y secundaria, aunque los sindicatos admiten que el seguimiento puede variar según la comarca.

Calendario de paros y centros afectados

Las tres fechas elegidas dibujan un goteo pensado para mantener la presión sin diluir el impacto. El primer paro, el 12 de mayo, servirá de termómetro. El del 27 de mayo coincide con la recta final del curso, y el del 5 de junio busca incidir justo antes de los exámenes finales.

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El Departament d’Educació aún no ha detallado los servicios mínimos. La previsión es que se fijen entre un 30% y un 50% de la plantilla, como en huelgas anteriores, aunque los sindicatos advierten que en muchas escuelas la falta de sustitutos puede dejar aulas sin atención incluso con el porcentaje mínimo cubierto.

Reivindicaciones: salarios y ratios, en el centro de la protesta

El conflicto arranca con dos exigencias concretas. La primera, una subida salarial lineal que compense el IPC acumulado desde 2021, que los sindicatos cifran en un 14,6% de pérdida de poder de compra. La segunda, una reducción de las ratios máximas de alumnos por clase: pasar de 25 a 20 en primaria y de 30 a 25 en secundaria.

Las centrales recuerdan que el acuerdo de legislatura firmado en 2025 incluía una cláusula de revisión salarial vinculada al IPC catalán, que, según ellas, no se ha aplicado. La Generalitat asegura que la propuesta está sobre la mesa, pero condiciona los incrementos a la aprobación de los presupuestos autonómicos, algo que no se resolverá antes del verano.

Seis meses de mesas sectoriales y, a día de hoy, ni un solo documento que garantice que los maestros recuperarán lo perdido desde 2021.

Un conflicto que se alarga: precedentes de movilizaciones docentes en Catalunya

No es la primera vez que las aulas catalanas se vacían por una huelga. En marzo de 2022, los mismos sindicatos paralizaron la educación pública durante dos días con un seguimiento superior al 60%, según sus datos. Aquella vez consiguieron arrancar un complemento salarial de 120 euros mensuales, pero la inflación posterior se lo comió en menos de un año.

El precedente deja una lección: las huelgas en educación suelen ganar apoyo cuando las familias perciben que el deterioro de las condiciones docentes afecta directamente a la calidad de la enseñanza. En esta ocasión, las asociaciones de padres y madres (aFFaC) han mostrado su respaldo a las reivindicaciones, aunque aún no han decidido si secundarán los paros con cierres simbólicos.

El calendario, no obstante, juega en contra de la Generalitat. Con las elecciones municipales de 2027 en el horizonte y un Govern que necesita estabilidad parlamentaria, un conflicto largo en las aulas puede erosionar la imagen de gestión eficaz que Illa quiere proyectar. Los sindicatos lo saben y dosifican las protestas para mantener la atención mediática sin agotar a las familias antes de junio.

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