El fiscal Anticorrupción Alejandro Luzón peina canas y eso se nota. Este pasado miércoles dio una lección magistral de derecho penal a sus oponentes, las defensas de Koldo García, José Luis Ábalos y Víctor de Aldama. En realidad, dio una lección gratis de derecho penal y procesal a todos los asistentes al juicio que se ha celebrado durante un mes en el Tribunal Supremo. Luzón midió los tiempos, calificó delitos, justificó reducciones de pena y argumentó uno a uno los delitos que se le atribuyen a los acusados, con vocación didáctica para que todo el mundo lo entendiese y sin la posibilidad de réplica alguna. Luego, después de dos horas de informe, se recostó en su sillón y por primera vez en un mes, sonrió, como quien por fin soltaba una pesada carga.
El juicio comenzó con un pequeño espectáculo, con la abogada de la Asociación de Abogados Demócratas por Europa (ADADE), una de las acusaciones populares que no ha estado en ninguna fase del proceso y que ayer apareció por vez primera en el Alto Tribunal, protestando por la petición de rebaja de pena a Aldama a lo que se oponía. El presidente del Tribunal, Andrés Martínez Arrieta, no movió ni una pestaña para decirle que se tenía que atener a lo ya acordado para el resto de acusaciones populares.
La chica del 17
Tras el show comenzó el alegato del fiscal Luzón, que incluso se permitió comparar momentos de su informe con escenas de película como «La chica del 17», cuando ejemplificó una conversación entre Koldo García y el ex ministro Ábalos, grabada por el primero, donde Koldo se escandaliza de que Ábalos gastase 470.000 euros en dos años. «De dónde saca pa´tanto como destaca» dijo Luzón y luego se remitió a Casablanca, cuando un oficial nazi pide que se cierre el bar de Risk (Humprey Bogart) al capitán Renault y cuando este pregunta el motivo el oficial alemán le pide que se invente uno. «Qué vergüenza, me he enterado de que aquí se juega señor Risk, qué vergüenza, cierre esto ahora mismo», dice el capitán Renault mientras un camarero le entrega las ganancias obtenidas en la ruleta unos minutos antes. Los periodistas más jóvenes se preguntaban unos a otros con la mirada qué habría querido decir Luzón.
La cuestión es que así ha visto el fiscal la película de esta trama. Pero antes, había dicho, casi lo primero que dijo fue eso, que «Pedro Sánchez no era el número 1», a pesar de que lo hubiese dicho Aldama durante su declaración, así «mataba» dos pájaros de un tiro: contentaba a su jefa, la Fiscal General del Estado, y ponía cordura en la causa.
Mientras iba desgranando delitos y ejemplos de la comisión de los mismos y por tanto el argumento de organización criminal, calificaba de «fidelísimo» a Koldo García, respecto de Ábalos, hablaba del lenguaje convenido de las «lechugas», «chistorras» y el café (teléfonos seguros) introducía la figura del «arrepentido» con Aldama.
El ornitorrinco y un imperativo legal
Aquí de nuevo se le notaba a Luzón que tiene más tablas que el coso de Las Ventas para recordar el famoso «ornitorrinco» de la Causa Fondos Reservados de hace 30 años. Cuando dos secretarios de Estado, de un gobierno socialista, fueron juzgados y condenados gracias a la declaración de un arrepentido. Lo del «ornitorrinco procesal» lo había sacado la abogada de Koldo el jueves anterior para calificar el comportamiento procesal de Aldama, acusado y acusador al mismo tiempo.
Luzón recordó este momento para justificar que «por imperativo legal» no podía rebajar su petición de 7 años de cárcel para Aldama, pero que estaría encantado de no oponerse a que la acusación popular la rebajase, si lo estimaba oportuno. Algo que así ha sido, ya que la acusación popular pasó de pedir 7 años de cárcel para Aldama a 5 años y 2 meses.

Dijo el fiscal que las pruebas de cargos son «demoledoras, basta con seguir las cadenas de whatsapps, que están completamente volcados en las evidencias», respondiendo así a las quejas de Koldo y Ábalos de que las conversaciones estaban descontextualizadas. Habló de los pagos reflejados en esos mensajes, recordó uno de «Moreno diciendo a Serrano que pagaron a Koldo ayer», ambos socios de Aldama.
«Explicación patética y conmovedora»
El fiscal tuvo palabras de recuerdo para Joseba García Izaguirre cuando calificó sus explicaciones acerca del lío aquel del coche, por el que se veía con Aldama «durante un año completo», de explicación «patética y conmovedora», así como los mensajes con su hermano Koldo: «¿cuánto son 10 mil dólares?» y la respuesta inmediata de éste «8.800 euros». Luego recordó que Joseba hizo transferencias a Koldo García por valor de 97.400 euros y dejó sin efecto la explicación de Koldo de que los pagos en metálico eran del PSOE, porque «si eran gastos que el partido retribuía el impacto patrimonial debería haber sido neutro». El fiscal venía a decir que esas reuniones con Aldama eran para cobrar los 10 mil euros mensuales que el comisionista pagaba a la trama.
Luzón añadió que durante el período investigado por la UCO se demostró que Koldo García pagó 94.800 euros a Ábalos sin justificación y que, en el mismo período, Ábalos jamás sacó efectivo de un cajero automático ni lo retiró del banco.
Así llegó hasta marzo de 2020 cuando dijo que como Aldama andaba por el ministerio de Ábalos «no iba a dejar escapar el lucrativo negocio de las mascarillas» y dejó claro que no era objeto de litigio la legalidad del contrato, sino el uso de la información privilegiada para conseguir ese contrato y que «se ajustó el objeto del contrato en favor de los intereses de los vendedores, no del ministerio», para explicar el paso de 4 a 8 millones de mascarillas.
Para explicarlo hizo un cotejo por fechas. El 14 de marzo «Aldama se entera de que se van a necesitar mascarillas», el día 16 «se firma un contrato entre Soluciones de Gestión y Aldama y en anexo I ya se habla de un encargo de Puertos del Estado de 8 millones de mascarillas», el día 19 «el MITMA le encarga la compra a Puertos del Estado», el día 20 de marzo «llega la oferta de Soluciones de Gestión al subsecretario del MITMA», ese mismo día por la tarde «se firman las dos órdenes ministeriales por 4 millones y luego 8 millones de mascarillas», el día 21 se publicaba la oferta en el BOE y los días 23, 24 y 26 de marzo «llegan las ofertas de otras empresas a Puertos» y el 25 de marzo se «amplía la compra a 5 millones más de mascarillas» y esta última compra para el fiscal «carece de justificación, porque incluso la previsión se haría el 25 de abril, ya encargadas las compras».
Sobre el pago del piso de Jésica, la ex pareja de Ábalos, «a igual quien se la presentase a Ábalos, eso es irrelevante. Lo importante, explicó Luzón, era «por qué Aldama pagó ese piso a través de un socio» y por qué «Koldo presionó a Pardo de Vera para que en febrero de 2019 enviase el Currículum de Jésica a ADIF». Esta contratación junto a la de Claudia Montes las ubicó dentro del presunto tráfico de influencias y en el caso de Montes rechazó la existencia de malversación, «porque parece que finalmente sí acudió a trabajar», añadió.
Luego llegó el chalet de Villa Parra, aquel de Marbella que Koldo le dijo a Ábalos que era «gratis por las molestias ocasionadas» tras el rescate de Air Europa y el famoso comunicado-nota de prensa del MITMA anunciando el rescate. Luzón recordó que Ábalos había declarado que el alquiler lo pagaron entre las cinco familias que se alojaron aquel mes de agosto allí, tras adelantar Patricia Úriz, pareja entonces de Koldo, 1.800 euros en una transferencia y 8.000 euros en mano, porque recaudó una parte a cada uno de los invitados, pero Luzón lo redujo a una anécdota cuando dijo que «no me imagino al ministro pasando el platillo entre los familiares invitados». Lo cierto es que la imagen resultaba ridícula.

Terminó Luzón su intervención de dos horas echando un capote a Aldama al reconocer la figura del arrepentido y explicar que su declaración fue «determinante» para destapar la trama. Luego dio las gracias al Tribunal y respiró con los deberes hechos.
Tras aquello hubo un receso de 15 minutos y Luzón aprovechó para atender a invitados y parte de la Prensa en el hall de entrada a la sala de plenos. Lo cierto es que el fiscal gana en cordialidad y simpatía una vez relajado de los deberes e incluso hizo bromas explicando que ahora tenía que «aguantar todo lo que dijeran las partes que quedan por hablar, sobre mi informe, pero sin poder defenderme».
Tras Luzón llegó el turno de la acusación popular representada por el letrado del Partido Popular (PP), Alberto Durán, al que ya le quedaban pocos temas que tocar, porque a aquellas alturas mejorar a Luzón era misión imposible, aunque Durán introdujo el tema de los visados firmados a venezolanos durante el COVID para poder viajar a España con la excusa de un falso encuentro con el ministro Ábalos. Durán lo tildó de falsedad documental.
La exposición de la Acusación Popular, que durante toda el día el abogado de Ábalos se empeñó en llamar «acusación particular» sin que nadie le corrigiese, fue breve. Esta brevedad de Durán hizo posible que durante la mañana el abogado de Aldama, José Antonio Choclán, pudiese hacer su informe de conclusiones. El juez le preguntó sin en media hora le daba tiempo y aunque se extendió un poco más pudo decir que Aldama ya había mostrado su conformidad con las acusaciones, que había colaborado con la Justicia y que «mi cliente no constituyó una organización criminal, sino que se integró en ella porque ya existía desde el año 2015». Luego el juez suspendió la vista hasta las cuatro de la tarde.
Después de comer, todos los juicios bajan enteros por el cansancio acumulado y la pesadez post comida y más si justo la primera en hablar es Leticia de la Hoz, abogada de Koldo García. La abogada se empeñó en justificar la legalidad de los contratos de emergencia, algo que quedaba fuera de toda duda, y perdió media hora preciosa que podría haber dedicado a proclamar la inocencia de Koldo García. Resulta curioso que tanto ella como el abogado de Ábalos nunca pronunciasen la palabra «inocente» para referirse a sus representados.
Ataques constantes a Aldama
Y también resultó extraño que De la Hoz asegurase que iba a defender a su cliente pidiendo la absolución, sin atacar a Víctor de Aldama, que, precisamente, es lo que hizo durante algo más de dos horas, hasta que el juez pidió que acabase.
Mientras tanto, el público se marchaba, otros daban una cabezadita, los jueces bostezaban, una abogada tiraba una botella de agua por encima de su estrado, a los periodistas se les caían los bolígrafos al suelo y pateaban latas vacías de coca cola, y los policías que custodiaban a los detenidos se esforzaban por permanecer serios. Hubo un momento que pareció que el único que estaba pendiente del alegato de la abogada de Koldo García era el presidente del Tribunal.
La abogada de Koldo comenzó liándose con las fechas, de tal manera que incluso entre el público se escuchó alguna voz que intentaba corregirla. Luego apeló al «carácter vasco de mis dos representados», en alusión a Koldo y Joseba, para justificar que «le gustan las mujeres» (lo juro) y por eso se mandaban fotos de mujeres desnudas y luego decían en sus mensajes «borra, borra».
También habló del «elefante rosa en la sala que nadie quiere ver», para introducir el delito de blanqueo de capitales, algo que no se ha tratado durante el juicio. Luego se hizo un poco de lío con los billetes de 500 euros, las famosas chistorras de Koldo, para justificar que Joseba traía esos billetes de 500 euros de República Dominicana, sin reparar en que lo que traía Joseba eran dólares americanos. Una rápida encuesta entre el público en la sala arrojó el resultado de que nadie había visto nunca un billete de 500 dólares americanos.
Para justificar la inclusión de la letra «K (10.000)» en una anotación de los socios de Aldama dijo que en la causa figura «otro Koldo, una Karmina y una Ketty» y que por qué no podían ser uno de ellos y «constituir un relato alternativo de otros culpables».
«Me da pena» Koldo
Luego dijo que en ocasiones «me da pena mi representado», en referencia a lo buena persona que es Koldo García y se preguntó si Aldama «está emparentado con la bruja Lola» antes de liarse de nuevo con las fechas de la relación entre Ábalos y Jésica. La abogada incluso tuvo que girarse para preguntar al ex ministro sobre las fechas, a pesar de que el público ya había comenzado a ayudarla.
Entonces el juez paró el informe y le dijo que «noto cierta dispersión con otros sumarios», algo que enfadó muchísimo a la abogada que había citado la causa Hidrocarburos en dos ocasiones y la causa seguida en la Audiencia Nacional en una, y optó por abreviar su exposición no sin antes «amenazar» con que había presentado esas mismas conclusiones en un informe de más de cien páginas, aunque en realidad eran 98. Después pidió perdón al Tribunal «porque he sido muy pesada», alegó, un perdón que no hizo extensivo al público que, total, no tendrá que decidir sobre su detenido.

Leticia de la Hoz ha demostrado ser una buena letrada desde que se hizo cargo de la causa y durante todo el juicio, pero sus interrogatorios e informes son tan extensos y dan tantas vueltas a detalles insignificantes, que provocan que la Prensa y el público pierdan el interés y se haga muy difícil seguir el hilo argumental de su discurso. Se pierde en los detalles y pierde brillantez cuando trata de justificar cuestiones intrascendentes. Claro, que De la Hoz se dirige a los magistrados del Tribunal y habrá que esperar a la sentencia para ver si su táctica tiene éxito.
En esa faceta de llegar a la gente es mucho más hábil Choclán, el abogado de Aldama, que anuncia dos o tres claves de su defensa y deja pensando a los espectadores sobre lo que ha dicho, que así no se escapan de su estrategia procesal, aunque ya haya terminado.
El abogado de Ábalos
Tras ella, a las siete menos cuarto de la tarde, llegó el turno de Marino Turiel, excelente penalista que ha tratado durante el juicio se salvar a su defendido lo mejor que ha podido, a pesar de que lo tenía muy difícil. Turiel dijo que «hemos llegado al juicio sin igualdad de armas», en alusión a no poder contar con los dispositivos intervenidos a Ábalos por la UCO. Tiene razón, pero es una verdad a medias, porque el fiscal y la acusación popular han dispuesto de las mismas armas que Ábalos, los informes de la UCO y las evidencias. Pero tanto la defensa de Ábalos como la de Koldo parte de premisas que no se pueden demostrar, que si se contextualizan los mensajes se podrían defender mejor. Sin embargo, los mensajes completos constan en las evidencias documentales entregadas por la UCO. Eso tampoco les ha valido.
Turiel argumentó que «el proceso ha venido condicionado» y que se había investigado a Ábalos de manera ilegal porque era aforado cuando comenzó la investigación. Sin embargo, ni Turiel ni De la Hoz han esgrimido como columna central de su defensa la inocencia de sus representados, aunque ambos pidieron la puesta en libertad de los mismos.
Y cuando parecía que aquello se acababa porque el presidente del Tribunal ha preguntado a Aldama si deseaba hacer uso del derecho a la última palabra respondió que no. Pero Koldo García y Ábalos dijeron que sí. Los abogados defensores deberían prohibir a sus defendidos el uso de la última palabra, porque si un tribunal tiene dudas los alegatos de los acusados pueden terminar en dos frases de echar por tierra todo el informe de sus defensas y convencer de que se les debe aplicarse una condena, además la más alta.
Eran las 8 de la tarde y 20 minutos cuando Koldo comenzaba a confesar ante el Tribunal que «sí, las chistorras eran billetes de 500», ante la cara de desolación de su abogada. Luego pidió «disculpas por mi manera de expresarme, lo único que yo quería, y me ha dicho mi abogada que no dijera esta palabra, era ayudar». ¿Si tu abogada te ha dicho que no dijeras algo, por qué lo dices?, debía pensar más de uno a esas horas de la noche.
Obvio. Uno puede ayudar en un examen de matemáticas, en un asesinato, a hacer la compra o a empujar un coche, en un blanqueo de capitales, en un tráfico de influencias o en una malversación, y cuando se refiere a un delito se llama «cooperación necesaria» y está penado.
Luego Koldo se emocionó al hablar de su familia y de su hija: «no voy a poder trabajar, no podré llevarla al cole ni salir a pasear». Y luego confirmó que «no soy muy listo, mis formas son lo que son y tan malo, creo que no he sido», para añadir que «yo sabía que me investigaban y es cierto que hablé con un teniente coronel para decirle que si me daban tiempo a acercarme al armero defendería a mi familia». Luego se quejó de que cuando entraron a detenerlo lo hicieran guardias civiles armados hasta los dientes. Lo cierto es que a Koldo le faltó preguntar si después de aquello alguien podía darle un abrazo.
Tuvo tiempo Koldo García, antes de que el juez le explicara que aquello era para añadir algo que se le hubiese olvidado a su abogada y fuera importante para su defensa, que «el abogado del PP me ofreció que si cooperaba no me acusaría, que mintiese a los españoles. Me han ofrecido mentir para no entrar en la cárcel». Terminó diciendo que «Aldama me ha engañado, me ha mentido. Aldama vive a costa de todos porque nos ha metido en la cárcel con mentiras».
Ábalos quería hablar
Después de aquello, a las 8 y cuarenta minutos de la noche Ábalos dijo que él también quería hablar de lo suyo y los justificó diciendo que «me juego la poca vida que me queda». El fiscal le pide 24 años de cárcel y Ábalos tiene 66 años, así que razón no le falta. Ábalos echó gran parte de la culpa de sus males a «la presión mediática», porque «los juicios paralelos intoxican para formar una realidad alternativa» y luego acusó a que la causa se «nutría de filtraciones de la propia investigación».
Ábalos tuvo recuerdos para todos, ya que criticó que «Interior (Marlaska) no esté en esta causa, a pesar de comprar mascarillas a los mismos que el MITMA, aunque yo me alegro, pero no entiendo por qué no están» y luego se quejó de que en un auto de medidas cautelares el juez instructor dijera que «causa estupor que continue siendo diputado». Criticó que Aldama estuviese en libertad y él no.
A las 9 y 25 de la noche, después de 11 horas, el juez Andrés Martínez Arrieta pronunció el famoso «visto para sentencia». A más de uno le faltó aplaudir.
