El curso escolar catalán se adentra en una fase de máxima tensión. Ustec, el sindicato mayoritario de la educación pública catalana y afín al independentismo radical, inicia este jueves la primera de 17 jornadas de huelga convocadas contra el Govern de Salvador Illa. La plataforma sindical planta un pulso en toda regla. Y lo hace con la cobertura política de ERC y Junts, que intensifican contactos en privado mientras evitan asumir públicamente unas condiciones que, a día de hoy, resultan inasumibles para el Ejecutivo.
El intento de Ustec de arrastrar al resto de organizaciones sindicales ha pinchado. Ni CCOO ni UGT ni el resto de fuerzas con representación en la mesa sectorial han secundado la convocatoria, lo que deja al sindicato independentista en una posición de soledad negociadora que, paradójicamente, refuerza su discurso de resistencia. “Su ‘todo o nada’ quemará la protesta”, advierten fuentes sindicales consultadas por esta redacción.
¿Qué exige Ustec y por qué Illa no puede ceder?
Las demandas del sindicato van mucho más allá de una simple mejora salarial. Ustec reclama la reversión de los recortes de 2010, un incremento de plantilla que supondría la contratación de más de 8.000 docentes y, sobre todo, la retirada del nuevo decreto de plantillas que el Departament d’Educació defiende como la herramienta para estabilizar las aulas. El coste económico de ceder en bloque superaría los 900 millones de euros anuales según las estimaciones del propio Govern.
Para Illa, aceptar ese paquete significaría detonar el margen presupuestario que reserva para la financiación singular, la gran promesa de la legislatura. La consellera de Educació, Esther Niubó, ha reiterado en el Parlament que “no se puede gobernar a golpe de ultimátum”. Pero el mensaje no ha calmado los ánimos en la calle.
Mientras tanto, ERC y Junts se mueven en un doble plano que incomoda tanto en el Palau de la Generalitat como en las direcciones de ambos partidos. En público, reclaman al Govern que negocie y evite el conflicto. En privado, sus dirigentes mantienen contactos fluidos con la dirección de Ustec, según confirman fuentes parlamentarias a Moncloa.com. La razón es electoralmente comprensible: ninguna de las dos formaciones quiere aparecer como la que abandonó al sindicato que enarbola la bandera independentista en las aulas catalanas.
Sin embargo, el respaldo tácito tiene un coste político creciente. Cada jornada de huelga sin acuerdo debilita la imagen de Illa como gestor, erosiona la confianza de de las familias y tensa las costuras del frágil equilibrio parlamentario que sostiene al Govern. Los Comuns, socios de investidura, observan con malestar un conflicto que, en última instancia, castiga a la escuela pública que defienden.
Ustec ha encontrado en la negociación un escaparate político tan potente como la propia huelga. El sindicato sabe que, cuanto más se alargue el pulso, más se beneficiará del respaldo silencioso de ERC y Junts.
La cuenta atrás de Illa
El president se enfrenta a un calendario envenenado. Las 17 jornadas de huelga se extienden hasta finales de mayo si no hay acuerdo, y cada paro afecta directamente a miles de alumnos en toda Cataluña. La conselleria ha activado servicios mínimos, pero en los centros donde Ustec tiene mayoría la actividad lectiva puede quedar prácticamente paralizada.
El Departament d’Educació mantiene abierta la vía del diálogo, aunque admite que las posiciones están muy distantes. “No podemos hipotecar el presupuesto educativo a cambio de una paz sindical efímera”, señalaba esta semana un alto cargo del departamento en conversación informal con periodistas. La frase resume el dilema de Illa: ceder es caro, resistir es desgastante.
El factor independentista añade una capa de complejidad que ningún otro conflicto laboral tiene en este momento en Cataluña. No se trata solo de salarios o plantillas. Ustec representa la última trinchera sindical del independentismo en un sector estratégico como la educación. Su capacidad de movilización va más allá de lo laboral.

Por qué este conflicto es distinto: la última trinchera del independentismo
Para entender el pulso actual hay que remontarse a la huelga educativa de 2018, cuando los sindicatos catalanes paralizaron las aulas durante seis jornadas en protesta por la aplicación del artículo 155. Aquella movilización tuvo un marcado carácter político, y sirvió de ensayo para la estrategia que hoy reproduce Ustec, aunque con una diferencia clave: entonces el Govern estaba en manos independentistas y ahora es Illa quien ocupa el Palau de la Generalitat.
La lectura política la encontramos en ese desplazamiento del adversario. Ustec no se enfrenta ya a un ejecutivo afín como el de Quim Torra o Pere Aragonès, sino a un president del PSC que necesita a ERC para gobernar. El sindicato ha leído bien esa debilidad estructural: sabe que los republicanos no pueden permitirse el lujo de aparecer como los que dieron la espalda a un sindicato independentista, y que Junts, desde la oposición, capitalizará cualquier gesto de distanciamiento.
Lo que observamos es un conflicto laboral que se ha transformado en un pulso político de primer orden. Illa tiene pocas salidas airosas. Si cede, abre un agujero presupuestario que compromete sus promesas de legislatura. Si resiste, asume un desgaste que sus adversarios independentistas explotarán en cada pleno del Parlament. La próxima reunión de la mesa sectorial, aún sin fecha cerrada, podría verse condicionada por un ambiente político aún más enrarecido.
El Govern confía en que el efecto desgaste opere también en sentido inverso y que las familias acaben girándose contra un sindicato que paraliza el curso. Pero de momento, la inercia juega a favor de Ustec. El lunes será el primer test real de resistencia.
