Illa: las economías con desigualdad creciente no funcionan

El president de la Generalitat advierte de que el crecimiento sin cohesión social es insostenible. La declaración, en pleno pulso con ERC por la financiación, busca alinear el discurso económico del Govern con la realidad de una Cataluña donde la desigualdad avanza.

El president de la Generalitat, Salvador Illa, ha lanzado este miércoles un mensaje que trasciende el discurso institucional: «Las economías con desigualdad creciente no funcionan». Una declaración que, lejos de ser una obviedad, aterriza en un momento en el que Cataluña negocia su modelo de financiación, el acceso a la vivienda se ha convertido en la principal angustia ciudadana y las tensiones internas del Govern –con ERC pendiente de cada gesto– vuelven a estar sobre la mesa.

Un mensaje con diana interna y externa

Las palabras del president, pronunciadas durante un acto con el tejido empresarial, tienen un destinatario claro: tanto sus socios de Govern como el Gobierno central. Illa insiste en que el crecimiento económico no puede ser el único indicador de éxito; la cohesión social es, en su opinión, un requisito para la estabilidad política.

Este planteamiento conecta directamente con una de las líneas rojas de ERC en la actual legislatura: la financiación singular. Los republicanos condicionan su apoyo a las cuentas de 2027 a que la Generalitat recaude y gestione el 100% del IRPF. Illa, por ahora, evita ese compromiso, pero su defensa de la redistribución busca tender un puente argumental con los republicanos.

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En el trasfondo, subyace una lectura económica que Moncloa no puede ignorar. Cataluña contribuye con alrededor del 19% del PIB español, pero la desigualdad interna medida por el coeficiente de Gini ha escalado en los últimos tres años: del 29,6 al 31,2, según el Idescat. Una brecha que Illa conoce bien y que enmarca su giro socialdemócrata.

Fuentes del Govern consultadas por Moncloa.com admiten que la intervención de Illa buscaba «marcar el paso» ante un PSC que aún tiene que convencer a sectores del empresariado sobre la necesidad de politicas redistributivas, Pero también, y sobre todo, ante un ERC que observa con lupa cada movimiento de la presidencia. El president no está dispuesto, dicen, a que la legislatura se agote en un cruce de vetos.

Illa lanza una advertencia que es también una oferta de pacto: sin cohesión social, el crecimiento catalán será a la larga insostenible.

Vivienda, desigualdad y el termómetro social

La vivienda es, sin duda, el catalizador de esta llamada de atención. Los precios del alquiler en Barcelona han subido un 7,2% en el último año, según datos del Incasol, y la renta disponible de los hogares no ha seguido el mismo ritmo. Más de 90.000 personas esperan una vivienda social en Cataluña mientras el parque público apenas cubre el 2% de la demanda.

Ese desequilibrio, sumado a una inflación que castiga especialmente los alimentos y la energía, está trasladando una percepción de desprotección a capas medias que hasta hace poco se sentían seguras. No es casualidad que Illa haya mencionado en varias ocasiones la necesidad de «blindar» el estado del bienestar, una expresión que, según fuentes del Ejecutivo catalán, será el leitmotiv de su intervención en el próximo Debate de Política General.

En este punto, la sintonía con los comunes es total, pero con ERC hay más distancia. Los republicanos se muestran partidarios de contener el gasto en ciertas partidas para cumplir con los objetivos de déficit que reclama Hacienda. Illa, en cambio, considera que la prioridad ahora es la inversión social, aunque eso suponga una tensión con Madrid y, en última instancia, con la senda fiscal.

Lo que Illa se juega: credibilidad frente al Govern y ante Moncloa

La declaración de este miércoles revela que Illa quiere construir un relato propio dentro del tripartito. No se resigna a ser un presidente débil, tutelado por los partidos que le dieron la investidura. Y para eso necesita que sus palabras tengan eco en la calle y, sobre todo, que se traduzcan en acuerdos concretos con el Estado.

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El precedente más cercano no es alentador. La última comisión bilateral sobre financiación entre Govern y Gobierno central, celebrada en febrero de 2026, finalizó sin avances y con la constatación de que la propuesta de ERC no encaja con las prioridades del Ministerio de Hacienda. De hecho, la consejera de Economía, adscrita al PSC, ha rebajado expectativas para la próxima reunión prevista para el 18 de junio.

Pero Illa parece decidido a cambiar la conversación. Plantea el debate no como una disputa territorial, sino como una cuestión de justicia social. Algo que, en teoría, encaja mejor con la sensibilidad del Gobierno de coalición progresista. Sin embargo, en la práctica, la financiación autonómica no se resuelve con buenas palabras: exige reequilibrar recursos que otros territorios consideran propios.

Analizamos que, más allá del discurso, el verdadero test para Illa llegará cuando el Parlament someta a votación, previsiblemente en otoño, la propuesta de resolución sobre el nuevo sistema de financiación. Si para entonces no ha sido capaz de acercar posturas con ERC –y también con los comunes–, su legitimidad como garante del pacto de investidura podría resentirse, Por ahora, el president gana tiempo y gana el debate de las ideas. Pero en política catalana, el tiempo es un bien más escaso de lo que parece.