La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha interrumpido su viaje institucional a México después de que la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, amenazara con cerrar el complejo donde se celebra la gala de los Premios Platino si la mandataria madrileña acudía al evento.
Desde que pisó suelo mexicano el domingo, la delegación madrileña ha sufrido una persecución inédita. Manifestantes intentaron reventar la primera misa en la Basílica de Guadalupe y, después, una regidora de Morena interrumpió el acto de entrega de la Medalla de la Ciudad en Aguascalientes para impedir que Ayuso tomara la palabra.
El acoso no se limitó a las calles. La propia Sheinbaum ha dedicado programas diarios de televisión a atacar a la presidenta regional, un gesto insólito en las relaciones entre administraciones de países aliados. La izquierda madrileña, a 9.000 kilómetros de distancia, ha aplaudido ese boicot con regocijo. El secretario general del PSOE de Madrid, Juan Lobato, calificó el viaje de ‘esperpento de principio a fin’ y se preguntó ‘cuándo se va a cansar de hacer el ridículo’.
El boicot que desencadenó la vuelta a Madrid
La gota que colmó el vaso fue la amenaza directa del Gobierno mexicano: cerrar el hotel XCaret, sede de los Premios Platino, si Ayuso acudía. Así lo denuncia la Comunidad de Madrid en un comunicado que califica el hecho de ‘sin precedentes’. La presidenta mexicana exigió además los nombres y apellidos de todas las personas que se reunieran con Ayuso, un gesto que el Ejecutivo autonómico interpreta como coacción sobre empresarios y organizadores.
Ante la situación, Ayuso decidió mantener las reuniones matinales previstas con representantes del cine, pero no asistir a la gala ‘para no perjudicar a los empresarios mexicanos ni a los participantes’. La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, que la acompañaba, tampoco acudirá al evento.
La amenaza de cierre del complejo ha sido objeto de una condena expresa por parte del Gobierno regional: ‘La presidenta de México ha expulsado a Isabel Díaz Ayuso amenazando a los organizadores de un evento de cine internacional‘, resume el texto, que habla de ‘deriva totalitaria y violenta.
La presidenta mexicana ha expulsado a una representante institucional española de un evento cultural internacional. Un hecho sin precedentes en las relaciones bilaterales entre ambas administraciones.
¿Qué implicaciones tiene esta crisis para la proyección exterior de Madrid?
La suspensión de la última etapa del viaje en Monterrey y el regreso anticipado a Madrid no son un simple contratiempo diplomático. La Comunidad de Madrid cofinancia los Premios Platino junto al Ayuntamiento de la capital y ha convertido estos galardones en una de las grandes citas de su estrategia de ‘marca Madrid’. El año que viene la gala debe celebrarse en la capital española, y lo ocurrido en Cancún resquebraja la imagen de un evento pensado para tender puentes entre el cine iberoamericano y la industria española.
El episodio recuerda a otras tensiones internacionales con las que se ha encontrado la diplomacia autonómica en ocasiones anteriores —el viaje de Ximo Puig a México como presidente de la Generalitat Valenciana en 2023 transcurrió sin incidentes—, pero lo de ahora sube un peldaño: un gobierno extranjero impide de facto la presencia de una representante española en un acto cultural financiado por esa misma representante.
De puertas adentro, la crisis acentúa la fractura política madrileña. Mientras el Gobierno regional denuncia un ataque a la libertad de expresión y a la representación institucional del Estado, la oposición de izquierdas ha hecho suyas las críticas de Sheinbaum. La portavoz de Más Madrid, Mónica García, ha eludido hasta ahora cualquier reproche al boicot, en sintonía con el discurso del PSOE madrileño, que celebra el regreso forzoso de Ayuso. Esta polarización complicará los próximos debates en la Asamblea sobre la proyección exterior de la Comunidad.
El comunicado de la Comunidad de Madrid puede consultarse en la web oficial del Gobierno regional. Lo que viene a continuación es un aterrizaje político cargado de reproches mutuos, con una nueva sesión de control en la Asamblea en el horizonte y la incógnita de si el Gobierno central mediará ante un incidente que afecta a las relaciones bilaterales con México.
