El escenario geopolítico internacional ha entrado en una fase de complejidad sin precedentes, donde la interconexión de los conflictos y la erosión de las reglas multilaterales definen la nueva normalidad. Según se desprende del Informe Anual de Seguridad Nacional 2025, España se sitúa hoy en una encrucijada estratégica vital, en la confluencia de los espacios atlántico, mediterráneo, europeo y africano.
Este entorno está marcado por una transición profunda desde un mundo basado en normas hacia otro donde predominan las lógicas de poder, la búsqueda de resiliencia frente a la eficiencia económica y una incertidumbre creciente que sustituye a la antigua confianza en el progreso global.
La cristalización de la guerra en Ucrania y su impacto en Europa
Tras casi cuatro años desde su inicio, la invasión rusa de Ucrania se ha transformado en un conflicto de desgaste prolongado que actúa como el eje central de la inestabilidad en el continente europeo. En 2025, el frente de batalla ha mostrado lo que los expertos denominan una cristalización del conflicto, donde las líneas se estabilizan pero la intensidad tecnológica alcanza cuotas inéditas.
El bando ruso, a pesar de no lograr avances decisivos, mantiene una postura maximalista y utiliza la presión militar como baza para futuras negociaciones. En este contexto, el uso de drones de última generación, la guerra electrónica y los ciberataques contra infraestructuras energéticas han redefinido la doctrina militar moderna, obligando a una reconfiguración total de la arquitectura de seguridad en Occidente.
Para España y sus aliados de la OTAN, esta situación ha supuesto un cambio de mentalidad radical. La agresión rusa ha impulsado un incremento sostenido del gasto militar y una inversión masiva en defensa y ciberseguridad, consolidando la necesidad de una autonomía estratégica europea reforzada. Aunque el frente físico se sitúa en el Este, las autoridades nacionales vigilan con preocupación las acciones híbridas en territorio europeo, que incluyen sabotajes a infraestructuras críticas y campañas de desinformación diseñadas para minar el apoyo social a Ucrania.

El Sahel y el flanco sur: un desafío de inestabilidad permanente
Más allá de las fronteras continentales, la seguridad de España está intrínsecamente ligada a la evolución del Sahel central. Esta región africana se ha convertido en un foco de inestabilidad crítica debido al deterioro de la gobernanza y la expansión de grupos insurgentes que aprovechan la porosidad de las fronteras.
La Estrategia de Seguridad Nacional subraya que la vecindad sur representa un desafío multidimensional donde confluyen el terrorismo, el crimen organizado y los tráficos ilícitos. España, consciente de esta realidad, ha reforzado su papel como proveedor de seguridad, no solo mediante misiones de capacitación militar, sino también a través de una diplomacia humanitaria activa.
La interrelación entre la seguridad del flanco sur y el conjunto de la Alianza Atlántica ha sido una de las prioridades de la política exterior española. La inestabilidad en el Norte de África y el Sahel no solo afecta a los flujos migratorios, sino que crea un terreno fértil para que actores estatales externos utilicen estas crisis como herramientas de presión geopolítica.
La vigilancia marítima y el control de las rutas comerciales en el Mediterráneo se han vuelto tareas prioritarias ante la presencia de la denominada flota fantasma rusa, que elude sanciones y añade riesgos ambientales y operativos cerca de las costas españolas.

Rivalidad sistémica y el nuevo proteccionismo tecnológico
Uno de los rasgos más distintivos del panorama estratégico en 2025 es la consolidación de una rivalidad sistémica entre las grandes potencias. Esta competencia ya no se limita al ámbito militar tradicional, sino que se libra con especial ferocidad en el campo de las tecnologías críticas y el comercio internacional.
El informe advierte sobre el auge de las políticas comerciales coercitivas y un proteccionismo tecnológico que busca garantizar el liderazgo industrial y la seguridad nacional por encima de la apertura global. Esta dinámica ha llevado a España a implementar mecanismos más estrictos de control de inversiones extranjeras, especialmente en sectores estratégicos como la energía, la sanidad y las comunicaciones.
La lucha por el control de los insumos fundamentales y el acceso a datos sensibles ha convertido a la economía en un arma de doble filo. Para contrarrestar estas vulnerabilidades, se ha impulsado la creación de órganos como el Comité de Inversiones Estratégicas, destinado a agilizar proyectos que refuercen la soberanía económica del país.
La meta es clara: minimizar las dependencias críticas sin renunciar totalmente a la apertura comercial, un equilibrio complejo en un mundo donde las cadenas de suministro se han vuelto objetivos legítimos en las estrategias de presión internacional.

Proyección hacia Asia-Pacífico y el futuro de la disuasión
A pesar de la urgencia de los conflictos cercanos, España no ha perdido de vista el desplazamiento del poder global hacia el Indo-Pacífico. La aprobación de la Estrategia española para Asia-Pacífico 2026-2029 marca una hoja de ruta para una acción exterior más activa en una región que concentra gran parte del crecimiento económico y la competencia tecnológica mundial.
Esta proyección busca asegurar los intereses españoles en un área donde la libertad de navegación y el respeto al derecho internacional son fundamentales para la estabilidad de las rutas comerciales globales.
Finalmente, el análisis de riesgos para el horizonte 2035 arroja una visión pesimista pero realista entre los expertos, quienes prevén un escenario de mayor fragmentación y complejidad. Ante este futuro incierto, el Sistema de Seguridad Nacional apuesta por fortalecer la cultura de seguridad en la ciudadanía y mejorar la resiliencia de las infraestructuras críticas.
La capacidad de anticipación y la coordinación entre ministerios, reforzada por la revisión de la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada en abril de 2025, son las herramientas principales para navegar en un orden internacional donde la tensión estratégica parece haber llegado para quedarse.
