El president Salvador Illa y el líder de ERC, Oriol Junqueras, escenificaron este lunes en Sant Sadurní d’Anoia el preacuerdo de los presupuestos de la Generalitat para 2026 con un proyecto que llevaba años atascado: el tren orbital, una línea de 120 kilómetros que unirá Mataró y Vilanova i la Geltrú por el interior metropolitano. Fue un acto sobrio pero cargado de simbolismo, en la capital del cava, epicentro de una comarca que lleva una década reclamando esta infraestructura.
La obra, valorada en más de 4.000 millones de euros, discurrirá por Granollers, Sabadell, Terrassa, Martorell y Vilafranca del Penedès, conectando líneas de Rodalies y FGC con un servicio semirrápido que descongestionará el área de Barcelona. Según el proyecto esbozado por el Departament de Territori, la previsión es licitar los primeros tramos a finales de 2027 y completar la conexión en dos fases, con un horizonte de puesta en marcha hacia 2032.
El Govern ha subrayado que el tren orbital será la mayor inversión ferroviaria de la legislatura. Illa insistió en que no se trata de un anuncio propagandístico. ‘Hay calendario, hay trazado y hay una ficha presupuestaria que lo respalda’, afirmó. Junqueras, por su parte, destacó que ‘ERC demuestra con hechos que su compromiso con el país no es retórico, sino pragmático’.
El escenario elegido es una declaración de intenciones. Sant Sadurní, corazón del Alt Penedès, ha sido históricamente un punto ciego del transporte público metropolitano. La estación actual solo recibe servicios regionales; con el tren orbital, la localidad quedaría a menos de 30 minutos de Barcelona y a 20 de Vilafranca. La alcaldesa, la republicana Anna Brull, no ocultaba su satisfacción.
La cita de ayer trasciende lo ferroviario. Es la coreografía que certifica el pacto presupuestario entre el PSC y ERC, una negociación que se había alargado hasta mayo por las diferencias sobre la financiación singular. Illa agradeció a ERC su ‘sentido de país’ y reconoció que sin el acuerdo ‘el Govern habría entrado en una parálisis que Catalunya no se puede permitir’.
El tren orbital ha estado en la agenda política catalana desde 2010, cuando la Generalitat lo incluyó en el Pla d’Infraestructures del Transport. La Generalitat ha reconocido en varias ocasiones que sin la participación del Estado, los 4.000 millones previstos son inasumibles. La novedad ahora es que el Ministerio de Transportes, con el Gobierno de coalición en Moncloa, ha dado señales de estar dispuesto a cofinanciar al menos el 40% de la obra.
La obra deja de ser una promesa electoral de los dos partidos y se convierte en el pegamento de la legislatura.
La intrahistoria del pacto: por qué Illa ha tenido que esperar a mayo
El preacuerdo presupuestario no llega en el momento ideal para el Govern. Illa llevaba meses gobernando con las cuentas prorrogadas de 2025, mientras la oposición de Junts y la CUP endurecía su discurso. Las negociaciones con ERC se habían estancado en enero, cuando los republicanos exigieron blindar la financiación singular antes de sentarse a hablar de números. Este acto en Sant Sadurní cierra ese capítulo y da oxígeno a un Ejecutivo que necesitaba demostrar capacidad de gestión.
Un precedente que ayuda: el ‘tren orbital’ ya nació en 2018
No es la primera vez que el tren orbital se utiliza como moneda de cambio político. En 2018, el entonces conseller de Territori, Josep Rull (Junts), ya presentó un anteproyecto que nunca llegó a licitarse por falta de fondos. Aquel fracaso pesa en la memoria de los ayuntamientos de la B-30. Ahora, con un Govern de distinto color y un Ejecutivo central sensible a las inversiones en Catalunya, las condiciones han cambiado. Sin embargo, fuentes del Departament d’Economia consultadas por Moncloa.com advierten de que el coste real podría dispararse un 30% si se confirman los sobrecostes en materiales y expropiaciones.
La gran incógnita es Junts. Los posconvergentes no están en el pacto y podrían votar en contra de las cuentas cuando lleguen al Parlament. Su portavoz, Albert Batet, ya ha calificado el acto de ‘operación de marketing’. Si Junts mantiene el rechazo, Illa necesitaría la abstención de los comuns, una suma ajustada que añade presión. En el trasfondo, el tren orbital es un proyecto que también le interesa a Junts porque beneficia a feudos suyos como Vic y Manresa, pero el partido no quiere regalarle un triunfo a ERC.
El Consell Executiu aprobará el proyecto de ley antes de que acabe mayo y, si se cumple el calendario, el debate de totalidad se celebrará en la primera semana de junio. La legislatura se juega su estabilidad en el trazado de un tren que nació como reivindicación territorial y que hoy es, sobre todo, un instrumento para la supervivencia del Govern.
