EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Estados Unidos ha instado a Emiratos Árabes Unidos a tomar la isla iraní de Lavan, un enclave crítico para la exportación de crudo en el Golfo Pérsico, según informaciones de inteligencia militar recogidas por The Telegraph.
- ¿Quién está detrás? Funcionarios del Pentágono y de la Casa Blanca habrían trasladado la petición directamente a Abu Dabi, en el marco de la campaña militar contra Irán que dura ya varios meses.
- ¿Qué impacto tiene? La guerra con Irán ha costado a Estados Unidos 29.000 millones de dólares, según el Pentágono. La captura de Lavan cortaría una de las principales arterias de crudo iraní y redibujaría el control del estrecho de Ormuz.
Estados Unidos ha instado a Emiratos Árabes Unidos a capturar la isla de Lavan, un enclave estratégico para las exportaciones de crudo iraní, según fuentes de inteligencia militar consultadas por The Telegraph. El coste total de la guerra con Irán ha alcanzado los 29.000 millones de dólares, de acuerdo con los últimos datos del Pentágono difundidos esta semana.
La isla Lavan: el siguiente objetivo en el tablero del Golfo
Lavan no es una isla cualquiera. Situada en el Golfo Pérsico, frente a la costa iraní del Fars, alberga una de las terminales petroleras más importantes de Irán, capaz de exportar hasta 200.000 barriles diarios de crudo. En tiempos de paz, sus muelles recibían petroleros VLCC sin pausa; hoy, con el estrecho de Ormuz convertido en zona de combate, su actividad se ha reducido drásticamente pero sigue siendo un nodo vital para las finanzas de Teherán. El Pentágono la considera un “objetivo de alta recompensa” porque su control permitiría asfixiar definitivamente las exportaciones iraníes y desarticular la red de contrabando que opera desde las costas del EAU.
La petición a Emiratos Árabes Unidos no es casual. Abu Dabi dispone de una fuerza anfibia y aérea moderna, formada en ejercicios conjuntos con la Marina estadounidense, y su fuerza de operaciones especiales conoce bien la zona. La captura de Lavan supondría una operación de asalto marítimo a menos de 200 kilómetros de la costa emiratí, con apoyo de cobertura aérea desde la base de Al Dhafra y el destructor USS Carney, que patrulla permanentemente en la zona.
La isla está protegida por baterías antiaéreas de corto alcance y unidades del IRGC, pero carece de un blindaje antidesembarco comparable al de otras islas estratégicas como Abu Musa. Fuentes de inteligencia señalan que la presencia militar iraní en Lavan se ha debilitado tras varios ataques de precisión de la coalición liderada por Washington.
El precio de la guerra: 29.000 millones y subiendo
La cifra oficial del Pentágono —29.000 millones de dólares— abarca el coste directo de las operaciones militares desde el inicio de la campaña contra Irán hasta mediados de mayo de 2026. Incluye el despliegue de grupos de combate de portaviones, las salidas de aviones furtivos F-35 y F-18, el empleo de misiles de crucero Tomahawk, las operaciones de defensa antimisiles con baterías Patriot y AEGIS, y la asistencia militar a Israel y a los socios del Golfo. Sin embargo, la factura real es mayor si se suman los costes logísticos indirectos y el desgaste acelerado de plataformas.
Esa cifra equivale a aproximadamente el 9% del presupuesto anual de defensa de Estados Unidos y supera ya el coste acumulado de otras campañas aéreas recientes como la intervención en Libia (2011) o los primeros meses de la Operación Inherent Resolve contra el Estado Islámico. Y todo en un conflicto que, a ojos del Capitolio, dista de estar cerrado. Mientras el presidente Trump presiona a sus aliados para que asuman una mayor carga operativa, la petición a EAU sobre Lavan encaja con esa doctrina de “guerra compartida” que define su segundo mandato.
El Pentágono no busca solo que EAU asuma riesgos: busca que la factura de la guerra ensanche las arcas de Abu Dabi y reduzca la presión fiscal sobre Washington.
Equilibrio de Poder
La maniobra sobre Lavan trasciende lo táctico. Si EAU acepta el envite, Washington estaría delegando en una monarquía del Golfo una operación anfibia contra suelo iraní, con todas las consecuencias diplomáticas y militares que ello arrastra. La lectura estratégica recuerda a la guerra de los petroleros (1984-1988), cuando Estados Unidos reabanderó buques kuwaitíes para intervenir en el conflicto Irán-Irak sin disparar el primer tiro, aunque ahora el tablero es más inflamable. Rusia ha advertido ya que cualquier ataque a suelo iraní con patrocinio estadounidense tendrá “respuesta severa”, y el emirato teme represalias directas sobre Dubái o Abu Dabi por parte de los misiles Kinzhal que Irán ha adquirido en los últimos meses.
Para España, el impacto es doble. Por un lado, la escalada en Ormuz dispara la prima de riesgo energética: aproximadamente el 20% del crudo que llega a las refinerías españolas cruza el estrecho. Cualquier interrupción prolongada de las exportaciones iraníes —o una represalia contra terminales de EAU— encarecerá el barril de Brent por encima de los 120 dólares y tensionará la inflación en la eurozona. Por otro, las bases de Rota y Morón, piezas clave en la cadena logística del despliegue estadounidense, verán aumentar la presión operativa y, con ella, la negociación sobre su estatus. En La Moncloa cunde la cautela: el presidente Sánchez necesita a Washington para la frontera sur y el Sahel, pero un alza del petróleo en año electoral sería un torpedo en la línea de flotación de la recuperación económica.
El precedente de la captura de las islas Tunb (1971) por parte de Irán muestra que Teherán no entrega enclaves en el Golfo sin un coste altísimo. La apuesta de Washington por Lavan es, por tanto, un salto de fe: confía en que EAU ejecute la operación y en que Rusia no materialice su amenaza. Lo que observamos en esta redacción es un patrón de delegación de riesgo que, si sale mal, puede amplificar el conflicto en lugar de acortarlo. La próxima ventana crítica se abre en la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo prevista para la semana que viene en Riad, donde la posición de Abu Dabi se clarificará y donde el precio del crudo podría moverse en función del verbo que empleen sus jeques.

