Esta pedanía de Murcia guarda 3 castillos históricos y una silueta imposible de ignorar

A pocos kilómetros de la ciudad de Murcia, esta pedanía sorprende con castillos medievales, siglos de historia y un enorme Cristo que domina toda la huerta con una mezcla de pasado andalusí, paisajes únicos y hasta una curiosa anécdota con Netflix.

Murcia guarda rincones capaces de sorprender incluso a quienes creen conocer bien la región. Más allá de sus playas, su huerta y las rutas más famosas, existen pequeños lugares donde la historia aparece prácticamente en cada piedra. Uno de ellos es Monteagudo, una pedanía situada a apenas unos kilómetros de la capital murciana que lleva siglos observando el paso del tiempo desde lo alto de un cerro imposible de ignorar.

Lo curioso de Monteagudo es que en muy poco espacio concentra siglos de historia, restos arqueológicos, fortalezas medievales y hasta una enorme figura religiosa visible desde muchos puntos de la huerta murciana. Murcia encuentra aquí uno de esos lugares donde distintas épocas parecen convivir al mismo tiempo. Desde asentamientos de la Edad de Bronce hasta castillos andalusíes vinculados al Rey Lobo, pasando por una anécdota reciente relacionada con Netflix, este rincón murciano tiene mucho más detrás de su famoso Cristo gigante.

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El cerro de Murcia que domina toda la huerta

“Cristo de Monteagudo”. Fuente: Wikipedia

Monteagudo destaca inmediatamente por el impresionante cerro rocoso que se eleva sobre el paisaje. Sobre esa cima se alza el monumental Cristo de 14 metros que domina buena parte de Murcia y que muchas personas comparan con el Cristo Redentor de Río de Janeiro. La figura, con los brazos abiertos, se ha convertido en uno de los símbolos visuales más reconocibles de la zona y puede distinguirse a kilómetros de distancia.

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Sin embargo, mucho antes de la construcción del monumento religioso, este lugar ya era estratégico para diferentes civilizaciones. En Murcia pasaron por aquí pueblos argáricos, íberos y romanos, que dejaron huellas de su presencia en forma de restos arqueológicos, monedas y antiguas construcciones. El cerro no solo servía como punto defensivo natural, sino también como lugar clave para controlar los alrededores de la huerta murciana.

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