Crisis de fertilizantes en la UE: Bruselas recurre al estiércol tras el bloqueo de Ormuz por la guerra con Irán

La Comisión Europea descarta aliviar las sanciones a Rusia y Bielorrusia, y apuesta por el estiércol animal como fuente de nitrógeno para los cultivos. El bloqueo del Estrecho de Ormuz corta el suministro de gas y amoniaco, disparando los costes para los agricultores y amenazando

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La Comisión Europea propone un plan a largo plazo para reemplazar fertilizantes nitrogenados con estiércol animal ante el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán.
  • ¿Quién está detrás? Bruselas, con el apoyo de los principales Estados productores agrícolas, mientras el conflicto en Oriente Próximo estrangula las rutas de suministro de gas y amoniaco.
  • ¿Qué impacto tiene? Subida de costes para los agricultores, presión alcista sobre los precios de los alimentos, y un giro hacia una agricultura menos dependiente de insumos externos, con consecuencias para la seguridad alimentaria global.

La Comisión Europea ha presentado este martes un plan a largo plazo para sustituir los fertilizantes nitrogenados —clave para el rendimiento de los cultivos— por estiércol de origen animal, una medida sin precedentes que reconoce el estrangulamiento del suministro global de fertilizantes tras el cierre del estrecho de Ormuz por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

Según una información publicada por Politico y recogida por medios internacionales, la iniciativa contempla multiplicar el uso de purines y gallinaza tratados para alcanzar hasta un 30 % de las necesidades de nitrógeno de la agricultura europea en un horizonte de cinco años. El documento, aún no oficial pero conocido por Moncloa.com, descarta cualquier alivio de las sanciones a Rusia y Bielorrusia, los otros grandes exportadores de fertilizantes nitrogenados.

La decisión llega en un momento en que el cordon sanitaire impuesto por Washington y Tel Aviv sobre el Golfo Pérsico ha paralizado los envíos de gas natural licuado y amoniaco desde Catar, Emiratos Árabes Unidos y el propio Irán, que en conjunto representaban cerca del 40 % de las importaciones europeas de urea y nitrato amónico. Con Ormuz bloqueado, el precio del fertilizante nitrogenado ha escalado más de un 150 % desde el inicio de las hostilidades, situándose en máximos no vistos desde la crisis energética de 2022.

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El estrangulamiento del fertilizante: por qué Ormuz es la llave de la alimentación europea

El 90 % del amoniaco que emplea la industria europea de fertilizantes se obtiene a partir del gas natural mediante el proceso Haber-Bosch. Las sanciones a Moscú y Minsk, mantenidas en pie desde la invasión de Ucrania, ya habían reducido drásticamente las importaciones del este. La guerra con Irán ha terminado de estrangular la otra gran arteria: el estrecho de Ormuz, por donde transita un tercio del comercio marítimo de hidrocarburos y la práctica totalidad del amoniaco y la urea de Oriente Medio.

La consecuencia inmediata es una tormenta perfecta para el sector primario europeo, justo en el arranque de la campaña de siembra de cereales de invierno. Los fabricantes de fertilizantes compuestos han empezado a racionar las entregas, y las cooperativas agrícolas advierten de que, sin nitrógeno asequible, las cosechas de trigo, maíz y cebada sufrirán una merma de rendimiento que puede alcanzar el 25 %.

El plan de Bruselas: del gas al estiércol, una vuelta al siglo XIX

estiércol fertilizante

El plan esbozado por la Comisión reconoce de hecho la imposibilidad a corto plazo de restablecer los flujos convencionales. En lugar de mirar al Golfo o a Rusia, propone acelerar la transformación de los 1.400 millones de toneladas anuales de estiércol que genera la ganadería de la UE en abono orgánico de alto valor agronómico.

La hoja de ruta pasa por una inversión acelerada en plantas de higienización, pelletizado y enriquecimiento que permitan obtener un producto homogéneo, libre de patógenos y con una concentración de nitrógeno predecible. Los Estados miembros deberán cofinanciar estas infraestructuras con fondos de la Política Agrícola Común y del Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización.

En Moncloa.com hemos consultado con fuentes del sector que ven la medida con escepticismo. “Es una solución decimonónica”, señala un alto cargo de una cooperativa agroalimentaria española. “El estiércol siempre se ha usado, pero nunca podrá sustituir al nitrato en cultivos intensivos. Los rendimientos se van a resentir y el consumidor lo notará en el lineal”.

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El plan, además, choca con la propia legislación europea sobre nitratos, que limita las dosis de estiércol en zonas vulnerables. Bruselas se verá obligada a flexibilizar temporalmente esos techos, asumiendo un riesgo de contaminación difusa de acuíferos que hasta ahora combatía con firmeza.

La dependencia europea de los fertilizantes nitrogenados es tal que, sin Ormuz y sin Rusia, el campo se queda a merced de lo que puedan producir las vacas.

Equilibrio de Poder

La crisis de los fertilizantes exhibe una vez más la asimetría entre la potencia militar estadounidense y la vulnerabilidad económica europea. Washington ha llevado la guerra al corazón energético de Oriente Medio, y Bruselas asume el coste sin capacidad de influir en el teatro de operaciones. Mientras el Pentágono garantiza el paso seguro de los petroleros —para preservar los suministros a Asia—, los cargueros de amoniaco y urea permanecen fondeados sin escolta, fuera de las prioridades de la V Flota.

Rusia observa, paradójicamente beneficiada por la coyuntura: los altos precios globales del fertilizante aumentan sus ingresos por exportaciones al resto del mundo, aunque no a la UE. El Kremlin mantiene la oferta de reanudar los envíos a cambio de un alivio de las sanciones sectoriales, pero la Comisión Europea sigue negándose por razones políticas. El estiércol, por tanto, se convierte en el peaje que Europa paga por no levantar el teléfono a Moscú.

Para España, el impacto es doble. Por un lado, nuestra potente agricultura de regadío —que abastece de frutas y hortalizas a media Europa— necesita fertilizantes nitrogenados en dosis elevadas. Un encarecimiento persistente erosiona la competitividad frente a productores extracomunitarios y encarece la cesta de la compra. Por otro, el Magreb y el Sahel, socios y a la vez competidores en el mercado agrícola, sufren aún más la escasez de fertilizantes, lo que puede acelerar la inestabilidad social y los flujos migratorios hacia la frontera sur.

La lectura a cinco años es que la UE tratará de convertir la crisis en un acelerador de la agricultura circular. Invertirá en plantas de biometano y digestores, cerrando el círculo entre ganadería y cultivos. Pero ese proceso exige tiempo y capital, y mientras tanto la seguridad alimentaria europea dependerá de la duración de la guerra en Irán. La próxima reunión de ministros de agricultura de la UE, prevista para el 12 de junio de 2026 en Bruselas, será la primera prueba de fuego para medir el apoyo real a una estrategia que huele a boñiga y a pragmatismo desesperado.