La dirección federal del PSOE afronta la tormenta judicial más grave en décadas sin una hoja de ruta distinta a la resistencia. La imputación del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y la investigación sobre la supuesta red de obstrucción a la justicia tejida por el ex secretario de Organización Santos Cerdán a través de la figura de Leire Díez han situado al partido al borde del precipicio político. La respuesta de Ferraz es firme: no habrá dimisiones ni adelanto electoral.
El doble frente que desestabiliza al Gobierno
El miércoles por la mañana, una alerta difundida por varios medios sobre un supuesto registro de la Unidad Central Operativa (UCO) en la sede de Ferraz hizo saltar las alarmas en todas las terminales socialistas. En realidad, se trataba de un requerimiento de información, pero el susto reflejaba el estado de ánimo del partido. Horas antes, el juez José Luis Calama había imputado a José Luis Rodríguez Zapatero en una pieza sobre financiación irregular, y la investigación del caso Leire Díez apunta a que Santos Cerdán, entonces responsable de Organización, utilizó a esta enigmática mujer para presuntamente entorpecer pesquisas judiciales. Dos asuntos explosivos que mantienen al PSOE en vilo.
El PSOE vive en estos momentos un clima de persecución y de ser objeto de una operación de acoso y derribo para hacer caer al Gobierno. La dirección socialista, sin embargo, no oculta la gravedad del momento, pero destila un discurso de contención y denuncia de lo que muchos en Ferraz califican de lawfare (judicialización de la política para derribar a un adversario). «Son días muy duros, pero hay que afrontarlos con mucha cautela, analizando todos los detalles judiciales y evitando pasos en falso», sostienen fuentes de la cúpula.
Agotar la legislatura: el plan de Sánchez para resistir
El presidente del Gobierno ha dejado claro a su círculo íntimo que no tiene intención de adelantar las elecciones. La convicción que se respira en Moncloa es que la derecha mediática y política, en connivencia con ciertos sectores judiciales y económicos, pretende hacer caer al Ejecutivo antes del verano. La fecha que maneja Sánchez para las urnas sigue siendo el verano de 2027. Este domingo, clausurará el congreso de Juventudes Socialistas en su primera comparecencia pública desde que estallara la crisis, un acto que servirá para medir la temperatura de las bases.
Además, ha solicitado comparecer en el Congreso, pero lo hará después del 19 de junio, una vez celebrado el Consejo Europeo y después de que el propio Rodríguez Zapatero declare ante el juez los días 17 y 18 de junio. Ferraz insiste en que el partido no ha amparado ninguna actividad ilegal y que esperará al sumario completo —previsiblemente disponible la semana próxima— para dar explicaciones. La prudencia es máxima, porque el contenido del caso Leire Díez aún está bajo secreto de sumario. La militancia, entretanto, se moviliza con un lema que se ha vuelto viral: «El que pueda votar, que vote».
La militancia se revuelve y el partido se enroca: el que pueda votar, que vote, y el que pueda afiliarse, que lo haga.
El Eje del Poder Socialista
La tormenta judicial no solo sacude al Ejecutivo; también tensa la arquitectura territorial del partido. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, habitual voz crítica, ha vuelto a discrepar de la dirección, mientras que el alcalde de León, José Antonio Díez, ha pedido un congreso extraordinario. Sin embargo, el peso del respaldo orgánico recae en dos figuras clave: el ministro de Transportes, Óscar Puente, que denunció sin ambages «una operación para hacer caer al Gobierno por medios poco democráticos», y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que ha llamado a distinguir «lo que es una coincidencia de lo que no lo es» y a reivindicar la dignidad del socialismo.
El sentimiento de agravio gana terreno. El expresidente andaluz Rafael Escuredo lo expresaba en redes: «A pesar de lo dicho sobre Zapatero, no me conformo con aceptarlo sin más; sigo creyendo que el amigo que conocí no es el que ahora me cuentan». La imagen del exmagistrado José Folguera acudiendo a la sede de Ferraz para afiliarse en pleno revuelo ilustra el estado de ánimo de las bases. La derecha, por su parte, eleva la presión. José María Aznar repite «El que pueda hacer, que haga» y Feijóo ha llegado a afirmar: «Haré todo lo posible para cambiar el Gobierno. Y cuando digo todo, es todo». Frases que los socialistas interpretan como una invitación a forzar la caída del Ejecutivo al margen de las urnas.
No es la primera vez que el PSOE se enfrenta a una ofensiva judicial y mediática que evoca los peores años de la etapa de Felipe González. Pero la imputación de una figura del calado de Zapatero añade un componente de desgarro moral que los veteranos del partido comparan con los días mas amargos del caso GAL. La dirección confía en que el sumario no contenga pruebas de participación directa del partido y que la comparecencia de Zapatero despeje las dudas. El riesgo, no obstante, es mayúsculo: si el sumario revela connivencias que desmientan la versión oficial, la legislatura podría quedar herida de muerte.
El PSOE se la juega en los próximos quince días. La comparecencia de Zapatero y el levantamiento del secreto de sumario del caso Leire Díez determinarán si la estrategia de resistencia tiene visos de éxito o si, por el contrario, el partido se ve abocado a una crisis sin precedentes. De momento, Sánchez mantiene el pulso: no hay adelanto electoral y la consigna es resistir. La incógnita es si las bases aguantarán el tirón sin fisuras internas.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: Resistencia democrática y defensa del proyecto socialista frente a una ofensiva que pretende derribar al Gobierno sin contar con las urnas.
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Clausura del congreso de Juventudes Socialistas este domingo; comparecencia judicial de Rodríguez Zapatero el 17 y 18 de junio.
