El secreto de la tarta chajá uruguaya: el postre esponjoso con dulce de leche que triunfa en el Río de la Plata

El bizcocho crece sin levadura sólo con huevos batidos hasta triplicar su volumen, y el dulce de leche repostero aguanta el corte sin derrumbarse. Un postre uruguayo que enamora en cada cumpleaños.

Reconozco que la primera vez que vi los ingredientes de la tarta chajá fruncí el ceño: dulce de leche, nata montada, merengues y melocotón, todo en la misma mordida. Me pareció una bomba azucarada sin remedio.

Pero Uruguay sabe lo que hace. Allí este postre es un símbolo, y su nombre se lo debe al chajá, un ave de humedales con un plumaje increíblemente esponjoso. La textura de la tarta, con su bizcocho que se deshace en la boca, es justo así: una nube.

El secreto del éxito

  • Bizcocho sin impulsor: Los huevos son el único agente que eleva la masa. Hay que batirlos con el azúcar hasta que tripliquen su volumen, entre 10 y 12 minutos, y ese punto de cinta espesa lo cambia todo.
  • Dulce de leche repostero: El de untar normal quedaría líquido y la tarta se desharía. Con una cucharada de maicena y un chorrito de leche cocinados, consigues la firmeza justa.
  • El almíbar estratégico: Humedecer las capas con el jugo del melocotón en almíbar aporta jugosidad sin pasarse y el contrapunto frutal que refresca el conjunto.

Ingredientes

  • 5 melocotones en almíbar (más el almíbar de la lata)
  • 50 merenguitos secos (comprados o caseros)
  • 400 ml de dulce de leche repostero (si usas dulce de leche normal, añade 1 cucharada de maicena y 60 ml de leche para cocinarlo)
  • 4 huevos medianos
  • 120 g de azúcar
  • 120 g de harina de repostería
  • 1 cucharadita de esencia de vainilla
  • 330 ml de nata para montar (con al menos 35% de materia grasa), bien fría
  • 30 g de azúcar glas
postre uruguayo

Elaboración

Precalienta el horno a 180 °C (sin ventilador) y prepara un molde desmontable de 22 cm de diámetro, engrasado, enharinado y con la base forrada de papel de horno.

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En un bol grande, bate los 4 huevos con el azúcar y la cucharadita de vainilla. Hazlo a velocidad alta, sin prisa, durante 10-12 minutos. La mezcla debe triplicar su volumen, ponerse muy pálida y caer de las varillas formando una cinta espesa. Este paso es el único responsable de que el bizcocho suba, así que mejor pasarte que quedarte corto.

Tamiza los 120 g de harina en tres tandas sobre la mezcla de huevos. Incorpora cada tanda con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba, usando una espátula de silicona. En cuanto desaparezca la harina, detente. La masa perderá algo de volumen, pero es normal.

Vierte la masa en el molde y hornea durante 25-30 minutos. A partir de los 25, introduce un palillo en el centro: si sale limpio y los bordes se despegan ligeramente, sácalo. Deja reposar 10 minutos dentro del molde, desmolda con cuidado y enfría completamente sobre una rejilla.

Mientras el bizcocho se enfría, prepara el dulce de leche repostero si no lo tienes ya hecho. Mezcla en un cazo el dulce de leche normal, la cucharada de maicena y los 60 ml de leche. Cocina a fuego bajo, removiendo constantemente, hasta que espese y adquiera una textura más firme. Retira y deja que se temple.

El momento crítico es el batido: no te canses antes de tiempo. La masa necesita esos diez minutos largos para atrapar el aire que hará el milagro.

Escurre los melocotones y reserva el almíbar. Corta la fruta en trozos de bocado, guardando algunos gajos enteros para decorar. Monta la nata bien fría con el azúcar glas y otra cucharadita de vainilla. Busca picos firmes pero cremosos; si te pasas, la nata se corta.

Para armar la tarta, corta el bizcocho en dos capas iguales (si te atreves, en tres). Coloca la primera sobre un plato de presentación, humedécela ligeramente con el almíbar reservado y extiende una capa generosa de dulce de leche repostero. Esparce por encima unos cuantos merengues partidos con la mano, después una capa de nata montada y, por último, los trozos de melocotón.

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Coloca la segunda capa de bizcocho encima y repite la humectación con almíbar. Cubre toda la superficie y los laterales con el resto de la nata, alisando bien. No hace falta que quede perfecto, un acabado rústico le da aún más encanto. Decora con los merengues enteros y partidos, y con los gajos de melocotón que habías reservado.

Refrigera la tarta al menos 2 horas antes de servir. Durante ese tiempo, los sabores se asientan y el merengue gana una textura inolvidable, como de nube crujiente que cede al contacto con la crema.

Variaciones y maridaje

Con un café bien concentrado o un vaso de leche fría, la tarta chajá se disfruta al máximo. Si prefieres un toque adulto, una copa de moscatel dulce bien frío contrasta a la perfección con el merengue y potencia la fruta.

En la nevera, bien tapada, aguanta hasta dos días. El merengue se ablanda ligeramente, pero la crema y el bizcocho ganan integración. Sácala unos 10 minutos antes de comer para que la nata se atempere.

Versión exprés: si el tiempo escasea, puedes comprar una base de bizcocho genovés de buena calidad y centrarte en el relleno. En menos de una hora, con un buen dulce de leche repostero y una nata bien montada, consigues un postre de lucimiento.