La subasta de vinos Jerez en Christie’s que hará historia: botellas desde 1846 hasta 2026

González Byass desempolva nueve lotes centenarios, con botellas que suman más de 700 años de historia, desde un Pío IX de 1846 hasta una vertical de Finos Palmas. La puja en Christie's permanece abierta hasta el 19 de junio.

¿Imaginas abrir una botella que ya dormía en una barrica cuando no existía el telégrafo, cuando la reina Victoria era casi una adolescente? Esa experiencia única la pone sobre la mesa González Byass, que ha desempolvado sus joyas más centenarias para una subasta en Christie’s que no se veía desde hace 32 años.

La subasta que reúne 700 años de historia

Hasta el próximo 19 de junio, nueve lotes sacados de las botas más venerables del marco de Jerez esperan comprador en la puja Fine and Rare Wines & Spirits. La suma de todas sus añadas supera los 700 años, una cifra que sobrecoge: finos, palo cortados, amontillados y olorosos que llevan décadas —o siglos— esperando este momento.

El secreto del éxito

  • Antigüedad extrema: algunas botellas superan los 130 años. La rareza de añadas como 1846 o 1886 convierte cada lote en una pieza de museo embotellada.
  • Crianza sin filtros: todos los vinos proceden de la filosofía que Antonio Flores impulsó con la Sherry Revolution: nada de filtrados agresivos, nada de frío artificial, solo el velo de flor y la pureza del tiempo.
  • Legado familiar: González Byass no es solo una bodega; es la historia viva de Jerez, con un presidente, Mauricio González-Gordon, que custodia el saber de generaciones.

Ingredientes

  • González Byass Pío IX 1846: la estrella de la colección, consagrada al Papa Pío IX y con casi 180 años a cuestas.
  • González Byass Oloroso 1886: una joya decimonónica que aún conserva la estructura de las soleras originales.
  • Viña Amorosa 1911: una añada que sobrevivió a la Primera Guerra Mundial y llegó a las bodegas de González Byass como un testigo del tiempo.
  • Vertical de Fino Palmas 1978-2026: un viaje por las añadas más emblemáticas del fino en rama, con la firma inconfundible de la casa.
  • Palo Cortado 1978: la expresión más esquiva del Jerez, con la nariz de un amontillado y la boca de un oloroso, embotellada en un año clave para la bodega.

Antonio Flores, enólogo y guardián de estas criaturas, lo resume con la misma pasión con la que habla del caballo: “Beber Jerez es como montar: no puedes empezar por un pura sangre”. Y tiene razón, porque estos vinos exigen respeto, formación y, sí, cierta solvencia económica. Pero la historia que atesoran compensa cualquier esfuerzo.

Publicidad

Un fino era más caro que un Château Lafitte en el siglo XIX; hoy una botella de Tío Pepe apenas vale ocho euros. La inflación no siempre mide el valor real.

Flores recuerda cómo el Tío Pepe de 1844 —la primera crianza biológica exportada a Inglaterra— valía entonces 6,50 pesetas, más que muchos grandes tintos franceses. La culpa del desplome, explica, la tuvo “la nefasta gestión de Ruiz Mateos en los setenta, que tiró los precios y creó el Lake Sherry en Reino Unido”. Una cicatriz que aún escuece en el Marco de Jerez.

Pero esta subasta no es un acto de nostalgia, sino un gesto de orgullo. “Jerez siempre ha sido vanguardia”, insiste el enólogo. “Nosotros pusimos en valor la complejidad, el terruño, las variedades en recuperación… cuando nadie hablaba de eso”. Y los lotes que viajan a Londres lo demuestran: cada botella es un argumento líquido contra quienes despachan el Jerez como un vino del pasado.

Variaciones y maridaje

Si la subasta despierta tu curiosidad pero no tienes 180 años de presupuesto, los expertos aconsejan empezar por un fino en rama bien frío, con aceitunas o jamón. Para los que sí pujen, el maridaje ideal de estas botellas centenarias es casi monacal: un palo cortado con frutos secos, un oloroso con un queso curado de oveja… y, sobre todo, la compañía de quien entienda que al abrir una de estas joyas no se bebe vino, se bebe tiempo.