La IEA declara la eficiencia energética como ‘primer combustible’ y lanza el Marco de Montreal para duplicar la mejora en 2030

La Agencia Internacional de la Energía califica la eficiencia como el recurso más rápido para mejorar la seguridad energética. El Marco de Colaboración de Montreal busca movilizar inversión coordinada para alcanzar el objetivo de duplicar la tasa de mejora anual para 2030.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA) ha consagrado la eficiencia energética como el “primer combustible” del mundo y ha lanzado el Marco de Colaboración de Montreal, una hoja de ruta para coordinar gobiernos, inversores e industria y duplicar la tasa anual de mejora de la eficiencia en 2030. La decisión, tomada durante la 11.ª Conferencia Global de Eficiencia Energética celebrada en Montreal a principios de julio, marca un punto de inflexión en la geopolítica de la energía: la herramienta más rápida, barata y limpia para reducir emisiones y fortalecer la seguridad de suministro deja de ser un apéndice de la política climática para convertirse en su cimiento.

El ‘primer combustible’ que los países necesitan redescubrir

El director ejecutivo de la IEA, Fatih Birol, abrió la conferencia con una advertencia contundente: en medio siglo, el sistema energético global solo ha sufrido tres grandes disrupciones —las crisis del petróleo de 1973 y 1979 y el colapso de las cadenas de suministro tras la invasión de Ucrania—, y las crecientes tensiones geopolíticas en rutas como el estrecho de Ormuz vuelven a hacer vulnerable el modelo actual. En ese contexto, calificar la eficiencia energética como “el primer combustible” no es solo un eslogan: supone aceptar que cada kilovatio ahorrado es un recurso autóctono, libre de emisiones y que no depende de ningún proveedor exterior.

Los más de 600 ministros, directivos y representantes financieros reunidos en Montreal asumieron así el mandato de traducir un compromiso global difuso en acciones concretas. La meta, recordaron, es doblar el ritmo de mejora de la intensidad energética antes del final de esta década, un objetivo alineado con la senda de emisiones netas cero que la propia IEA dibujó en su hoja de ruta de 2021.

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Cómo el Marco de Montreal intenta romper la fragmentación que frena la inversión

Uno de los principales frenos que los asistentes identificaron es la toma de decisiones fragmentada. Muchas empresas ejecutan mejoras puntuales —cambiar un motor, reemplazar una caldera— que, aisladas, ofrecen ahorros modestos y no logran atraer capital institucional. Para superar ese muro, el Marco de Colaboración de Montreal apuesta por agrupar varios proyectos de eficiencia —electricidad, recuperación de calor, sistemas de refrigeración y monitorización digital— en paquetes de inversión capaces de generar retornos financieros robustos.

Las mesas redondas de CEO evidenciaron un consenso creciente: sin paquetización y sin una visión del coste total de propiedad, la eficiencia seguirá siendo una promesa infravalorada. Representantes de Deutsche Bank instaron a abandonar la obsesión por el gasto de capital inicial y a ponderar décadas de facturas eléctricas más bajas, menor mantenimiento y riesgos operativos reducidos. Esta nueva mirada financiera, defendieron, convierte muchas inversiones en eficiencia en proyectos con una rentabilidad muy superior a la que muestra el análisis tradicional.

Paralelamente, los gigantes tecnológicos Schneider Electric y Danfoss alertaron sobre la escasez de datos precisos. “Sin información granular de consumo, las empresas disparan a ciegas”, afirmaron. La inteligencia artificial, la analítica predictiva y los sistemas de monitorización digital se presentaron como las palancas imprescindibles para afinar la puntería y maximizar el ahorro.

Montreal Collaboration Framework

Agrupar varios proyectos de eficiencia en un solo vehículo financiero triplica la capacidad de atraer inversión institucional, según el consenso alcanzado en las mesas de CEO.

Más allá de la tecnología: el factor social y el papel de la banca

La conferencia no eludió que la transición energética, sin un anclaje social, corre el riesgo de dejar atrás a las comunidades más vulnerables. Yasmin Abraham, del Kambo Energy Group, puso el foco en las familias de renta baja, que soportan los costes energéticos más altos pero carecen de recursos para realizar reformas de eficiencia. “Las comunidades conocen el desafío, están más cerca de él pero más lejos de los recursos”, subrayó.

Canadá aprovechó la cita para anunciar una ampliación de su Canada Greener Homes Affordability Program, que financiará reformas de eficiencia en unos 35.000 hogares de rentas bajas y medias sin exigir desembolso inicial a las familias. La iniciativa se exhibió como el ejemplo de cómo la política pública puede a la vez recortar emisiones, mejorar el confort residencial y aliviar la pobreza energética.

El crecimiento exponencial de los centros de datos, impulsado por la expansión de la inteligencia artificial, también se coló en el debate. En lugar de verlo únicamente como un sumidero de electricidad, los ponentes defendieron que la propia innovación tecnológica puede resolver parte del problema: los sistemas de refrigeración líquida y evaporativa presentados prometen reducir drásticamente el consumo eléctrico de estas instalaciones.

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Sin embargo, los participantes reconocieron que el reto sigue siendo formidable. La demanda energética mundial avanza empujada por la electrificación y la digitalización, y cumplir los objetivos climáticos sin renunciar a un suministro asequible y fiable exigirá una coordinación sin precedentes.

La eficiencia como cimiento de la seguridad energética: ¿llegará la coordinación a la velocidad necesaria?

El precedente es conocido: la última hoja de ruta Net Zero de la IEA ya situaba la eficiencia como responsable del 15 % de las reducciones de emisiones necesarias para 2030. Ocho años antes de cumplirse ese horizonte, la realidad es que la tasa de mejora apenas ha rozado el 1,3 % anual, muy por debajo del 4 % necesario. El Plan de Montreal no nace, por tanto, en el vacío: es la respuesta a una brecha de ejecución que la propia agencia energética lleva años señalando.

Que la eficiencia energética sea hoy protagonista de una cumbre de primer nivel no es un detalle menor: en las crisis del petróleo de los setenta, la respuesta fue una oleada de reglamentación que, en una década, logró reducir la intensidad energética de las economías desarrolladas más que en ningún otro período. Este antecedente histórico invita a una dosis de optimismo pragmático. Las soluciones técnicas existen; lo que falla, una y otra vez, es la capacidad de alinear los intereses de gobiernos, bancos e industria para desplegarlas a la escala y la velocidad que el momento exige.

La pregunta que flota tras el aplauso de Montreal es si el nuevo marco logrará romper la inercia que ha mantenido a la eficiencia como la eterna promesa de bajo coste y alto retorno que nunca se materializa del todo. La respuesta, como casi siempre en la transición energética, no estará en los comunicados sino en las hojas de balance de los próximos tres años.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Duplicar la tasa de mejora de la eficiencia energética hasta el 4 % anual permitiría ahorrar alrededor de 95 exajulios de energía en 2030, el equivalente a la demanda combinada de China e India, según los cálculos de la IEA.
  • Modelo que cambia: La paquetización de proyectos y la financiación basada en el coste total de propiedad sustituyen el enfoque de mejora aislada por una estrategia de inversión que convierte la eficiencia en un activo rentable para el capital institucional.
  • Para las próximas generaciones: Cada dólar invertido en eficiencia reduce la dependencia de combustibles fósiles y la volatilidad de los precios, construyendo un sistema energético más estable, limpio y asequible para los ciudadanos que heredarán la economía de mediados de siglo.