Putin y Modi escenifican desde este sábado en Nueva Delhi la consolidación del eje ruso-indio en la cumbre de los BRICS. El foro de economías emergentes celebra su vigésimo aniversario con una cita que mide la capacidad real del Sur Global para esquivar la agenda de Washington, Bruselas y el G7.
La cumbre BRICS 2026 se celebra en el Bharat Mandapam, el centro de convenciones que acogió la presidencia india del G20 en 2023. Es la cuarta vez que India preside el grupo, tras 2012, 2016 y 2021, y la primera desde la ampliación que ha llevado al bloque a sumar once miembros de pleno derecho.
El club original de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica ha integrado a Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos e Indonesia. Las cifras que maneja Nueva Delhi explican el peso de la convocatoria: en conjunto representan cerca de la mitad de la población mundial, el 40% del PIB global y el 26% del comercio internacional. Para más contexto, puede consultarse la entrada de los BRICS en Wikipedia.
El Kremlin confirmó la asistencia de Vladímir Putin, que mantendrá un encuentro bilateral con Modi al margen de la cumbre. China enviará a Xi Jinping con una delegación que, según algunos informes, puede rozar las 400 personas. También han confirmado su presencia Cyril Ramaphosa, Masoud Pezeshkian y Prabowo Subianto. Lula da Silva no viajará y estará representado por un alto cargo brasileño; Bangladés, invitado por Nueva Delhi, ha declinado enviar representante.
La presidencia india ha articulado la agenda en cuatro ejes: resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad, bajo el lema ‘Humanity First’. Eso traducido a la letra pequeña incluye seguridad alimentaria y energética, cadenas de suministro, inteligencia artificial, reforma de los organismos internacionales y acción climática. El documento indio evita mencionar abiertamente la desdolarización, pero la cuestión monetaria planea sobre la mayoría de las sesiones bilaterales.
La ampliación del BRICS no es un cambio de siglas, es un mapa de poder que ya no pide permiso al G7.
El programa de este fin de semana separa con claridad los dos niveles de poder: el sábado, los once miembros de pleno derecho se encierran en una sesión sobre gobernanza global y multilateralismo; el domingo, la mesa se amplía a países socios e invitados externos. La cumbre concluirá con la adopción de la Declaración de Nueva Delhi, el documento que pondrá por escrito las prioridades acordadas.
Defensa, energía y desdolarización: la agenda bilateral que importa
La cita de Putin y Modi no es protocolo. Los dos gobiernos llevan meses negociando un paquete que toca defensa, energía, comercio y espacio, los cuatro sectores donde Moscú intenta sostener su red de alianzas fuera de Europa. Para India, el encaje es más complejo: Nueva Delhi mantiene acuerdos con Estados Unidos, el grupo Quad y Francia, y al mismo tiempo compra crudo ruso con descuento y conserva la mayor relación de defensa con Moscú de Asia meridional. La mayoría de los analistas coincide en que Modi no quiere elegir, sino cotizar al alza su posicionamiento.
India no es un socio menor para Rusia. Tras el cerco comercial impuesto por la UE y el G7, el mercado indio se ha convertido en uno de los principales absorbentes de crudo y carbón rusos, y en un canal para esquivar, al menos parcialmente, la exclusión financiera occidental. La visita de Putin a Nueva Delhi, en plena presión sobre la OTAN y con el frente ucraniano consumiendo recursos, tiene una lectura defensiva: los BRICS ampliados son el contrapeso institucional que Moscú necesita para no quedar reducido a la alianza con Pekín.
La partida de ajedrez que se juega en Nueva Delhi

La presencia de Xi Jinping introduce una segunda capa de tensión. Pekín quiere usar la cumbre para reafirmar su liderazgo del Sur Global, pero la relación con India pasa por el peor momento en años por la disputa fronteriza del Himalaya. La diplomacia china ya ha bendecido la presidencia india con un calculado ‘gran valor al BRICS’, la fórmula es suya. No es complicidad, es táctica.
Washington observa la fotografía de Bharat Mandapam con la incomodidad de quien teme perder a India como pieza central de su estrategia indo-pacífica. La administración estadounidense ha tolerado hasta ahora la compra india de petróleo ruso, pero la reiteración del vínculo militar con Moscú puede cambiar el cálculo. La Casa Blanca y Bruselas no han emitido una condena previa; el comunicado del encuentro será la prueba de hasta dónde está dispuesto a llegar el órdago indio.
Equilibrio de Poder
La cumbre de Nueva Delhi reformula, en la práctica, la geometría de bloques. Rusia busca en los BRICS una retaguardia financiera y diplomática que ni la OTAN ni la UE controlan. India, la pieza más cortejada, convierte la presidencia en una demostración de autonomía estratégica ante Washington y ante Pekín. Para la UE, el mensaje es incómodo: el Sur Global no espera a Europa cuando discute el futuro de los pagos, la energía o la gobernanza tecnológica.
Para España, el impacto no es directo en el plano militar, pero sí en el energético y en el de la seguridad periférica. La aproximación de los BRICS a los productores del Golfo, Argelia o Egipto puede condicionar los precios del gas y del crudo que llegan a la península. El aumento del peso diplomático de Rabat y la inestabilidad del Sahel se observan desde Moncloa con la misma lente: si el multilateralismo occidental pierde densidad, los socios regionales miran hacia otras mesas.
La base de Rota concentra el mayor despliegue antimisiles permanente de Estados Unidos en Europa. No cambiará de misión por esta cumbre, pero el equilibrio transatlántico se tensa cuando India, Brasil o Arabia Saudí destinan más centralidad a la moneda local que al paraguas de seguridad estadounidense.
El precedente que sirve de guía es el movimiento de los países no alineados en la Guerra Fría, pero con un matiz económico más profundo: hoy el descontento con el orden financiero tras la exclusión de Rusia del sistema SWIFT se ha convertido en motor de institucionalización. La próxima ventana crítica para medir la deriva será el comunicado del New Delhi Declaration, previsto para el domingo al cierre de la cumbre. Si incluye compromisos sobre monedas locales, pagos alternativos o reforma del FMI, el mapa de poder saldrá más fragmentado que antes.
