El Grupo Mediapro pasará a llamarse Imagina a partir del 1 de enero de 2027. La decisión, comunicada el miércoles a la plantilla, busca separar la nueva etapa de la herencia reputacional de Jaume Roures y Tatxo Benet.
Según ha adelantado Crónica Global, los nuevos gestores consideran que la marca Mediapro arrastra un pasivo reputacional sin precedentes en el audiovisual europeo. Ese lastre dificulta el regreso a mercados como Italia o Francia y mantiene la sombra del Fifagate sobre las operaciones en Estados Unidos.
El Fifagate, el escándalo de corrupción vinculado a la FIFA, marcó un antes y un después en el negocio audiovisual deportivo. Que la dirección mencione su sombra sobre Estados Unidos indica que el problema reputacional sigue vivo en operaciones presentes, no solo en el pasado.
La dirección comunicó la decisión el miércoles a los empleados dentro de una reorganización más amplia. El objetivo es que las cuatro áreas de negocio crezcan tanto en número de proyectos como en países.
El plan pasa por volver a crecer a cierre de 2026, con un aumento de entre el 50% y el 60% del resultado bruto de explotación (Ebitda) respecto a 2025, cuando se situó en torno a los 90 millones de euros.
La compañía también prevé haber generado un flujo de caja positivo a cierre del ejercicio y, en los próximos tres años, un total de más de 100 millones de euros de flujo libre de caja. Ese capital, según el plan, se reinvertirá en el negocio y en la financiación de nuevos proyectos.
El nombre se puede cambiar en un contrato; el pasivo reputacional se queda en los despachos de los compradores.
Por qué Mediapro quiere dejar de llamarse Mediapro
El rebranding no busca únicamente un logotipo nuevo. La compañía espera recuperar capacidad comercial en plazas donde la marca quedó marcada por episodios judiciales e investigaciones internacionales. Su evolución puede seguirse en la entrada de Mediapro en Wikipedia.
La mención de Italia y Francia no es menor: son dos mercados donde la empresa quiere recuperar presencia. La referencia al Fifagate, en cambio, confirma que la rotura reputacional no es simbólica.
Hablar de un pasivo reputacional sin precedentes da una idea del problema. No se trata de una crisis puntual, sino de una etiqueta que condiciona la relación con clientes, socios y administraciones de varios países.
Mediapro ha sido durante años un referente del audiovisual barcelonés. Su actividad abarca desde la producción de contenidos hasta la gestión de derechos deportivos, un terreno donde el escrutinio judicial es especialmente sensible.
El plan de negocio: más Ebitda, caja positiva y nuevos mercados
Los números fijan un horizonte a corto plazo. El grupo espera cerrar 2026 con un incremento del Ebitda de entre el 50% y el 60% frente a 2025, un año en el que el beneficio bruto rondó los 90 millones de euros.
La generación de flujo de caja positiva a cierre del ejercicio, y el objetivo de superar los 100 millones de euros de flujo libre en tres años completan la hoja de ruta. La intención de reinvertir ese capital en nuevos proyectos es la clave: no se trata de un ajuste, sino de una expansión.
El detalle de las cuatro áreas de negocio no se ha desglosado en público, pero el mensaje interno insiste en que todas deben crecer en proyectos y en países. El desafío es doble: recuperar mercados y sostener el crecimiento orgánico.
Entre el anuncio de septiembre y el 1 de enero de 2027 quedan menos de cuatro meses. Un plazo corto para renovar registros, contratos y marcas en los países donde el grupo opera.
El nombre cambia, pero la sombra de Roures y Benet permanece
En Cataluña, el cambio de marca en empresas audiovisuales y editoriales ha servido en otras crisis para marcar una línea de salida. La diferencia es que Imagina no nace desde cero: hereda la estructura, los equipos y los contratos de Mediapro.
Nuestra lectura es que el anuncio tiene más de estrategia financiera que de cosmética. Si la dirección cumple el objetivo de Ebitda, la nueva marca quedará asociada a un ciclo de crecimiento. Si no lo cumple, Imagina empezará su historia con la misma duda que se quiere dejar atrás. Solo la evolución de la caja y la reacción de los clientes dirán si el cambio de marca llegó a tiempo.
La etiqueta de ‘herencia tóxica’ atribuida a Roures y Benet no es un asunto menor. Sitúa a los dos fundadores como el origen del pasivo que hoy frena la internacionalización de un grupo que aspira a volver a crecer. No es solo un cambio estético; es una declaración de intenciones.
Jaume Roures y Tatxo Benet representaron durante años la identidad pública de Mediapro. Esa identificación, que antes era un activo, se percibe ahora como un freno para la expansión.
El 1 de enero de 2027 será la primera gran prueba. A partir de esa fecha, el mercado comprobará si un cambio de nombre puede hacer olvidar el historial que la propia dirección considera tóxico.
