El CIS de junio de 2026 llega envuelto en expectación y con un dato de partida que sacude al PSOE: el partido pierde casi un millón de votos respecto a las generales de 2023. Pero, como suele ocurrir en política, las lecturas apresuradas esconden matices estratégicos. El barómetro no es una foto fija de un descalabro, sino un diagnóstico sobre la desmovilización de la izquierda y el coste de la imputación del expresidente Zapatero, que ha dejado más abstención que trasvase directo a la derecha.
La verdadera partida no se juega en la transferencia de voto al PP o a Vox, sino en la abstención de 1,1 millones de votantes de izquierda.
El sondeo, elaborado tras la imputación del expresidente, sitúa al PP en primera posición con el 31,2% de los votos y 134 escaños (tres menos que en 2023), seguido del PSOE con el 27,8% y 113 asientos. La derecha conjunta —PP y Vox— roza los 193 escaños, diecisiete por encima de la mayoría absoluta. Y Vox, con un 16,9% y 59 diputados, detiene la sangría que arrastraba desde las generales y se estabiliza.
¿Qué dice el CIS? Intención de voto, transferencias y la factura de la abstención
Los números fríos obligan a un análisis pausado. El PSOE obtendría hoy 6.784.000 votos, perdiendo cerca de un millón de apoyos desde julio de 2023. Sin embargo, la transferencia directa al PP y Vox apenas se mueve unos puntos: en torno al 8% de los votantes socialistas daría el salto a la derecha, es decir, unos 700.000 electores. La hemorragia está, sobre todo, en la abstención: 1.100.000 papeletas que se pierden para la izquierda, entre desmovilización del electorado propio, voto blanco y fuga a marcas minoritarias. Esa es la brecha que Ferraz debe suturar si quiere aspirar a recuperar la centralidad.
La izquierda fragmentada agudiza el problema. Sumar y Podemos suman apenas 2,1 millones de votos y diez escaños en total, frente a los 31 que lograron juntos en 2023. La ley D’Hondt castiga con dureza la división: perder un 28% de los votos supone esfumar un 68% de los escaños. Una lección de aritmética parlamentaria que, en privado, reconocen incluso los más reticentes.
El dato de la participación añade complejidad. Pese al descenso generalizado de apoyos (todos los partidos, salvo Vox, pierden papeletas), la participación proyectada sube del 66,6% al 69,2%. Es la movilización de la derecha —sobre todo entre los votantes de Vox— la que empuja la cifra hacia arriba, mientras el electorado progresista se queda en casa. Una señal de alerta que en Moncloa leen como una llamada urgente a reconectar con el electorado de centroizquierda.
Zapatero, desmovilización y el voto prestado: la izquierda que se queda en casa
El contexto no es menor: la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha actuado como catalizador, pero los expertos señalan que llevaba meses gestándose una desafección de fondo. El CIS lo confirma: entre los principales problemas, la vivienda (42% de menciones) y la desconfianza hacia la clase política (un agregado del 47% si sumamos gobierno, partidos, políticos y corrupción) encabezan las preocupaciones. Entre los votantes del PSOE y Sumar, la vivienda es el primer desvelo; entre los del PP y Vox, la inmigración.
Esa fractura temática ofrece una ventana de oportunidad para el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso. Si el Gobierno con marca socialista consigue asociar su acción a un paquete contundente de medidas sobre alquiler asequible y suelo público, podría recuperar parte del voto desmovilizado. No es un reto menor: la pérdida de 1,1 millones de votantes de izquierda, muchos de ellos aún “persuadibles”, según fuentes de Ferraz, exige un esfuerzo de comunicación y gestión que trascienda el ciclo de noticias judiciales.
Además, el CIS introduce por primera vez una pregunta sobre expectativas de voto en unas hipotéticas autonómicas. Ahí se agranda la brecha: mientras el PP retiene al 78% de sus fieles antes de repartir indecisos, el PSOE apenas conserva al 56% de los suyos. Un dato que los barones territoriales miran con preocupación, especialmente en comunidades como Castilla-La Mancha o Asturias, donde el PP podría mejorar posiciones en las urnas si la desmovilización persiste.
El Eje del Poder Socialista
La lectura que se impone en Ferraz es clara: la imputación de Zapatero ha acelerado un problema de fondo, pero no ha provocado una fuga masiva hacia el PP y Vox. La desmovilización de 1,1 millones de votantes de izquierda es el verdadero campo de batalla. Fuentes de la dirección federal consultadas por Moncloa.com reconocen que la estrategia pasa ahora por reconstruir los puentes con un electorado cansado, que percibe a la política como ajena a sus problemas reales. Y la vivienda es la llave.
El presidente Sánchez, en reuniones internas, habría subrayado que el mensaje no puede ser solo defensivo: hay que pasar a la ofensiva legislativa y comunicativa, con iniciativas que aterricen antes del próximo ciclo electoral. La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, coordina los equipos ministeriales para que el próximo Consejo de Ministros incluya un decreto-ley con medidas de choque en alquileres tensionados. Será una prueba de fuego con los socios de Sumar y, sobre todo, con los partidos independentistas y nacionalistas que sostienen la mayoría.
A nivel territorial, el CIS supone un aviso para los presidentes autonómicos del PSOE. Adrián Barbón (Asturias), María Chivite (Navarra) o Salvador Illa (Cataluña) necesitan movilizar a un electorado que hoy aparece apático. En Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page —voz habitual de la sensibilidad más moderada— ha comentado en privado que el partido debe “centrarse en lo que importa” y evitar que las batallas internas resten energía. Ferraz, por su parte, confía en que la cita de las generales está aún lejos y que hay margen para revertir la tendencia, siempre que los aliados parlamentarios no bloqueen las grandes medidas.
Históricamente, el PSOE ha sabido recomponerse tras momentos bajos. En 2016, con solo 85 diputados, la posterior remontada de Sánchez demostró que un liderazgo reforzado y un discurso centrado en las políticas sociales podían dar la vuelta a las encuestas. Aquella experiencia resuena ahora en los pasillos del Congreso: la clave está en romper la apatía con un relato que aborde la vivienda, la igualdad y la dignidad laboral, y que marque distancia con los recortes que se asocian a la derecha.
De momento, la derecha celebra los números, pero también los observa con cautela: la dependencia de Feijóo respecto a Abascal es total, y cualquier tropiezo de Vox podría pasarle factura. En el bloque de la izquierda, en cambio, el reto es hacer que los indecisos vuelvan a creer. Y para eso, como ha ocurrido otras veces, los próximos meses serán decisivos.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: “Recuperar la confianza del electorado progresista pasa por políticas concretas de vivienda y por una gestión limpia y alejada del ruido político.”
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Próximo Consejo de Ministros, previsto para la última semana de junio, con un decreto-ley de vivienda como principal baza legislativa.

